metropolis

 

Modos de Produccin y sus ideologas superadoras

1. Descomposicin capitalista, necesidad de revolucin: creadoras de una conciencia de necesidad adaptativa

Vivimos en un pas firmado para el desguace y el cementerio productivo a la orden dictada por el Proyecto imperialista de concentracin de capitales hacia los vrtices nacionales dominantes en su propia Cadena[1]. En un pas tal, y a partir de dicho dato Poltico englobante[2], el correlato al nivel de la estructura econmica resulta ser, nada menos, que el hecho siguiente:

El Capital interno (subalterno) opera cada vez ms divorciado de incorporar en su propio seno a la Fuerza de Trabajo, ni en el plano laboral ni en el plano funcional relativo a reproducir las condiciones capitalistas de habilitacin (o de existencia) para esa precisa Fuerza de Trabajo[3].

Ello es debido, en ltima instancia, a que tal funcin capitalista normal no entra en los planes del Capital externo (hegemnico), de cuya financiacin, integracin inversionista y permisividad poltica es dependiente[4] aquella clase (la oligarqua financiera y monopolista nacional) que rige, regula y ordena en una racionalidad instrumental para s al polo interno en su conjunto, debiendo ser entendido, ese polo, como Totalidad[5].

En dicho contexto, se cumple aquella primera condicin permisiva revolucionaria que Lenin mencionara: Las clases dominantes no pueden seguir gobernando como antes. Por qu?. Porque, por imperativo exterior imperialista exigiendo un colosal tributo de plusvalas hacia s, los principales detentadores internos del Estado espaol renuncian a seguir intentando mantener en equilibrio el castillo de naipes y pasan al ejercicio de romperlo por su estrato medio y medio-alto. Hecho ste que, al talar directamente la estructura laboral por su polo dominante, al tiempo que la merma indirectamente al ser atacada la aristocracia obrera, es decir, el sujeto de consumopredilecto como base sociolgica necesaria para el mercado y por tanto para la economa de empresa, es un hecho que a fortiori quiebra la conexin obrero-estructura social capitalista (obrero en tanto que Capital Variable), que ya haba venido siendo impactada y puestas las sucesivas generaciones obreras paulatinamente al filo, tanto como quiebra tambin la conexin Pueblo-estructura social capitalista[6].

O sea: al ser crecientemente desalojados el proletariado, parte de las clases populares e incluso el grueso de los residuos de burguesa media, respecto de la estructura productiva y social-reproductiva en tanto que clases para el Capital, resulta que sustentar y estabilizar la inclusin social sera factible solamente con una revolucin que aniquilara el Estado del imperialismo mientras hubiera ido desarrollando un Nuevo Poder poltico. Poder liberador de toda la materialidad secuestrada al tiempo que capaz de consumar toda una virtualidad de factores productivos potenciales pero irremediablemente alienados (negada su propia produccin) por el actual Poder. nicamente de la mano de la revolucin tendran salida social millones de sujetos que, cosificados en sus actuales clases respectivas de pertenencia, tendencialmente van desapareciendo de cuanto no sea la estrechez de reproducir un da ms su supervivencia ms lata, sus deudas, su esclavitud, su dependencia, su adelgazamiento, su mal-nutricin, su aislamiento y su limbo de a-funcionalidad.

Sin embargo -y aqu viene lo paradjico del caso-, ocurre que, precisamente por efecto de esos mecanismos capitalistas excluyentes respecto de la conjuncin poli-clasista en un artefacto complejo-ideal para el Capital[7], la necesidad subjetiva tiende a ir en la direccin inversa a la necesidad objetiva revolucionaria; de manera que, cuanto ms descompuesto el suelo social al que se engarza la clase de pertenencia, tanto ms los sujetos de clase elevan la adaptacin[8] a la categora de primera necesidad[9].

La regla procesual es, pues, la que sigue:

A mayor grado de resquebrajamiento de la estructura de clases entendida como un sistema jerrquico, ms se desarrolla cuantitativa y cualitativamente el proceso de alienacin social irresoluble al interior de la misma Totalidad en Fallo, siendo mayor, paralelamente, el desarrollo subjetivo de la necesidad de encajar como propsito de superacin personal, familiar, vecinal, ciudadana (boom de movimientos y de mareas reivindicativas para la reconstitucin de condiciones y de oportunidades sociales en disolucin)…, respecto de la amenaza o de la deriva de desintegracin.

Somos as testigos de que, volvindose la tragedia social[10] cada vez ms afectante a escala masiva, de ms hondo calado, y ms cuadrada en su propia irreversibilidad por la directriz Poltica que la define, el concepto clasista o popular de la misma resulta no comportarse como reflejo. Resulta comportarse, en cambio, como el reverso -inversin en la conciencia- dentro de cuya esfera de pensamiento y de propsitos a la actuacin, la auto-disolucin subjetiva como pieza electa y premiada es el autntico sumo Horizonte. El concepto de superacin de es suplantado, en el mbito de las disposiciones sociales generales, por el concepto de auto-superacin en[11].

Dicha suplantacin de un concepto por otro pertenece a lo fenomnico natural-social. Es decir, pertenece al campo de las determinaciones dimanadas de ese discurrir objetivo autonomizado que es la estructura substancial del Modo de Produccin mientras el proletariado no ha sido producido todava como actividad prctico-crtica (Tesis sobre Feuerbach). Puesto que, obviamente, el concepto de superacin de no se fragua ni va a fraguarse en el fuero interno de ningn supuesto espritu hegeliano en su camino autnomo hacia la universalidad[12]. Sino que el concepto requiere, para mostrarse, de una materialidad consciente y organizada que introduzca en la perspectiva del objeto (hacindolo, as, sujeto histrico) un destino social o un Horizonte fuera del marco dimensional de su empiria y por tanto de lo pensable-inmediato. De lo contrario, continuaremos sobreviviendo bajo esta inversin -bajo esta irrealidad-, pues, cuanto ms necesario es en s lo posible, menos entra por s en las masas como necesario. E, inversamente, lo imposible (la conciliacin del sujeto social con sus necesidades social-capitalistas), deviene cada vez ms solidificado a la orden del da en la agenda social (ocupando la centralidad del imaginario y del leit-motiv).

 

2. El Homo economicus y sus apriorismos de finalidad

En esto que podemos llamar la paradoja de lo Imposible social-capitalista triunfando como falsa conciencia de lo necesario, vemos juntarse al hambre con las ganas de comer. Puesto que la inercia subjetiva de acoplarse al campo social de recursos restringidos en su rodar hacia la auto-desintegracin[13], es un movimiento-reflejo de esa constitucin antropolgica general hija de las Relaciones de Produccin capitalistas: el Homo Economicus. Y ello ms all de cmo acta el elemento particular de descomposicin del espectro relacional-social en Espaa desde el ngulo de cortocircuitar un tipismo-ideal capitalista tanto productivo como reproductivo; proceso que, en relacin a la realidad concreta que nos ocupa, ciertamente involucra a fortiori a competir para ganarse cabida en una selecta salvacin[14].

Siendo cierto que el Homo Economicus no dimana su actuacin del arrojo ni del Principio, sino que obra para la consecucin de un ptimo de resultados a cierto riesgo de auto-inversin calibrado, al menos hay que agradecerle a esta precisa alienacin histrica del ser genrico, el librar a los proletarios, cada vez ms, de caer en los barrosos berenjenales que suponen las movidas presuntamente pragmticas de tipo laboralista. Ya que, puestos a encarrilarse a la obtencin de fines misrrimos de plantilla empresarial a un riesgo brutal de ser excluido, de sufrir represin, de ser dejado fuera de juego por los expedientes que transitan al INEM y luego a empresas cualesquiera…, entonces el clculo del coste/oportunidad es sencillo:

Lo ms pragmtico para estos miserables casos es, al fin y al cabo, ser relativamente miserable y obtener as cierto rdito de equilibrio, en lugar de perseguir miseria de objetivos y quedar encima en la miseria de la cuneta. Todo mientras los sindicatos se dedican a co-definir condiciones jurdicas en el Derecho de empresa de validez particular para las franjas salariales cuyo estatuto diferencial aseguran las Centrales. O bien para su universo de validez conformado por el gran monopolio empresarial regularizado bajo la matriz del neo-corporativismo estatal.

Esto es lo nico alentador del proletario enrejado en esa reificacin que el Homo Economicus representa: que es un ser ducho en el manejo de aquello que la Escuela de Frankfurt hubo llamado despectivamente la razn pragmtica. Que, por eso mismo, es un ser ya a muchas leguas de dejarse emborrachar o de meterse l en las camisas de once varas que teje para su consciencia el viejo economismo trade-unionista o dizque comunista; en luchas que le son presentadas por realistas, remitidas a lo posible, y que no le reportan ms que, como poco, ser fichado, en no pocos casos por los sindicatos sin ir ms lejos.

As vacunado contra el realismo obrerista, el proletariado -y ms ampliamente el Pueblo- se ve tambin insensibilizado a priori en relacin a abrazar la teora en el sentido marxista de la premisa[15]. Esta reactividad no deja de deberse de nuevo a su propia cosificacin de ser social-particular como Homo Economicus. Dicha ltima forma-sujeto es el reflejo utilitarista de la formacin social capitalista, donde ha culminado ya por completo el recorrido histrico hecho por la substancia genrica humana (la produccin consciente en tanto que don, o gasto de socialidad) hacia su enajenacin como trabajo instrumental (abstracto) servil a un producto; materializacin alienada en su desdoblamiento como valor de uso/valor de cambio, y que ha dejado de ser efecto, objetivacin humana o resultado conseguido, para elevarse, por contra, a la categora de finalidad superior a la actividad en s. As, las relaciones sociales en su multiplicidad fueron encarnando y duplicando aquella teleologizacin de la prctica productiva, y fueron uniformizando un sentido objetivo que las situaba en calidad de medios dispuestos hacia la obtencin de resultados.

Tal alienacin concreta del ser genrico y de su actividad hace especialmente complicado hablarle al Pueblo de un Horizonte revolucionario. Ya que, por definicin, el resultado a alcanzar aparece de un modo inextricable como un apriori en la mente del sujeto utilitarista, quien barrunta el para qu, la finalidad, de su prctica (alfa y omega de su delinear actividad social); pero, justamente, refirindonos a la consumacin social del proceso revolucionario estamos hablando de una dimensin histrica cuya composicin es inescrutable para cualquiera que sea la representacin/objetivo apriorstica constituida desde la empiria y sus retales prcticos.

