Qalamun

La crisis desatada por el golpe de estado neonazi en Ucrania, la reunificación de Crimea con Rusia y las posteriores reivindicaciones independentistas y federalistas en el sureste del país, han desplazado el punto de mira de las secciones internacionales de la prensa de Siria a Europa del Este. Como hemos sostenido, no dejan de ser dos caras de la misma moneda, dos escenarios de lucha geopolítica donde Estados Unidos trata de frenar la aparición de una nueva potencia mundial —o un conjunto de ellas— que puedan enfrentarse a la hegemonía unilateral que todavía ostenta el imperio en el control de los recursos naturales del planeta. Alrededor de mil bases militares en el extranjero, un par de ellas en nuestro propio país, sirven a esos intereses espurios de confrontación contra cualquier estado que trate de mantener la independencia frente al gigante y hacer uso de la soberanía que, por derecho, le corresponde como país.

No es casual que Rusia conservara desde los tiempos de la URSS instalaciones militares en Sebastopol (Crimea) y Tartus (Siria) y ambos países se hallen envueltos en sendas «revoluciones» orquestadas desde el exterior movidas por las mismas manos. Tampoco es casual que los peones de las revueltas hayan sido lo más execrable de las sociedades de aquellos países y de todo el mundo, la extrema derecha neonazi y la «extrema derecha» yihadista, cuyos papeles se ha mantenido más o menos ocultos mientras les ha sido posible, sobre todo al inicio de las revueltas.

Como decía, la agresión a Siria ha pasado a un segundo plano mediático a pesar de que los actuales acontecimientos en el plano bélico tienen una importantísima relevancia para el futuro desarrollo de la guerra. Como resumen de la situación, basta reproducir las palabras del presidente Assad, que augura que las operaciones militares finalizarán este mismo año, aunque también reconocía que muchos terroristas seguramente permanecerán por más tiempo en el país tratando de desestabilizarlo con ataques puntuales.

No es para menos, los avances en los distintos frentes son indiscutibles y así lo reconocen los mandatarios occidentales, que ya no ocultan que deberán admitir su incapacidad para derrocar al actual presidente, que se postulará como candidato en las elecciones que se celebrarán en la primera mitad de este mismo año. Con el actual apoyo popular de Bashar al Assad, incrementado conforme la guerra ha ido avanzando cuando la población conoció quiénes eran los verdaderos instigadores de la misma y quiénes eran los peones movilizados para ejecutarla desde decenas de países de todo el mundo, las elecciones serán un paseo para el Baaz. Y ello teniendo en cuenta que, tras la última reforma constitucional, por primera vez habrá libertad para inscribir cualquier partido político que cumpla unos mínimos democráticos.

Veamos someramente cómo van cada uno de los frentes de guerra. En primer lugar hay que destacar las indiscutibles victorias en el área de Qalamún, en el oeste del país junto a la frontera libanesa. Desde la caída de al Qussayr, esta región montañosa de complicada orografía era el lugar empleado para el traslado de mercenarios, armas e insumos desde el Líbano. La victoria final, lograda en Yabrud tras una operación magistral de inteligencia, con el inestimable apoyo de Hezbollah, ha cerrado prácticamente estas vías de aprovisionamiento y ha infringido gravísimos e irreversibles daños a los grupos terroristas que operaban en la región.

Tras el duro golpe encajado, el frente del norte (NO) se ha activado para intentar proporcionar alguna victoria a las debilitadas filas de los yihadistas, necesitadas de activar la moral perdida durante los últimos meses. Para ello, se movilizaron todas las fuerzas «rebeldes» de la región e incluso llegaron desde el sur y de Jordania a través de un puente aéreo montado con apoyo norteamericano. En la provincia de Latakia se acumularon miles de efectivos y llegaron a tomar la iniciativa durante algunos días conquistando algunos puestos de observación, varias poblaciones e incluso algún monumento tan reconocido como el Krak de los Caballeros. Curiosamente en los vídeos publicados en los portales yihadistas para celebrar esas victorias se podían reconocer fácilmente quiénes eran los líderes de las milicias, básicamente chechenos y saudíes, lo que da una idea de la verdadera dimensión externa de la «revolución» siria.

El contraataque del ejército regular y las milicias que lo apoyan fue absolutamente feroz. Se habla de alrededor de 2.500 muertos y 5.500 heridos entre las fuerzas opositoras. Algunas de ellas, como el grueso de los mercenarios de las Brigadas de Liwa al Tawhid, venían directamente desde Alepo, la capital del norte, que ha quedado bastante a merced del Ejército Árabe Sirio y ha retomado ya el 80% de la ciudad. En esta zona, las operaciones se tornan más complejas, ya que la frontera turca sigue siendo un coladero de terroristas y, en los últimos tiempos, cuentan con el apoyo de la artillería pesada, los blindados de Erdogán e incluso de las baterías antiaéreas instaladas en la frontera, que impiden que la aviación siria ataque a los yihadistas infiltrados en su propio territorio ante la vergonzosa pasividad de la ONU y la complicidad de la OTAN.

El presidente turco ha intentado por todos los medios internacionalizar el conflicto implicando a la Alianza Atlántica, ha llegado incluso a derribar a algún caza sirio dentro de las fronteras de Damasco, pero hasta la fecha en Siria han evitado caer en provocaciones que podrían conllevar graves consecuencias postreras. Por ahora se han limitado a denunciar los hechos y sobre el terreno a marcar con sus baterías a los cazas turcos sin llegar a apretar el botón. En el terreno de las relaciones públicas, tampoco le va demasiado bien a Turquía. Un reciente reportaje de investigación acusa directamente a este país del ataque con gas sarín en las cercanías de Damasco en agosto pasado. No contentos con eso, ahora están intentando montar otra operación de bandera falsa similar, como han denunciado los mandatarios sirios manejando información de inteligencia.

Pero donde han pisado realmente arenas movedizas ha sido en el ataque de los terroristas procedentes de Turquía a la aldea de Kassab. Los fusilamientos de cristianos armenios han puesto de pie a la comunidad armenia de Estados Unidos y han obligado incluso al Departamento de Estado a denunciar los actos de sus mercenarios en Siria. Personas tan mediáticas como Cher o Kim Kardasian, ambas de origen armenio, han denunciado las matanzas y se han apuntado a hahstags de apoyo a Assad en las redes sociales. Pero lo peor para ese frente puede ser el envío de una fuerza de combate desde Armenia de 1.500 hombres, entre los que se encuentran al menos 300 «cazadores de ciervos», el temido cuerpo armenio de operaciones especiales, que se unirán a los milicianos de Hezbollah y a los militares del EAS en las operaciones en los terrenos fronterizos con los criminales turcos.

Ya en los alrededores de Damasco, una vez controlado el Qalamun, el ejército sirio ha iniciado una ofensiva en Guta que acaba de iniciarse mientras en el frente sur, según la prensa de inteligencia hebrea, se prepara un contingente importante para recuperar los terrenos del Golán ocupados por terroristas apoyados desde Israel en el que se han unido milicianos chiítas llegados desde Irak. En cualquier caso, son temas futuribles que trataremos a su debido momento.