Como en tantas otras ocasiones, tras la tormenta de informaciones con las que nos han bombardeado estos días sobre el ataque químico en Damasco, comienzan a aflorar análisis, pruebas y declaraciones que hacen caerse a todo el tinglado que han armado contra Siria para justificar una nueva escalada de los ataques, a tenor de las enormes pérdidas que al Qaeda y sus aliados están sufriendo en todos los frentes de la guerra. Como decía un colega esta misma mañana, «apenas si he estudiado el caso, pero es muy fácil: ¿a quién beneficia lo sucedido?, pues esos son los culpables, no te compliques más».

Os dejo esas pruebas y enlaces en plan resumido, pero podemos ir ampliándolas en los comentarios a requerimiento explícito:

Todo indica que, para cambiar el curso de la guerra, viendo ya el fin muy cerca, los rebeldes, en connivencia con los países agresores, han montado una nueva supuesta catástrofe humanitaria para inculpar al gobierno de Assad y provocar una intervención directa de las fuerzas de la OTAN. Grabaron unos vídeos con actores como han hecho otras veces, con cadáveres asesinados por ellos mismos de entre fieles al gobierno del país como en la matanza de Houla y cometieron ellos mismos una masacre química aunque mucho menor de la que anunciaron a los medios. ¿Por qué entonces hicieron el montaje? Pues muy fácil, porque si atacan a una zona civil con armas de este tipo, iba a ser muy difícil contar con grabaciones para alarmar a la población mundial y engañarla con escenas dantescas manipuladas por ellos mismos. Más aún, si el ataque se produce sobre un barrio civil con población no evacuada, estaría bajo control del gobierno, por lo que sería imposible grabar vídeos con total libertad para vender su mensaje propagandístico en favor de la intervención occidental. ¿Cuál ha sido el problema? Pues ya lo hemos visto, desde la anticipación de los del comando YouTube, hasta las escasas dotes interpretativas de los actores elegidos, mucho más versados en el manejo del cuchillo de cocina que de las agujas hipodérmicas.

No obstante, como en el caso de las armas de destrucción masiva de Irak, la mayoría de los medios siguen a pies juntillas la versión de los terroristas de al Qaeda y quienes les apoyan desde occidente. La opinión pública mantiene el esquema rebelde pues la unánime presión de la opinión publicada es irresistible. De momento, desgraciadamente, sólo la determinación rusa parece que podría parar la ola bélica y dar así tiempo para que la verdad fluya y pueda llegar a una masa crítica suficiente para contrarrestar la verdadera invasión de propaganda que nos cuelan impunemente hasta el salón de nuestra casa.