De esto se sigue que, si queremos producir el sujeto revolucionario en el proletariado (y es ello una necesidad, condicin permisiva de la revolucin), deberemos elevarlo a ste hasta el nivel terico de abstraccin; ardua tarea justamente porque el lquido amnitico del Homo Economicus es el practicismo (luego se trata de un ser refractario de entrada). Y, por si fuera poco, desde se su practicismo el sujeto carece de todas las categoras que conjugar para poder auto-negarse en la consciencia y auto-concebirse, dialcticamente, como negacin de la negacin que l encarna. Lo que es decir, en tanto que prefiguracin pensada siquiera esbozada e incompleta de ese hombre nuevo cuya brutal puesta en contraste volviera, en palabras de Marx, la vergenza an ms vergonzosa, haciendo as saltar la chispa de la alteridad pensada y del Mundo que ganar, sin cuya materialidad no puede alumbrarse esa alteridad.

La tarea inmediata futura del comunismo una vez generado como Fuerza Productiva ideolgica reconstituida, habr de centrarse, en definitiva, en generar clase para s entre la masas, actuando planificadamente por desencajarlas de su reificacin en Homo Economicus; proceso que debe partir de postular un Horizonte de posibilidad y de necesidad enraizado en otra vida.

Nada ms lejano a la lnea de trabajo profesada por el economismo, consagrada a apelar constantemente a esa razn adaptativa que ya es por s misma uno de los grandes ejes que vertebran a la cosificacin como Homo Economicus. La idealizacin economista de la lucha obrera (de las luchas laboralistas) en tanto que supuesto punto de partida abocado a revolucionar la conciencia, estimula, de palabra, constantemente la razn adaptativa. Ello al incitar, en la forma y en el fondo, a una maximizacin cualitativa del espacio obrero al interior de esa relacin propiedad-trabajo donde el obrero compite en calidad de clase capitalista frente al polo dominante en la empresa (el capitalista, el pequeoburgus y/o el Aristobrero); su(s) antagonista(s) emprico(s).

Internndose[16]por este laberinto de vericuetos, de expectativas incumplidas y promesas torcideras, de efmeras conquistas y de esculidos rditos, cuando no nulos o hasta adversos, el proletario no ha hecho otra cosa que ir auto-petrificndose bajo la matriz ideolgica burguesa en relacin al proletariado: El burgus no ve, en el proletario, ms que al obrero (Marx). Sin embargo se trata, por el contrario, de contribuir a negar la auto-asuncin inercial que las masas hacen de s mismas como constructo humano objetivo alienado (presidido por el clculo de gratificaciones ms o menos inmediatas como premisa constitutiva de la accin). Pues no hay revolucin sin el sujeto revolucionario, cuya revolucin ser obra de s mismo, o no ser: Ser radical es tomar las cosas por la raz, pero, para el hombre, la raz es el hombre mismo (Marx).

 

3. Las clases transformadoras: empujadas por y portadoras de Ideologa

Precisamente, buscando Constantes histricas, observamos enseguida la evidencia de un rasgo comn a las clases revolucionarias del pasado, o que fueron al menos portadoras de nuevos Modos de Produccin:

Todas esas clases se representaron su revolucin respectiva o las nuevas relaciones productivas, nucleando su ideologa entorno a convicciones, a magnos pasos, a una obra de elevacin social. El ejercicio se pronuncia era tras era, sin que pueda decirse que el mismo haya sido, en lo fundamental, un acto maquiavlico de auto-propaganda (es decir, siendo sincera la auto-idealizacin).

En lo que se refiere al Modo de Produccin asitico o hidrulico (China, Sumeria, Valle del Indo, Egipto, etc.), observamos que el Tecrata, el Rey, el sacerdote-guerrero o el Emperador, dependiendo del caso, se presenta como el portador del agua, o el Maestro de los fenmenos atmosfricos, climticos y estacionales. Aqu Maestro se comprende en la acepcin de gran conocedor inextricablemente fundida con la acepcin de dominador prctico respecto de un sistema armnico de sacralidad conformada por lluvia, sol, sombra, viento, tempestad, torrentes, etc., cuya Substancia (de ningn modo metafsica[17]) comparte el monarca.

As por ejemplo, el Emperador fue en China el hijo del cielo (Tien, significando este trmino sintticamente cielo fsico, cielo como coordenada de lo Divino y La Divinidad misma), mientras que en algunas ciudades-Estado mesopotmicas la escritura pictogrfica cuneiforme hallada atribuye al Rey ser poco ms o menos que el domeador, regulador o conductor del agua. l es la encarnacin terrenal de Dios (El, En, Il, Elah, Al-Ilah…), es decir, de la Unidad dialctica que contiene en s al Hadad (la vida, el germen, el principio de creacin y de productividad) y lo ordena a ste, transformando en agencia de fertilidad aquella fuerza que, en salvajismo, no hara ms que desbordarse como turbulencia y devastacin. Toda esta deslumbrante Superestructura ideolgica -en sus variopintas modalidades formales- salta a la vista como correlato del desarrollo productivo agrario, posibilitado tcnicamente desde una ciudad intramuros de la especializacin, la planificacin, la fiscalidad y la condensacin y direccin de Fuerza de Trabajo; dispositivos indispensables a las vastas obras de canalizacin acufera y de conexin viaria para un intercambio mercantil campo-ciudad en complejizacin.

Ahorrar al lector leer esta descripcin para cada uno de los saltos cualitativos histricos, pero pinsese que cada nueva clase transformadora ha irrumpido en escena con una Pompa de similar calibre:

El Modo de Produccin esclavista incorpora en su seno ideolgico todo un bagaje remoto, inherente a la fragmentariedad de comunidades primitivas y a la puesta de las mismas en relacin de mutua oposicin a medida que iban desarrollndose las necesidades materiales y, con ellas, las incursiones de saqueo a la alteridad tanto como la captura de seres humanos. Quienes no comparten, con el grupo, comunidad de producto, de medios de vida ni de medios productivos, no comparten tampoco Humanidad, al quedar fuera de la relacin genrica (de la com-unidad humana). Ese es el hecho material subyacente a una forma de nombrar tpica comunista primitiva (tanto en la banda como en la gens) que se auto-identifica de modo exclusivista con lo Genrico (ejemplo en !Kun: los hombres, los humanos). A determinado nivel de agudizacin de las contradicciones inter-comunitarias, ese Otro extra-genrico dominado por la violencia, y a quien se ha perdonado la vida, deviene esclavo. A ste le tildarn los romanos, milenios despus, de instrumentum vocale (herramientas hablantes), ya que, en el esclavismo, el esclavo es por s Medio de Produccin. Y, centenios antes, nada menos que Aristteles haba ideologizado el esclavismo exponiendo cmo, con vistas a la produccin social del ms alto desarrollo y la culminacin de las cumbres de cultura, de pensamiento, de arte, de economa…, las sociedades civilizadas se haban determinado a dividir a sus miembros entre libres y esclavos, y siendo la esclavitud condicin permisiva de dar a luz lo mejor (lo aristocrtico; lo producido y donado a la sociedad de la mano de los mejores, o Aristoi). Esta filosofa no deja de ser el eco mecnico de unas condiciones de poca, que las justifica y naturaliza, si bien fue una captacin verdadera de aquella divisin del trabajo que histricamente corresponda con un estadio de las fuerzas productivas materiales[18].

As mismo, la base ideolgica clerical y seorial de la feudalidad afirmar su Modo de Produccin negando la posibilidad de esclavitud, y ello a travs de la Doctrina de la igualdad de las almas ante Dios, con necesaria contrapartida en la desigualdad de Destino mundano (temporal) de los cuerpos.

Ni que decir de los ditirambos en cuyos regalos al odo la burguesa se reconocer, y que trasmutan parte del bagaje judeo-cristiano tanto pre-capitalista como capitalista mercantil: el Dogma del libre albedro trabajado y desarrollado por el protestantismo hasta llegar a su propia Aufheben conceptual como la Libertad en trminos de discrecionalidad para cada clase en sus movimientos y en sus inversiones y usos con su propiedad y patrimonio particulares, que en el caso proletario se reducen a la Fuerza de Trabajo. Por lo dems, las alforjas llegan cargadas con genuinas ideas-fuerza como la Virtud del prstamo con inters a emulacin de los hebreos antiguo-testamentarios, o Pueblo de Dios (Calvino); la perfectibilidad infinita del Ser Humano (Montesquieu); la Asamblea Nacional pudindose auto-transformar en el Poder poltico de todos los ciudadanos por igual al fin imbuido de la Voluntad General objetiva en cada deliberacin y ejecutor de la misma en cada decisin (Rousseau); la Mano Invisible armonizante del nexo entre necesidades y universo de intercambios mercantiles (Economa Clsica); las Luces (Ilustrados); el Vicios privados, beneficios pblicos (Mandeville); la Razn y su al fin implementado Reino; la Libert, Egalit, Fraternit; la divisa Orden y Progreso que iba a regir en el esperado Estadio social positivo (Auguste Comte), donde la mejora social no tendra techo siempre que fuera sin salirse de la Jauja social burguesa; etc.

Y, siendo esto as, qu pasa con el proletariado; quien no rescata, de la historia pretrita derrotada, de la historia perdida…, los Principios resecos de su ideologa, presto a fortalecerlos, a desarrollarlos deduciendo de ellos sus implicaciones a la orden del da y anticipando tambin deductivamente sus frutos de futuro?. Porque, en efecto, la paradoja en esta cuestin es clara:

Tal y como he repasado, el movimiento distintivo de cada clase pasada pujante -cada proceso histrico de transformacin cualitativa- ha ido sucedindose siempre presidido por la Conviccin mistificada de estar elevando a una humanidad indistinta, mientras que el proletariado no es capaz (en tanto que entidad externa, autonomizada, dejada a su libre albedro) de empuar esa antorcha ideolgica hoy calcinada y prenderla de nuevo. Y esa incapacidad se apoltrona aun siendo el proletariado –y es sta la gran paradoja- la primera y ltima clase cuya praxis consiste, en el fondo, en dar consigo la salida histrica a esa humanidad que, bajo el imperialismo, ha devenido presa de un callejn tapiado que la pudrir y pudrir sobre sus huesos (Comunismo o barbarie).

A travs de este ensayo he intentado mostrar por qu el proletariado como ente de clase socio-econmico est determinado a no poder desarrollar su ideologa desde s. Indesligablemente de dicha crtica, he tratado de explicar por qu tampoco le lleva a desarrollarla, sino a todo lo contrario, el artificio de introducir, azuzar, catalizar o dirigir una presumida -y quimrica, aristotlicamente exenta de potencialidad- irradiacin de luchas laboralistas, desde uno u otro corpsculo o fuerza de vanguardia economista.

Tampoco, por ltimo, sirve el laboralismo para inspirar en el proletariado un movimiento revolucionario ciego, a-ideolgico, fulminantemente destructivo del viejo aparato poltico y de la vieja organizacin social productiva. Planteamiento, este ltimo, que en rigor no pasa de ser un mal-entendido respecto de la tarea revolucionaria. Pues la revolucin, o es la prctica de la consciencia, o no es nada. La revolucin como un acto en dos tiempos netos -como gesto a priori negativo, destructivo, y despus veremos (Destruir para poder construir, deca Bakunin)- existe solamente en el imaginario del insurreccionalista, quien no comprende la unidad de contrarios entre viejo objeto de relaciones materiales a revolucionar, y sujeto revolucionario -entre violencia y Direccin, entre la formacin del nuevo sujeto y su nueva prctica misma, o Nuevo Poder. En efecto, el hipottico sujeto insurreccional aniquilador presuntamente sin conciencia expresa no puede hacer la revolucin: la revolucin es un proceso y, como tal, es, no slo ajena, sino antagnica a la falsa hiptesis de un a priori subjetivo carente de conciencia y sumido en una tierra de nadie ideolgica[19]: el sujeto, o contiene la ideologa revolucionaria, o bien contiene la ideologa de la burguesa, presidiendo unos actos que no pueden ms que retro-alimentar la ideologa reaccionaria a partir de s misma. El proletariado, o es revolucionario, o no es nada (Lenin).

Tampoco existe el hipottico proletariado que no sabe lo que sabe, es decir, quien no puede formularse conscientemente ante s un saber fraguado en su prctica social, y que a pesar de ser in-aprehendido (de entrada) dirigira rectamente la accin proletaria desde su residencia en un fondo de inconsciente colectivo, guiando secretamente un camino en cuyo transcurso, la asuncin subjetiva de las lecciones extradas van volvindolo visible (van hacindolo un saber consciente). Esta idea es en realidad deudora de toda una lnea que se remonta a la teora platnica del conocimiento a modo de recuerdos reposantes inactivos a los que se accede recordando, y que enlaza con la burguesa naturalista (ejemplo ilustrativo en la Pedagoga rousseauniana), para acabar deslizndose hasta el obrerismo, tanto al ms misticista idlatra de la luz y sabidura obreras (por ejemplo en el primer Negri) como al obrerismo comunista que se auto-postula en rango de medium entre la lucha obrera y la presumida consciencia de clase inconsciente. Si tales presunciones existieran, entonces ese tipo de prctica acumulada se habra verificado ya como lo que dice ser (2 Tesis sobre Feuerbach) y no nos encontraramos analizando su fracaso como parte del proceso de Reconstitucin del comunismo[20].

 

4. Desarrollo de las contradicciones en el orden: materialidad permisiva para la ideologa de superacin (un ejemplo histrico)

Engels nos da, en Anti-Dhring, un resorte slido desde donde pensar esta paradoja de la no-inmanencia del sujeto revolucionario en el proletariado y de la no generacin procesual de s mismo para s a partir de su propia prctica social como clase capitalista. Invitacin, hallamos en Engels, a un pensamiento por supuesto irresolutivo de dicha paradoja en tanto que pensamiento separado respecto de la lucha de ideas y dems tareas de reconstitucin ideolgica. Inaptitud de resolucin a partir de la fuente, que, por si fuera poco, viene una vez ms a demostrarnos que la ideologa del proletariado no est hecha, ni por Engels ni por todas las bases juntas que nos han dejado nuestros clsicos. Asienta el germano el siguiente principio para su desarrollo con el debate:

El idealismo -y no menos el que profesaba el seor Dhring- siempre ha considerado la reiteracin de progreso, o del movimiento histrico, como la consecuencia inapelable de que el espritu humano, o la Razn, o la conciencia, o el Pueblo…, descubra y re-descubra lo Justo en cada momento clave y proceda entonces a intentar implantar ese reino de Justicia, bien en versiones de atemporalidad o bien tomando la Justicia en concordancia al momento.

Engels dice que en realidad la correspondencia transcurre al revs: la percepcin colectiva ms o menos generalizada en pro de identificar lo Injusto con una institucin social, o con el orden vigente…, de equiparar la Injusticia con la parte social en el Poder o con la organizacin del Poder…, etc., no es ms que el reflejo (la conciencia colectiva) a que da lugar una materialidad organizada cuando sta ltima se ha vuelto ya inoperante para seguir dando cierta respuesta a las necesidades sociales en desarrollo bajo esa misma organizacin social.

Al haberse desarrollado las necesidades en su contradictoriedad, habiendo tambin surgido otras nuevas sin cabida dentro de los lmites impresos por el orden, o, sin ir ms lejos, al ir quedando desabastecido de respuesta un corpus de necesidades constantes, aquello que produce su clima de opinin adversa correspondiente es siempre la propia no-necesidad de permanencia del orden. O, yendo ms lejos, es siempre la neta innecesariedad del orden, su disfuncionalidad, su antagonismo objetivo con una reproduccin de la sociedad que el orden ya no cumple, o bien su encorsetamiento a la satisfaccin de unas necesidades y aspiraciones de clase slo consumables desde la asuncin del Poder por esa clase especfica asfixiada o cuyas alas estn cortadas[21].

Puede ocurrrsenos brindar un ejemplo de esta secuencia real (identificable desde el manejo de una filosofa materialista) dando una breve nota sobre la erosin autoritativa que experiment la figura poltica patriarcal del padre o del Gran Hombre: En la comunidad aldeana gentilicia o de familias extensas imbricadas entre s al menos por el uso y disposicin comn sobre la tierra, eran unas figuras dotadas de autoridad compartida quienes se encargaban por ejemplo de anudar los matrimonios y de darles el visto bueno (al menos en relacin al grupo de parentesco propio); de distribuir determinadas funciones productivas segn una objetividad de aptitudes o de facultades; de proponer a consenso ciertas prcticas punitivas; de sancionar positivamente la transmisin hereditaria de parcelas privadas de terreno atendiendo a los usos sociales de herencia vigentes con arreglo a unas u otras lneas de parentesco; de secuenciar y ritmar la integracin de los jvenes en la comunidad; de la gestin sobre ciertas cantidades y variedades en el plusproducto comunitario; de intervenir o de proponer en el transcurso de la escenificacin episdica de intercambio mercantil con grupos humanos terceros (o de tomar a cargo propio los intercambios colectivos de producto sobrante tanto como las negociaciones que pudieran implicar); etc. Lo cierto es que, con el tiempo, el grueso de sujetos y a fortiori una mayora de jvenes dependientes de las disposiciones mencionadas, llegaron a evaluar ese paternalismo comunitario a modo de cors asfixiante, opresivo, irrespirablemente injusto. De gran hombre que hubo sido, el patriarca devino, a ojos de los sujetos, encarnacin de lo irracional y, sus tradiciones y prescribires, la arbitrariedad sin significado social.

Pero, en el fondo, se disenta respecto del funcionamiento de aquella institucin gentilicia, o, por contra, aquello rechazado en el pensamiento era su irrealidad, es decir, su no-funcionamiento?. La respuesta es: lo segundo. En efecto, si el padre, el big man o el cabecilla se haban quedado vacos de significado social subjetivo era porque desde haca tiempo su pivotaje sobre la reproduccin de las relaciones comunitarias estaba dejando de funcionar, es decir, se derreta su significado social objetivo. Mientras la figura haba posibilitado el discurrir de una serie de instituciones sociales (normativas, de reciprocidad con otras comunidades, distributivas, rituales, consuetudinarias…) garantes de la armona del sujeto para con las estructuras productivas y social-reproductivas, la cuestin de la opresividad literalmente no tena cabida en la razn (tomando lo racional en su sentido hegeliano). Ser cuando irrumpen y van madurando una serie de procesos burgueses invasivos de la Gens[22](lanse en El Capital, c. XXIV), que la Gens va sufriendo trastocamiento hasta un punto en que los padres quedan fuera de lugar.

No es, pues, la autoridad (percepcin social positiva del poder, o comunin social con el poder) entraada por el patriarcado gentilicio aquello que se transforma en objeto de superacin y desprecio al despertar los sujetos de un sueo de ceguera, procedindose, en consonancia, a defenestrar sus atribuciones de decisin (objetiva). Sino que, al haberse convertido las diligencias del patriarca en un lmite interpuesto entre el sujeto y sus nuevas necesidades social-concretas, este novedoso sujeto ahora dependiente de pasar por el aro de la burguesa mercantil, problematizar la antes sagrada y Virtuosa autoridad de la figura. Y no a ella solamente, sino a toda una vieja organizacin gentilicia que, con su disonancia prctica, volva imposible la adaptacin al nuevo marco forzado de existencia, ya harto difcil y duro de por s.

El sujeto y en especial el joven, si es que se hallaba en proto-proletarizacin, deba poder decidir si se iba a villa o a ciudad a probar suerte o a desempear trabajos de temporada, abandonando a los suyos. Lo mismo con el asunto de casarse o no, cundo, con quin…, y otras vicisitudes que pudieran depender de si a l le era favorable abrir la virtualidad de alianza a grupos o familias forneas al universo de destinatarios sancionado apriorsticamente por el padre. A su vez, numerosas familias pertenecientes a una misma comunidad aldeana, quienes haban pasado a trabajar para un mercader que les encargaba un pedido y se lo compraba para luego llevarlo hasta el comerciante urbano, ahora empezaban a saber lo que era necesitar dinero que usar acto seguido en la compra de factores de produccin, de nueva maquinaria productiva domstica, etc. As que pusieron a la orden del da la privatizacin de terrenos comunales gentilicios a fin de no depender de terceros en su idea de orientar cultivos hacia el mercado y as cobrar un dinero que emplear en los talleres. Paralelamente, las prcticas de reciprocidad entre comunidades como rectoras de distribucin de plusproducto, perdan fuelle en favor del intercambio mercantil. Igualmente, el desempeo de plustrabajo, que haba sido social en su integridad al tiempo que regulado por los cabecillas desde una ptica de lo comn o de mbitos de necesidad o de sujetos de necesidad, iba tornndose en una inversin en uno mismo y en una familia propia en vas de privatizacin. En fin, el desarrollo de las necesidades sociales, la historia, les pasaba por encima a aquellos viejos grandes hombres.

 

5. Acuacin de Ideologa y su absorcin sociolgica (hasta el capitalismo)

Trasplantando este razonamiento[23] al mbito de la historia misma, percibimos que todas las clases con un papel nuclear en servir a la sucesin entre Modos de Produccin, han extrado, esa ideologa que en cada caso les iba a animar en su prctica social transformadora -y a darle el Norte a dicha prctica y a orientarla- en tanto que representacin sinttica derivada de su propia prctica social. Es decir, derivada de su dialctica como clase en lucha[24] por mejor conciliarse con sus intereses y responder a sus necesidades diferenciales en el regazo del viejo Modo de Produccin, ajeno a su dominio. En otras palabras, hasta la emergencia del proletariado (y no incluido ste mismo), toda clase histrica hubo adquirido consciencia para s[25] y por ende hubo ido representndose su ideologa en un trnsito de determinacin hacia el epifenmeno; trnsito dado por (desprendido de) su Ser social de clase mismo -inmerso en dialctica de clases, por supuesto-, al haber llegado la vieja formacin social a un punto contradictorio de inflexin entre Relaciones de Produccin y Fuerzas Productivas[26]. Pues siempre lleg un momento en que, toda la materialidad que de un modo condensatorio/expansivo -desarrollndose in crescente- haba ido siendo progresivamente orquestada, organizada y puesta a girar en torno a su propia racionalidad de clase, no poda proyectarse hacia su propia superacin, y ni tan siquiera conservarse, al margen de afrontar con todo el arsenal un juego de suma cero (una negativa a la conciliacin, o insumisin) contra aquella clase que encarnaba en su prctica la reproduccin funcional de las viejas relaciones productivas[27].

Esta ltima es la Constante histrica que subyace al hecho de que la mecnica comportamental de s[28] fundara, a la postre, clase para s. Pero tal premisa resulta ser verdadera nicamente a lo largo del arco histrico caracterizado por clases que, a partir de su Ser social particular, haban ido acumulando beneficios, funciones organizativas de la produccin y/o posiciones polticas, materiales, de explotacin, sobre el producto social o en la divisin del trabajo social…, etc. Intereses y atribuciones, en definitiva, tarde o temprano conjugados bajo una perspectiva Poltica trascendente por necesidad.

 

Complementariamente, y si deseamos completar este cuadro lgico[29], hay que subrayar cmo siempre la ideologa supera con creces, en su incidencia social, el permetro de la clase portadora, justamente por estar expresando (si bien idealizadamente) y anunciando un Ser social de clase que solventa -o por lo menos contribuye a arreglar- toda una problemtica social enquistada en el atolladero socio-histrico del orden en crisis. Sirvan de ejemplo los labriegos y colonos del siglo IX centro-europeo, quienes hacan la genuflexin ante los Seniore y se vinculaban a ellos por Contrato de servidumbre, en un contexto de retraccin drstica del trnsito mercantil, descuido de los caminos, proliferacin del bandidaje, invasiones magiares, impedimento berberisco a los aprovisionamientos portuarios, terrenos baldos, escasez de subsistencias, hambrunas y epidemias resonando todava como prolongados y marcados ecos de la remota descomposicin del Estado esclavista. Tal era el marco material junto con la inexistencia de estructuras centralizadas ni polticas ni defensivas, sumndose a ello el ensimismamiento local de una distribucin e intercambios de producto por lo dems episdicos.

Inmerso en ese marco, el campesino se entregaba a la prestacin de los Servicios en el Dominium seorial (de ah siervo y tierra dominial o dominical respectivamente), a tributacin y a prestacin blica, a cambio de recibir proteccin para el Alodio (extensin de tierra campesina), custodia de pasos, ahuyentado de nmadas o de itinerantes infectados, licencia al uso periodizado de factores productivos y recursos como molinos o ros, cierta redistribucin de volmenes de producto dominial en coyunturas crticas, y cordialidad con las islas polticas vecinas o al menos contencin de las mismas y trazado de alianzas. Es evidente, pues, que esta sujecin de masas enteras a las relaciones sociales de proto-feudalidad o de feudalidad primera, no responda fundamentalmente a un ejercicio de la coaccin ni a una imposicin violenta por parte de quienes devienen Seniore a partir de su condicin de potentados, de caballeros, de guerreros, de viejos peones territoriales perifricos de estructuras estatales dbiles o de caudillos gentilicios. Se trata, en cambio, de una reaccin tomada por el propio campesinado, quien asume nuevas Relaciones de Produccin capaces de reproducir los elementos materiales que conformaban la base permisiva de la propia existencia campesina.

Por lo mismo, el campesinado colono se adhiere a la Ideologa correspondiente a esas nuevas relaciones que enrazan a los campesinos en su auto-reproduccin como tales, a travs de proveer condicin de funcionalidad a su prctica social. Ideologa de la auto-organizacin campesina en el limitado mbito de su Unidad productiva, del Contrato, del vnculo de presunta reciprocidad con el Seor, de la igualdad de las almas antittica a aquel paganismo platnico consubstancial al esclavismo helnico, de la fidelidad, del cada uno en su lugar y del Destino estamental, etc. Ideologa que, en resumidas cuentas, traspona al reino de una fantasmagrica hermandad de la cristiandad ese sistema de condiciones materiales superadoras de la produccin esclavista y de su legado de vaco determinado por la sub-produccin relativa. Una sub-produccin convertida en letal a determinado grado de expansin imperial romana, y por tanto demogrfica, necesitada a su vez de cierto volumen de efectivos esclavos, de ms legionarios para atender el territorio imperial en expansin, de ampliar el territorio de cultivo para el mantenimiento de la fuerza productiva y militar en aumento, etc.; crculo vicioso retro-alimentado que atrapaba y apretaba a un Modo de Produccin con fundamento en una FT (esclavos) de bajo rendimiento y por consiguiente fundamentado en la produccin extensiva.

Atenindonos a esta misma lnea lgica, queda explicado por qu en el siglo XVIII, cuando son las relaciones de feudalidad las tocadas en su corazn mismo por las crisis endmicas de sub-produccin, y as por inflacin hipertrfica, hambrunas, especulacin con el producto y retencin de ste en los stocks de la burguesa comercial y en las despensas del latifundista, entonces hallamos a ese mismo sujeto de clase sublevndose en los campos (la Vende) a escuchas del proceso parisino, y, muy poco despus, entonando La marsellesa con fervorosa adhesin a la Libert-Egalit-Fraternit.

 

No me extiendo ms en este asunto de la genuina constante histrica que representa la pronunciada absorcin social de la ideologa que el elemento transformador haba venido desarrollando. Pueden escribirse obras enteras en torno a esta permeabilidad de la parte social dominada, fenmeno que no se funda ni en la fuerza bruta ni en una abstracta comida de olla (concepcin idealista-vulgar del funcionamiento de la ideologa); sino que anida -tal y como he explicado- en la consonancia relativa espontnea (refleja, reflexiva-emprica, pragmtica) dominador-dominado, que llega como Aufheben respecto de la disonancia con que el anterior orden, en su caducidad, atenaza a las relaciones inter-clase. Me bastar recordar en cinco frases algn otro caso:

Pongamos por caso a las pirmides egipcias como materializacin de la ideologa exaltadora de la estructura social (evocacin de la jerarqua), que es una auto-apologa del Modo de Produccin hidrulico y cuyo vrtice presenta al Faran tocado por un sol que es, a su vez, el propio elemento sustancial faranico, vivificador del mundo agrario[30]. El vrtice puede ser visto desde varios puntos de las llanuras bajas aluviales, donde las comunidades campesinas, dado la relativamente limitada geografa de las franjas frtiles, pudieron densificar los rendimientos de suelos (paso de la agricultura extensiva a la intensiva). Este desarrollo de Fuerzas Productivas devino posible solamente gracias al afianzamiento de unas Relaciones de Produccin capaces de implementar infraestructuras de regado. Relaciones, en tal medida, asentadas sobre una divisin del trabajo que era necesario financiar y mantener arrancando volmenes de excedente al campo (ordenacin coactiva de plustrabajo, transferencias tributarias, Ley de los intercambios desiguales en el comercio campo-ciudad). Fruto inevitable de esta precisa organizacin social productiva ser la centralizacin poltica, en tanto que la ltima es condicin para la perdurabilidad de las extorsiones a la Fuerza de Trabajo, tambin mantenida a base de transferir plusproducto hacia el orden urbano (espacio del Estado).

Queda visto que la comunidad campesina es obviamente, desnudamente, explotada con vistas a aportar el mantenimiento excedentario del Estado hidrulico. Pero ocurre que esa mediacin social reproduca aquella divisin del trabajo que haca a la ciudad funcionar como espacio especializado de la produccin tcnica aplicada al campo y organizativo de colosales cantidades de trabajo colectivo; divisin del trabajo social que se mostraba como la nica alternativa para la reproduccin de la sociedad dado el desarrollo especfico alcanzado por las fuerzas productivas. Como en aquel entonces su explotacin era un dispositivo instrumental cara a alimentar unas instituciones polticas y tecnocrticas provisoras de la pervivencia demogrfica campesina, se sigue que la masa social celebrara, incluso ritualmente, la ideologa sacralizadora del estamento dominante, quien re-apareca en calidad de dador supra-terrenal de las condiciones (vitales, elementales) para la produccin y para el producto. Ni que decir tiene que esta representacin no deja de ser una inversin de la materialidad, puesto que los sujetos provistos de plusproducto privado a la gestin social eran ellos, a travs del plustrabajo a que forzaban al productor directo (explotacin). Pero, como esa particular divisin social era real en sentido hegeliano (necesaria, impuesta dado el nivel relativo de conocimientos sociales, de tecnologas y de capacidad social de organizacin del trabajo), resulta de ello que, en aquel contexto de apogeo del modo productivo hidrulico, la ideologa dominante fuera racional en sentido hegeliano (pensable para el sujeto social, por ser consonante con su necesidad-refleja de reproduccin de s como concreto-social de clase, es decir, como alienacin del ser genrico).

Por lo dems, no voy a explicar la asuncin social de la Ideologa burguesa irruptora, pero piense el lector que la burguesa bate records en el desarrollo de las cosmovisiones de clase, surcando siglos de curtimiento ideolgico desde la pronunciacin de la Doctrina de la Predestinacin (Calvino) y la Doctrina de la salvacin por la Fe y no por las obras (Lutero), junto con la Doctrina del libre albedro (la otra cara de esa moneda auto-exculpatoria de la actividad capitalista mercantil y usuraria), hasta el famoso Qu es el Tercer Estado?: Todo. Qu ha sido bajo la tirana absolutista?: Nada (formulado por el Abate Sieys), y pasando por la Fisiocracia francesa cuando el Valor todava se extraa eminentemente transformando la tierra y no materia manufacturera, por la Teora de los dolos postulada por Hume y por el contractualismo de Hobbes, de Locke…, en su protagonizar la lucha de ideas durante el revolucionario siglo XVII ingls. A la postre, esa nueva clase de la Ideologa hallar y reclutar su ejrcito social de proletarios y semi-proletarios. De campesinos a quienes le Grand Peur no haba logrado encuadrar en las filas de la feudalidad. De Cortesanos y hombres del Rey (Necker, Turgot…) cuya Poltica de Estado juega para la Economa de la clase burguesa aunque con el intento fatuo de conciliar la propia Poltica burguesa con un edificio Poltico monrquico arbitral entre Estamentos privilegiados y no privilegiados. De Aprendices y Compaeros (u Oficiales) artesanos necesitados de libertad para abandonar a su declinante Maestro y buscar explotador.

 

 

6. Las clases anteriores, y el proletariado

 

Esta reiterada dinmica de clase cambia radicalmente cuando llegamos al proletariado. ste es, entre el conjunto de clases histricas, la primera clase de la alienacin. Encarna en su Ser social la sntesis superior de todas y cada una de las enajenaciones precedentes. No est alienado respecto de la propiedad real sobre tal o cual medio de vida o medio productivo[31], sino de su Totalidad. Tampoco es en s mismo un medio productivo de la manutencin de un Amo, tal y como lo era el esclavo antiguo, dialcticamente mantenido por el Amo igual que ste ltimo cuidaba de cualquier otro Medio de Produccin (el arado romano, una vaca, determinado utillaje por ejemplo de confeccin textil empleado en el domus, o los almendros de su propiedad)[32]. se su Ser social de clase es lo que enajena, en consecuencia, al proletariado, de poder cursar una deriva apropiativa y rentabilizadora de clase con sus correspondientes reflejos de empoderamiento[33]. El proletariado permanece fuera de configurarse toda una Propiedad, toda una asuncin y manejo de porciones de plusvala, un detentar bienes de amortizacin rentable, de imponer o acordar una divisin social del trabajo que le sea favorable (que le reporte sub-trabajo a costa de transferir sobre-trabajo), etc., y ello precisamente porque se trata de proletariado.

As pues, el proletariado es la negacin absoluta, bajo el capitalismo, del concepto de clase para s al nivel de la materialidad: No va progresivamente producindose, bajo el capitalismo, como cuerpo inmerso en unas relaciones favorables inter-clase que le agencien posicin econmica e incluso poltica, y que, al llegar a un punto de progreso y acumulacin chocante contra las Relaciones de Produccin vigentes, le encendieran al proletariado su consciencia para s (revolucionaria). Estado de consciencia desde cuya inmersin ir pensndose y auto-concibindose como clase ideolgica en sus distintas dimensiones -dimensin conceptual de la antropologa Genrica, dimensin cognitiva o epistemolgica, dimensin conceptual de la violencia, dimensin aprehensiva de la dialctica entre ser social y Naturaleza, etc.-. Y entre ellas tambin la dimensin ideolgico-prctica, solamente realizable, por otra parte, a travs de la revolucin comunista:

(a) La produccin genrica entendida como prctica social no-instrumental, esto es, la superacin del trabajo como un mero medio de vida; (b) la Aufheben de la Economa en la produccin, al ser superado materialmente el valor de cambio y con l superado tambin la otra cara de la moneda mercantil, o valor de uso preminentemente utilitario; (c) la alienacin del trabajo manual respecto del trabajo mental, es decir, la re-afirmacin del ser genrico en su dimensin de Homo faber o productor con consciencia que supera aquello que le aliena de hacer lo que piensa desde la perspectiva de socialidad tanto como le aliena de pensar lo que hace por s mismo como ser social -gestin social de la produccin; (d) la Aufheben de la alienacin campo-ciudad al ser demolida esta divisin del trabajo que es su causante; etc.

 

Por lo expuesto en este ltimo punto (6) dice Marx que el proletariado es la primera clase social poltica de la historia. Al contrario de cuanto sugieren sus interpretaciones inmanentistas -a las que Marx dedicara en vida aquello de Si esto es el marxismo, yo no soy marxista-, ah Marx no est sealando una poltica proletaria producida vocacionalmente a travs de la prctica social, lo que es decir: a travs de la dialctica entre clases capitalistas de la que el proletario forma parte como Capital Variable; a travs de su trabajo y actividad cotidiana orientada a sus necesidades a la vez que estimulada por necesidades objetivas y subjetivas; y a travs de su lucha de clase en s y de conquistas obreras, laboralistas, de derechos sociales, en materia de Poltica Econmica y Social.

Al revs de lo que el inmanentismo pregona, el calificativo marxista que alude al proletariado como primera clase poltica en la historia est subrayando que, inditamente en el curso histrico, el proletariado llega a tomar/producir su Ideologa transformadora solamente desde su puesta en dialctica con sus destacamentos polticos, quienes deben, a este fin, ir transformndose en Fuerza Productiva con suficiente potencia como para envolver a la clase en su propia Racionalidad; y siendo la clase el polo subalterno y la fuerza poltica de clase el polo hegemnico en dicha Unidad dialctica resultante. Este camino no es susceptible de ir hacindose al andar, en un sentido de reflexividad entorno a las necesidades de clase, en la medida en que este mtodo fenomenolgico-especulativo (con objeto en el fenmeno de clase, directamente traducible a imagen especular[34]) se compone de una mirada proletaria ante su espejo, que as le devuelve su propia imagen de clase cosificada. Y es que, por primera vez en la historia de las clases, la Aufheben encarnada por el proletariado no consiste en una necesidad de su liberacin de clase[35], hiptesis absurda en tanto que el proletariado no obtiene un ser positivo con su actividad material en la sociedad capitalista, y que le invistiera de tener algo de s que emancipar[36]. Sino que consiste en la necesidad de liberarse de su reificacin en clase (emanciparse de s mismo como proletariado, o de su Ser de clase, en definitiva)[37].

Obsrvese que, en aquello que pasa por ser la dialctica de clase alternativa (pseudo), la prctica social obrera en s y ms particularmente la lucha de clase en s (como Capital Variable con su existencia e intereses propios) no puede jams generar consciencia para s por la sencilla razn de que las victorias, experiencias, lecciones, mejoras, golpes, unin, empata…, que se le derivan, jams pueden acumularse y transformarse como un rdito posicional objetivo de clase para s dentro de la estructura social capitalista, justamente porque el Ser proletario es definible como la reificacin humana en la Nada en materia econmico-poltica, y, de la Nada, nada sale (Parmnides). Pues, por primera vez en la historia, no se larva en las entraas del Modo de Produccin una especie de proto-modo de produccin que vaya evolucionando a travs de sus relaciones econmicas diferenciales, entrando con el tiempo en un periodo de antagonismo irreconciliable con la macro-estructura econmica, poltico-jurdica… de pertenencia, y yendo a determinar la subjetivacin ideolgica de una clase que, en lo objetivo, ya era para s. Seguro que el lector est pensando en el paradigma de estas clases-tipo (que ha sido la burguesa), de modo que me ahorro explicar cmo entr la burguesa en un antagonismo econmico-poltico que deba resolver mediante la dialctica de las armas a fin de continuar desarrollando sus relaciones productivas, ya socialmente vigentes, cuando no imperantes en contextos especficos.

 

Pero si la produccin de una consciencia de proletariado revolucionaria no es potencialidad de la prctica social de la clase, ello responde, as mismo, a un segundo factor (que no secundario). En efecto, hay que pensar tambin al proletariado como la primera clase en la historia que es sometida (y re-enviada) en el tiempo a relaciones de explotacin fundamentalmente a travs de las relaciones de produccin mismas, y no ya a travs de una u otra Superestructura. Este hecho diferencia radicalmente al proletariado respecto del campesino tributario, del esclavo y del siervo, ya que, bajo el despotismo hidrulico, el esclavismo y el feudalismo respectivamente, la sociedad de clases era reproducida -y, la explotacin, consumada- principalmente gracias a la accin estructural poltica (en el esclavismo), militar e ideolgica (en el despotismo hidrulico), o ideolgica (en el feudalismo). La alienacin relativa que nucleaba las condiciones de existencia de esas clases anteriores, precisamente por el hecho de ser relativa, no se bastaba a s misma para realizar la Racionalidad objetiva de aquellos Modos de Produccin (Racionalidad que acababa materializndose en forma de plusproducto y de prestacin laboral). Pues la reproduccin material, no de la sociedad de clases, sino de la clase dominada considerada por separado, era fruto de la relacin econmica natural que el propio productor mantena con el binomio conformado por su produccin/consumo. De ah que en tales viejas sociedades de captacin de producto, de extorsin, de tributacin…, al ser tan sumamente limitado el papel jugado por la coaccin econmica a la reproduccin bsica, el hecho de atar y re-atar al explotado tuviera que depender de una coaccin, una violencia o una amenaza ejercidas aparte y con posterioridad al hecho econmico bsico reproductivo (produccin de subsistencias campesinas o manutencin del esclavo). O bien (caso del feudalismo), que procurar y fijar las relaciones de clase tuviera que depender de la provisin clerical constante de una cosmologa exhaustiva que todo (los ciclos naturales, la festividad, la procreacin, la guerra…) lo daba ya interpretado, valorado y puesto en significacin.

 

La recaudacin de impuestos por el dspota sito en ciudad no trastoca el rgimen de propiedad caracterstico del poblado neoltico comunista, as como el trabajo colectivo forzoso en infraestructuras no priva al campesino de su prctica productiva con sus factores de produccin, cuando ste es llamado por la autoridad segn los rdenes censales. Ello les hace indispensable, a la ciudad-Estado o a las ciudades imperiales, la presencia burocrtico-armada difusa tanto como el ensalzamiento de lo que de por s es sacralizacin poltica tendencial en la weltanschauung colectiva. Indispensabilidad si es que el Estado quiere regularizar y normativizar su apropiacin de una fraccin del plusproducto social que no va destinada a reproducir estrictamente su funcin particular (tcnica, de movilizacin, poltica, organizativa…) en la divisin social del trabajo, sino destinada a ser materia de su diferencia vital como clase. No en vano, la comunidad campesina, al disponer de su propiedad a una escala de suficiencia auto-reproductiva, no tiene necesidad econmica de prestar sobre-redimientos a tales cuotas amortizadas, ya no por la obra social y la manutencin de los agentes organizadores de la obra, sino por el consumo privado del estamento dominante. Eso da sentido objetivo a la figura del strapa (Imperio persa) como arquetipo de despotismo delegado, as como al surgimiento de complejos y exhaustivos cdigos jurdicos que se proyectan desde la ciudad hacia el campo.

 

Por su parte, y contra el tpico, el mantenimiento subsistencial del esclavo antiguo no poda depender del capricho o la pusilanimidad del Amo[38], quien necesitaba de su habilitacin a priori y con independencia a niveles de resultado, igual que no va a sacrificar a su ganado porque en temporadas ste le d escaso producto. A su vez, la imagen del Amo sdico agitando el ltigo no deja de ser un estereotipo, pero metaforiza con exactitud cmo el imaginario traduce esta realidad especfica que estoy mostrando: la violencia estructural que fuerza al esclavo no puede ser de naturaleza econmica, de modo que son mecanismos extra-econmicos los que afianzan la relacin de produccin esclavista. Me estoy refiriendo a mecanismos poltico-jurdicos: la Ley pone muy complicado llegar a ser liberto, situacin que precisa de la voluntad del Amo o de la compra de la libertad por parientes o interesados en liberarlo, quienes no solan ser muy solventes…; al esclavo se le marca y, si escapa del domus, adems de ser lcito matarle, por Ley no se le puede emplear laboralmente; el esclavo que escapa tiene vedado el pie en casi cualquier lugar, salvo en pequeas islas e islotes agrestes y ms o menos incomunicados con tierra firme, impidindosele as la subsistencia sostenida; etc. Entre estas violencias y estos andamiajes que bloqueaban las salidas al esclavo y sus perspectivas, se lograba resignar al esclavo hasta extremos de fatalismo[39] y ponerlo a trabajar. Aun as, los rendimientos siempre fueron bajos, por parte de quien no tena el estmulo de trabajar una propiedad que fuese suya y adems era l mismo la propiedad conservada, hecho que determinara, en ltima instancia, la cada del Imperio esclavista por insuficiencia (re)productiva con arreglo a la financiacin de las estructuras de Estado.

 

Se dar cuenta el lector de que, en el caso feudal, tambin es de naturaleza extra-econmica la violencia permisiva de explotacin: el campesino dispone realmente (uso, gestin, provecho…) de cierta porcin de terreno, sea l mismo su propietario jurdico, o vaya dejando de serlo a medida que el Seoro econmico va transformndose en Seoro jurisdiccional. Tambin son suyos dems Medios de Produccin agraria bsicos: arado y otros aperos de labranza, semillas, pozo. As que la coaccin organizada adquiere en cierta medida cariz poltico: va hilvanndose un intrincado organigrama poltico piramidal por el que cada vasallo es la espada presente en su respectivo seoro o dominio, de cuantos van componiendo el feudo al que se rinde vasallaje. Adems, pesa sobre el campesino una amenaza seorial no ya de violencia, sino de abstinencia de armas por as decirlo ante la hostilidad potencial de otros Seores. Finalmente, el Seor puede incumplir el Contrato de servidumbre en lo que se refiere a construccin o rehabilitacin de estructuras defensivas para los terrenos externos al castillo y a la reserva seorial (a menudo fortificada). Tngase en cuenta que para amurallar o para muros es necesaria mampostera slo extrable de canteras seoriales.

No obstante, la debilidad del Estado o la neta inexistencia del Estado feudal durante siglos, sumada a un contexto de poliarqua o, en periodos extensos, de mera nominalidad formal del Estado (como ocurra con vastos territorios en la periferia del Imperio carolingio), supondr un relativo vaco poltico, o bien frecuentes neutralizaciones de fuerza entre Nobles en disputa, o incluso la configuracin y perpetuacin de tierras de nadie. Simultneamente, procesos blicos de re-poblamiento acabarn por dar tierras a colonos libres tributantes; vasallos, no siervos, que quedan fuera de Dominio y geogrficamente alejados de su Seor. Todo este dficit poltico relativo determinar que la estructura reproductiva dominante sea, en el Modo de Produccin feudal, la Superestructura ideolgica, con su escrupulosamente pa distribucin del trabajo y de la ceremonia festiva en el calendario gregoriano, con su Ora et labora, su respaldo a la mstica nobiliaria de las distintas cualidades de sangre, su Te ganars el pan con el sudor de tu frente, su examen y direccin de conciencia, entre otros dispositivos.

 

En el caso del capitalismo, y contrariamente a lo visto, la reproduccin de las relaciones productivas est determinada bsicamente por s misma. Ello porque el proletariado es hijo de aquel proceso, largo, brutal y cruento, de apropiacin privativa de toda propiedad pre-capitalista a manos de la burguesa, ya que as podramos definir la gnesis del rgimen burgus de propiedad privada y la acumulacin capitalista primigenia. Por primera vez en la historia, la explotacin deja de comportarse como un acto de sustraccin hecho a un sujeto de clase que dispone de un sustrato productivo previo o paralelo (no alienado). El proletario es el resultado humano de la total sustraccin histrica burguesa, y esto hace que la explotacin capitalista ya no pueda ser percibida por mecnica emprica a modo de una interposicin opresiva frente a la propia actividad de subsistencia, porque objetivamente ya no es eso. El trabajo capitalista -el proceso de explotacin- resulta ser, desde su propia matriz, el agente provisor de subsistencia proletaria, proceso en que el verdugo es el resorte del que se depende. Esta cosificacin objetiva s se desdobla en su reflejo mecnico de cosificacin subjetiva; fetichismo de la dependencia supervivencial respecto de las relaciones capitalistas, hecho determinante en lo que se refiere a la inaptitud de clase para concretar y definir mentalmente, a partir de la prctica social propia como sujeto de necesidades concretas capitalistas, la negacin de aquello que le niega (la Dictadura del proletariado con horizonte comunista).

7. El circuito retro-alimentado de la cosificacin

Esta imbricacin entre los lados objetivo y subjetivo de la cosificacin queda patente en el caso espaol actual, donde, contra las apariencias, el clima general proletario de pensamiento se conservaduriza de fondo. Y es que las mediaciones capitalistas fluctuantes entre el sujeto y sus necesidades sociales y reproduccin subjetiva, devienen cada vez con mayor ansia obrera el objeto de deseo, bien lejos de ser puestas en la picota. Lo problematizado por el sujeto en privacin esencial -en alienacin respecto de los Medios de Produccin y respecto de definir la organizacin productiva misma-, resultan no ser esas mediaciones, sino, al contrario, las carencias presenciales de esas mediaciones. Carencias tanto cuantitativas con arreglo al espectro social, como cualitativas en tanto que hablamos de agentes (mediaciones) de solventacin de las contradicciones entre, de un lado, las condiciones de existencia proletaria y, del otro lado, el propio Ser social de clase, escindida respecto de la cualidad Genrica de dominio social sobre produccin y producto.

Tal fetichismo de las mediaciones capitalistas (o conectores), en su lado subjetivo de mitificacin e idealizacin -o, como mnimo, de canalizar la inquietud de s hacia la consecucin ms o menos desencantada o resignada de mediaciones tomndolas por un non pus ultra-, es un fetichismo que proviene, en ltima instancia, de la propia deriva crtica que el marco material experimenta. ste ltimo, como no podra ser de otra manera, va fortalecindose espontneamente como ideal normativo al comps de su debilitacin como abastecedor de s mismo y como re-creador de sus condiciones. Pues las necesidades concretas capitalistas son fcticamente un Hecho social -en el peor sentido conceptual, propio del estructuralismo sociolgico: fatalista[40] para el sujeto desvalido de un horizonte ideolgico genuinamente alternativo; necesidades stas que, en un contexto de crisis, si van resquebrajndose y volatilizndose en su dimensin caduca de obviedad cotidiana ms o menos abastecida y no pensada (elemento del mundo de la vida subjetivo), ello solamente ocurre para ir solidificndose cohetneamente como horizonte en s mismas: Cuando lo sagrado se profaniza, lo profano se sacraliza (Hegel).

Se suspira y se reclama, en el fondo, dinero, trabajo asalariado, prestaciones de dependencia, ms y mejores estructuras de Estado (escuela, desempleo…), la preservacin y saneamiento de los medios televisivos pblicos, racionalizacin administrativa estatal, vacaciones y tiempo de ocio con que romper con y reponerse de la alienacin en el trabajo instrumental, seguridad y proteccin, educacin ciudadana y cvica para domesticar y adaptar al salvaje producto de la socialidad alienada, Psicologa y atencin mental, etc. Algunas de estas mediaciones experimentan una pujanza retro-alimentada de Valor por el hecho de hallarse engarzadas en una doble contradictoriedad en agudizacin: se trata de mediaciones llevadas, en el marco de crisis, a escasear cada vez ms, mientras, precisamente en tal marco crtico, su demanda resulta cada vez mayor: salario; prestaciones y estructuras asistenciales; seguridad y vigilancia en los barrios proletarios a partir de la contradiccin en alza entre proletariado y lumpen, tanto como a partir de procesos objetivos en ciernes de exclusin social y de lumpenizacin de la clase; necesidad acuciante de estabilidad laboral como antdoto al desprendimiento del suelo social, que degenera en un floreciente fuego de oferta/demanda de trabajos reaccionarios y parasitarios -tal y como denota, por ejemplo, el boom de un proletario opositar a polica, o el notable desplazamiento de las motivaciones estudiantiles desde las carreras cientfico-sociales hacia la Psicologa o el trabajo y educacin sociales.

Este sentir general puesto a los pies de la archi-ideologa burguesa de la conservacin de el Progreso -de los derechos, el Bienestar, el nivel de consumo, la cohesin social, etc.-, por lo dems un sentir materialmente obligado si la Ideologa proletaria sigue descompuesta, obtiene su ms fiel duplicado entre el sedicente pensamiento alternativo y hasta de Vanguardia, quien est dedicndose, sonrojantemente, a expender al pensamiento-reflejo (ya hemos visto que natural-social bajo el capitalismo) su certificado de naturalidad, haciendo, de la necesidad determinada, virtud. Y aun hasta haciendo, de la necesidad, risible signo de disidencia o prueba en las masas de una alucinatoria crisis ideolgica del sistema. En medio del marco crtico la involucin ideolgica parece ser general. Y, ms especficamente, en la medida que el proceso de crisis ha ido lesionando los intereses materiales, de privilegio y corporativos ms latos entre la intelectualidad progresista, vamos siendo testigos de sucesivos vuelcos hacia el pragmatismo. Pues al aristobrero, por su misma posicin aventajada que blindar y que blindarle a sus herederos, deja de interesarle el color del gato y pasa a importarle solamente que cace ratones, a partir de cierto grado en el proceso de recomposicin de la estructura social clasista. En Espaa tenemos por caso a la curia artistas que han ido rebajando el tono de su imagen de radicalidad, abandonando el maniquesmo a la hora de elegir sus compaas polticas, buscando indefinir algo ms sus audiencias, o derivando sus trabajos hacia lo personal.

A su vez, vamos asistiendo al re-posicionamiento de muchos entre las viejas glorias acadmicas enrolladas, hasta hace poco distinguidos exponentes, en sus anlisis, ediciones, participacin en foros y en campamentos…, de cierta vanguardia crtica para con las mediaciones social-capitalistas (y no con su mero agotamiento funcional), si bien desde una vertiente contra-cultural o etnogrfica plena de limitaciones y en s superficial. Groseramente a-dialctica, por ir y venir de la superestructura a la superestructura, oponiendo al ser la narracin de un supuesto deber ser ms clsicamente definido segn el canon pequeoburgus en ciertos discursos, o ms posmodernamente libre e indeterminado en otros.

A la vez, escuchamos cmo entre los libertarios se vira hacia una lnea de trabajo sindicalista, y cmo anarcosindicalistas se pasan a organizar campaas por la unidad sindical a la sombra de las Centrales de Estado. Haba quienes escriban -repito que desde un limitado prisma de la contra-cultura- cierta crtica de la identificacin y con-fusin entre sujeto de necesidades (salud, conocimiento, propiedad social sobre la materia y el trabajo objetivado, prcticas de produccin, agregacin, hbitat…) y las mediaciones/alienaciones capitalistas de esas necesidades y por ende del sujeto (sanidad, aparato de enseanza, urbanismo, vivienda por llamarla generosamente, presupuestos, trabajo instrumental, etc.). Ahora resulta que esos mismos crticos se dedican a convocar, desde sus despachos departamentales, por la defensa y recuperacin del gasto social (en abstracto).

Sabemos con inters de la existencia de movimientos y de grupos dedicados a tender puentes con la okupacin tomndola como acto subversivo problematizador de la vivienda normal en tanto que sta es reflejo material de toda una estructuracin relacional de la poblacin, alienante por s y al mismo tiempo correlato de terceras alienaciones al nivel ms esencial de la divisin social del trabajo: alienacin campo-ciudad, distribucin y fijacin del proletariado sobre el territorio como acto satelital girando alrededor de la planificacin urbanstica del espacio laboral y econmico, panoptismo poltico ejercido sobre el proletariado, etc. Esos canales de reflexin en torno al sentido objetivo que subyace a la okupacin y a su vez la desborda son ya de facto, independientemente a cul sea su propio grado de auto-conciencia, canales de produccin de Ideologa, si bien dichas sensibilidades plantean la temtica del espacio desde una perspectiva anti-poltica y a veces hasta pretendidamente anti-ideolgica que renuncia a concebir este movimiento mismo en una racionalidad mayor de germinacin fsica de Nuevo Poder.

Pues bien: ahora muchos de estos puentes populares a ms amplia escala con la okupacin, han ido subsumindose en forzar al Estado a mediar en la problemtica de la vivienda. Intentan hacer, de esa mediacin, un antdoto a la descomposicin del derecho a la par que la gran clase propietaria -la burguesa financiera- re-concentra su propiedad real con vistas a encararla hacia mercados solventes que puedan servir de acicate a proseguir con la concentracin monopolista de las plusvalas.

 

No deja de ser interesante esta mecnica de las clases por la que, aristobreros y proletarios, se consagran en su entrega a echar races en el subsuelo capitalista, pasando cada vez ms a concebir las mediaciones sociales como ideales de referencia. Esto ocurre precisamente cuando sobre ambas clases pesa amenaza (y curso) de desahucio, es decir, de desclasamiento de ms y ms de sus elementos, proletarizndose o lumpenizndose respectivamente. Ambas clases confluyen as con la dinmica de reaccin oscilante entre la airada reclamacin y el anhelo, que es caracterstica de la pequea burguesa. Slo que sta ltima clase desarrolla su angustia por emplazarse con solidez y sin ataduras en lo anhelado, en calidad de clase-survival pre-capitalista privada, por la historia, de base material para pervivir libre de la dependencia y el amordazamiento anudados entorno a ella por el Estado capitalista y el crdito financiero.

Por su misma posicin objetiva inestable y amenazada dentro del Rgimen burgus de propiedad, pero a la vez una posicin participativa del pastel total de la plusvala (con su particular porcin representada por el beneficio comercial[41]), la pequea burguesa tiende a generar ideologas auto-defensivas con que hacer frente a la dinmica histrica capitalista de su desapropiacin. Esas ideologas varias comparten, por tanto, la esencia comn de invocar la auto-inmunidad frente a la concentracin de capitales (gritan un No me li tangere!, un Djame en paz con lo mo; Vete a tu Mundo y djame en mi rincn -como en cierta pieza musical). Por eso es que, en tiempos normales, la pequea burguesa profesa un proudhonianismo de fondo (todo lo metamorfoseado y actualizado que se quiera en cien mil versiones libertarias, anti-autoritarias, individualistas…) que busca respirar en paz, desentenderse de multitudes. Que pretende, para ser exactos, encontrar en el supuesto apoliticismo la manera de exorcizar de s el monstruo que la posee con tirana y absorbe su alma -su propiedad- precarizando a esa clase o incluso proletarizndola. La propiedad es el robo, escribira Proudhon en Filosofa de la miseria, aludiendo, claro est, a la propiedad privada capitalista, que enajena la propiedad mercantil pre-capitalista de quienes realizan su ciclo econmico caracterstico: Mercanca-Dinero-Mercanca.

Sin embargo, cuando al fin, en un momento u otro, pintan bastos para el pequeo burgus -cuando ya no puede seguir conciliando, aplicada y contablemente, tanto su naturaleza pre-capitalista como su funcionamiento objetivo para el Capital, con las leyes que rigen la Acumulacin ampliada de Capital-, en ese momento el pequeo burgus se gira hacia la Poltica como jadeando por agarrar su tabla de salvacin. De golpe deja de ser anti-autoritario y escptico, y empieza a desfilar para organizar su propia Poltica entronizadora de una Super-Autoridad que rija sobre el Capital en el plano poltico y lo desarme en la particular lucha de clases de ste contra sus competidores directos por el pastel del plusvalor (conservndole as la vida a la pequea burguesa). Pero habiendo de ser sta una Super-Autoridad que, a su vez, potencie el monopolio capitalista en el plano econmico, bonanza que el pequeo burgus requiere como su oxgeno, pues l se alimenta de la plusvala producida previamente y, por otro lado, la salud del banquero a la hora de financiar la actividad industrial revertir en la salud de su negocio al permitirle hacerse con buenos precios-intermedios, aunque el banquero sea a la vez su propio opresor prestamista.

As, la pequea burguesa no puede ms que agarrarse a su suspiro por paralizar el proceso histrico y hasta soar con revertirlo. El proletariado, en ausencia de sujeto poltico productor de la clase en calidad de sujeto revolucionario, se cosifica a imagen de aquella clase no-histrica por excelencia, aferrndose de perspectiva a esas mismas mediaciones social-capitalistas que a la pequea burguesa no le es posible objetivamente desdear puesto que su ms o menos tortuosa y lisiada propiedad que preservar y que rentabilizar es el elemento objetivo que la define a ella como clase. Y, sin embargo, el proletariado aquello que necesita es arrojar esas mediaciones al cubo de la basura de la historia, pues ni en el Modo de Produccin capitalista ni en la superacin histrica de ste (el comunismo) tiene el proletariado futuro como clase. Tan slo tiene futuro como el enterrador de la ltima sociedad de clases.

Tamer Sarkis Fernndez,

Vice-Director de DIARIO UNIDAD


[1]

Principalmente los Estados Unidos, secundariamente Alemania, en tercer lugar Francia, y en menor grado el polo imperialista emergente qatar ms otros Estados europeos del norte.

[2] Pues, con Mao, sabemos que en la poca imperialista el factor determinante ltimo es el Poder, es decir, qu clase detenta el Estado segn su naturaleza y necesidades.

[3] El obrero, esa forma especial de Capital, en definitiva, parafraseando a Friedrich Engels.

[4] Caso paradigmtico es el Banco Santander: habiendo multiplicado en un 400% su volumen de Capital durante el Gobierno de Zapatero, en 2009 la entidad contaba con unos 3 millones de accionistas. Se repartan estos sobre todo entre Espaa y la Europa septentrional, a quienes aadir en menor medida accionistas latinoamericanos. Hace unas semanas el Banco Santander ha sacado a compra pblica de acciones a su nueva filial en los Estados Unidos: Santander Consumer USA, especializada sobre todo en crdito empresarial. El 65% de la propiedad de este capital se la auto-fija para s el Santander, mientras el 35% quedar en manos estadounidenses, especialmente en Fondos de Inversin. Durante estos ltimos aos, el Banco Santander ha absorbido varias entidades financieras britnicas y se ha convertido en el capitalista mayoritario de otras de ellas, hecho relevante si tenemos en cuenta que los bancos de bancos que financian a una porcin notable de la banca estadounidense radican en la City londinense ms an que en Wall Street. Hace poco ms de una semana, la hija de Emilio Botn ha sido incorporada por Coca-Cola nada menos que como consejera del Consejo de Direccin de ese monopolio.

[5] Una composicin que contiene, adems de a las finanzas y los monopolios de Estado, Pymes, monopolios industriales, la Aristocracia obrera y sus sindicatos, las organizaciones patronales y empresariales, burguesa media productora, Capital comercial, agro-industria, ganadera, estructuras de Estado como la escuela, la sanidad, el salario diferido como jubilacin, fundaciones, etc.

[6] Todo ello si tomamos en consideracin que la estructura empresarial queda en Espaa compuesta por pymes a razn de ms del 80%, y satelizadas muchas de ellas, por la figura del crdito, en torno al Capital financiero. Adems, hay un gran factor erosionador complementario consistente en que una porcin notable de esas pymes trabajan como apndices, extensiones o proveedores de una u otra empresa matriz, de modo que el bajn de inversiones matriciales o la parlisis e incluso retirada de escena por parte de estas matrices, provoca una cada en domin de estas redes de pymes.

[7] Ya desechado por las finanzas y por su Estado, por su poltica…

[8] La inclusin, la salvacin, el reporte de mediaciones sociales de sustento personal capitalista…

[9] El desarrollo material de la Variable condicin revolucionaria como nica posibilidad de resolucin histrica para la problemtica del sujeto social y el desarrollo ideolgico de la Variable consciencia de clase para s guardan entre s una relacin de proporcionalidad inversa; mientras que el desarrollo material de esa primera Variable y el desarrollo ideolgico y comportamental de la Variable adaptacionismo individual, corporativo, de pandilla, gregario regional, ciudadano, neo-tribal, etc. guardan entre s una relacin de proporcionalidad directa.

[10] En el sentido helnico clsico de realidad irresoluble.

[11] Auto-superacin, por lo dems, no concebida necesariamente como asunto individual, sino social, ciudadano, nacional, popular, o, por supuesto, de clase, entendida sta, eso s, como ente con un terreno a reconquistar, que le es propio por derecho circunstancialmente sustrado.

[12] En el idealismo hegeliano, el espritu piensa la alienacin de s mismo (su auto-objetivacin parcial) como un pensado concreto falto de sus anttesis concretas, es decir, carente de sus formas de no-ser que ordenaran un epifenmeno externo de existencia distinto al epifenmeno existente. Este pensamiento de anttesis es el espritu elevndose por encima de sus derivados de existencia y que, por tanto, eleva (de s misma) a una tras otra alienacin de s mismo como espritu.

[13] Hacia la barbarie plena en ltima instancia, o hacia el Tiempo del lobo devorador del lobo.

[14] No olvidemos la relativizacin que Engels formula respecto del supuesto papel motriz capitalista jugado por el credo calvinista -llamndose presbiteriano en las Provincias Unidas-, nucleado en torno a la Doctrina de la Predestinacin (minora de elegidos, o electi, cuya salvacin sera atestiguada en base a alcanzar xito palpable en los negocios y en la acumulacin dineraria). Engels capta con acierto la esencia de ese pensamiento postulndolo como representacin, en las cabezas de aquella buguesa manufacturera, bancaria y mercantil, de su propia alienacin material con respecto a las ciegas Leyes de la competencia y del mercado.

Obsrvese el parentesco entre aquel albor y la ideologa de masas manifestndose en el actual contexto espaol de descomposicin: la solidez alcanzada en la alienacin relativa a un presente y un futuro que se nos escapan, siembra y aploma el fetichismo de la escasa oportunidad que habra que rastrear bajo las piedras y aprovechar, del golpe de suerte, del espabilarse, de la anti-tica utilitarista, etc. Cuando no la mitificacin para con los pilares rectores del sistema reproductivo de las Relaciones de Produccin capitalista! (administracin, funcionariado, aparato de enseanza, sanidad masiva, gestin estatal de las formas salariales indirecta y diferida…), idealizados hoy ms que nunca como si estos fueran los valuartes populares a restituir al Pueblo de la mano de su propia lucha (movimientos ciudadanos articulndose desde el planteamiento conservador del Estado de Bienestar).

[15] No basta con que la teora abrace correctamente a la realidad, sino que es la realidad la que debe abrazar tambin a la teora, tomndola en sus manos y realizndola (Marx).

[16] Hipotticamente, pues ya hemos visto por qu el planteamiento laboralista es un canto de sirenas cada vez ms separado de hallar actos de refrendo y seguidismo en el seno de nuestra clase.

[17] Puesto que no hay un desdoblamiento conceptual entre una serie de fenmenos-actuados y un actor ms all de los mismos, sino que, por contra, la fsica de lo producido es el sujeto Dios (El).

[18] Historicidad que cae fuera de la dimensin de pensamiento en cuyos parmetros estaba determinado a moverse, no ya Aristteles, sino su poca histrica como tal, de idntico modo al descubrimiento Aristotlico del Valor (y de la substancia y magnitud de Valor), que dio con las preguntas, pero que tena eclipsado dar con las respuestas (respectivamente, trabajo y tiempo de trabajo socialmente necesario).

[19] De la Nada, nada sale (Parmnides).

[20] [] El ser humano ha de acreditar la verdad, esto es, la potencia y realidad, la cismundaneidad de su pensamiento en la prctica misma. La disputa acerca de la realidad o irrealidad del pensamiento -un pensamiento aislado de la prctica- es una disputa netamente escolstica (Marx, 2 Tesis sobre Feuerbach).

[21] Hegel haba captado en lo sustancial esta secuencia verdadera, si bien, como idealista que fue, la desubic respecto de sus motores materiales. Para Hegel, las contradicciones y su lucha resolutiva se desarrollan, en ltima instancia, al interior del sujeto, quien va librndose consecutivamente de cada una de sus auto-objetivaciones (llamadas alienaciones) caducas, tanto mundanas (exteriores, o epifenomnicas) como de s (determinantes ltimas de las exteriores). Cuando determinada alienacin deja de serle necesaria al Espritu en calidad de su propia auto-conformacin, entonces, esa alienacin innecesaria (irreal en palabras de Hegel) es rebasada por la auto-conciencia (por el pensamiento de s como principio constante de transformacin). La innecesariedad de la alienacin particular es, inextricablemente, su irracionalidad, ya que el sujeto eleva su pensamiento a auto-figurarse en otra alienacin; en la alienacin actualizada (necesaria ya, real). Y como tal alienacin se manifiesta conformando su mundo a imagen del alcance de ese concepto que se piensa a s mismo y que por ende va producindose. Es decir, va haciendo la historia al hacerse y va hacindose, auto-trascendindose, inmerso en una objetivacin histrica tras otra hasta consumarse a s como Espritu y consumar la Sociedad Civil en calidad de su propio medio.

[22] Pero que tuvieron tambin una vertiente motriz interna comunitaria aldeana, siendo procesos que supusieron intentos campesinos por dar respuesta a necesidades sociales en desarrollo y en complejizacin, ya in-abastecibles desde una economa puramente natural en el sentido de Marx, y resolubles, en cambio, slo desde ampliar en sentido cualitativo el papel desempeado por la mercanca. Esta ltima, cuya Categora haba permanecido prcticamente reservada a un producto sobrante aparte de aquella conexin directa natural entre producto y consumo, va consolidndose poco a poco en cualidad de forma-producto (y no ya forma-plusproducto).

Es curioso (pura dialctica de la historia) comprender cmo la subsuncin paulatina del orden comunitario aldeano bajo la racionalidad del capitalismo mercantil, fue en cierto grado una consecuencia reactiva de la extensificacin e intensificacin de la feudalidad. Muchas comunidades, en mantenimiento de relaciones especficas tributarias o bien de rendimientos peridicos o puntuales de trabajo para con un Seor, se vieron obligadas a tributar en moneda, hecho que aceler la diseminacin de la llamada produccin domstica (o domestic system) en el campo.

Tambin hay dialctica en el hecho de que, en la feudalidad tarda, no son pocos los Seores que tratan por su mano de agudizar, extender y brutalizar las relaciones feudales de produccin como medio catalizador en su auto-conversin a burguesa terrateniente, acumulando, por va de afirmar su viejo orden, toda una masa de proto-capitales (tierra, pastos, moneda, Fuerza de Trabajo, medios y factores de produccin como prensas, almazaras, molinos, ganado, masa forestal, canteras…).

[23] Que queda circunscrito, en el ejemplo de arriba, a una escala de meros procesos en la historia.

[24] Entindase lucha en un sentido amplio: en el plano ideolgico, econmico, poltico-militar y territorial, jurdico, etc.

[25] Es decir, consciencia de que la contradiccin principal que deba afrontar, en la perspectiva de darse salida histrica como clase, era la de demoler una organizacin social de la produccin que la alienaba de consumar sus necesidades de clase, en expansin stas pero, precisamente debido a ese desarrollo suyo, en antagonismo insalvable con la pervivencia de la vieja sociedad y de su caracterstico ordenamiento poltico.

[26] En cada periodo de la historia, la humanidad slo se plantea las tareas que puede realizar (Marx). Pero, a qu obedece esta Constante?. A que, en rigor, tanto el hecho de hacerse pensable la tarea, as como el planteamiento motivacional de la misma, no son ni ms ni menos que la expresin ideal correlativa a unas fuerzas materiales cuya forma de estar trabajando por su propia afirmacin es a travs del sujeto, la iniciativa de quien, aunque supuestamente autnoma y separada, es parte en esta dialctica de la desenvoltura de unas fuerzas en propia capacitacin.

[27] La violencia es la partera de la historia (Marx).

[28] Como elemento al interior de las distintas estructuras que conforman el Modo de Produccin: ideolgica, poltico-jurdica, productiva…

[29] Entindase Lgica hegelianamente hablando: como integridad de partes en unidad dinmica e inmanente de auto-transformacin.

[30] Tanto en el Levante mediterrneo, baado por el Orontes, el Barada, el Jordn…, como en el llamado Creciente Frtil mesopotmico, la gnesis de la nocin de Dios entre los primeros agricultores (El, Il, etc. en el Levante y En, An…, en Mesopotamia) se debe a la aparicin objetiva de la naturaleza climtica y celeste como gran Fuerza Productiva material de la que dependa la vida neoltica. El primer Dios monotesta fue, en dicho contexto, la Fuerza Productiva; sntesis armnica que en s reuna al Hadad (Principio de vida, de fecundidad, de afloramiento) y a Mot (Principio de muerte, de desecacin, de consumicin). Sin la fuerza compensatoria o limitativa de Mot, el propio Hadad, paradjicamente y por su propio exceso, no es fecundo, sino destructor. Piense el lector en la tempestad que arruina los cultivos o provocadora de inundaciones, o en el vendaval que arranca a los terrenos de su estabilidad, y, con ellos, se lleva por delante la sujecin de lo plantado.

El sol fue pensado como uno de los concretos o auto-concreciones de Dios por antonomasia, reuniendo en s a la substancia de afloramiento (fertilizante, nutriente, fotosntesis, foto-tropismo positivo de las plantaciones y de la flora) tanto como interferido por el Principio divino de la extincin (Mot en tanto que noche, oscuridad, nubosidad, declive diario de la luz), anttesis sin la que el Hadad solar abrasa, marchita, deshidrata la materia, desertiza. Lo mismo se aplica para el agua, otra auto-concrecin de El.

[31] Tal y como la comunidad campesina bajo el Modo de Produccin hidrulico (incaico o asitico) est alienada de determinadas cantidades de plusproducto; el esclavo est alienado respecto de su propia fuerza productiva y actividad social; el siervo respecto de la tierra, de ciertos Medios de Produccin a gran escala (aceite, harina…) y del tiempo de plustrabajo.

[32] Interdependencia dinmica estudiada por Hegel como dialctica del Amo y el esclavo.

[33] Y no me refiero aqu, obviamente, a la otra gran clase salarial: la aristocracia obrera.

[34] Phenomenon significa en griego clsico apariencia pero no como falsedad o falsa impresin, sino en un sentido de ser lo visible, de imagen, aparicin, manifestacin de una esencia, formando parte de ella pero NO siendo ella en s.

[35] Contrariamente a la clase de los Equites (o Caballeros) bajo el esclavismo, o al caso de la burguesa bajo el feudalismo.

[36] El proletariado no tiene ms que sus cadenas que perder (Marx).

[37] Comprndase cmo Marx, en el fondo, est tocando esta cuestin diametral cuando aborda, en La cuestin juda y contra la socialdemocracia alemana incipiente, las ideas burguesas de libertad religiosa, libertad del Estado, la burguesa libertad de conciencia (abstracta), libertad poltica, libertad del citoyn, Derechos Humanos, la hegeliana sociedad civil, etc. Marx analiza estas libertades en trminos de libre discurrir de estos productos alienados sobre sus productores humanos sujetos a los mismos. Es el caso de la idea de Estado poltico (no religioso), como proyecto de Estado al fin des-sujeto a la Iglesia (librado de la misma) para consumar as su propia substancia de aparato de poder independiente.

[38] Obviamente dejo aqu fuera, por ser harina de otro costal, a la esclavitud cuando sta se integra, como relacin productiva concreta, en el Modo de Produccin capitalista y en su racionalidad acumulativa por medio de la mercantilizacin capitalista de las cosechas, tal y como ocurri con los Estados sureos norteamericanos a partir de cierto periodo. Este proceso cambi cualitativamente la relacin del Amo -ya capitalista- con sus esclavos. El primero no dudaba en golpear al esclavo y as hasta matarlo, si comprobaba su rendimiento insuficiente de cara a realizar la acumulacin ampliada de Capital en un marco ya de competencia entre plantaciones que haban devenido en Unidades productivas empresariales.

[39] Por supuesto, la tasa de suicidios entre los esclavos antiguos era elevada, al punto de que la Sociologa clsica incluye, en su ms renombrada Tipologa (mile Durkheim, El suicidio), la Categora de suicidio fatalista designando el suicidio causado por una conciencia de total impotencia para torcer el curso de una realidad tan alienada como aplastante.

[40] La etimologa latina de fatalismo parece remontarse a la dualidad entre fatum (fatal, de cumplimiento inevitable) y factum (hecho). El fatalismo sera, pues, la sumisin a los hechos o su aceptacin contemplativa, al ser tomados por fatalidad irremediable. Ntese que la aceptacin no tiene por qu significar pasividad, sino que puede traducirse en posturas muy activas, adaptativas, luchadoras, encaminadas a extraer provecho, etc., del factum.

[41] Segn el esquema de divisin del plusvalor mercantil en ganancia industrial, inters bancario y el citado beneficio comercial. Sobre las implicaciones de esta composicin y su desarrollo de proporciones correlativo a las leyes de la Acumulacin ampliada de Capital, lase Marx, El Capital.