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Ya han pasado varios días desde la gran victoria del presidente Bashar al-Assad en las elecciones presidenciales sirias y es momento de hacer balance de lo acontecido y analizar cuál puede ser la evolución futura de la crisis que occidente y sus aliados han generado para desestabilizar a este país de Oriente Medio.

Lo sucedido no debe sorprender a nadie, las encuestas informales que EEUU barajaba sobre las preferencias electorales del pueblo sirio antes de las presidenciales no distan mucho de los resultados reales que se han obtenido en las urnas. Por eso la primera estrategia de occidente frente al plebiscito ha sido la de desprestigiar la convocatoria con argumentos peregrinos o que ellos mismos no aplican en otras situaciones donde en teoría el resultado a priori les puede convenir, como es el caso de Ucrania, donde se admite sin más unas elecciones presidenciales que coinciden con operaciones de guerra en algunas partes importantes del país.

La presencia de observadores internacionales de varios países, ha garantizado la transparencia y veracidad de los resultados, hoy por hoy indiscutibles. Hasta la prensa corporativa de todo el mundo ha tenido que reconocer ampliamente lo que algunos dirigentes de occidente no se han atrevido a afirmar: que el triunfo de Assad no tiene paliativos y que su apoyo trasciende las minorías religiosas en las que —se nos decía— basaba su poder. Ya con las interminables colas de refugiados que se formaron en países como Líbano para apoyar al actual presidente, días antes de las comicios en suelo sirio, se pudo predecir cómo sería el resultado final. Si los expatriados «en libertad» apoyaban tan claramente al actual gobierno ¿qué no harían las personas que siguen en Siria y que su propia vida depende de la derrota de EEUU y al Qaeda

A pesar de no haber reconocido el resultado electoral, como marca el guión previsto de antemano, en occidente saben que hoy Siria ya no es como ayer. El país ha efectuado las reformas constitucionales que —supuestamente— pedían los «rebeldes» y se han realizado las primeras elecciones multipartidistas de la historia del país. ¿Qué puede suceder ahora?

Obviamente los enemigos de Siria no van a cejar en su empeño de derrocar al legítimo presidente del país. Estados Unidos acaba de reconocer que, contrariamente a lo que decía, no ha parado de suministrar ayuda letal a los militantes «moderados», esos mismos que inteligencias como la francesa han declarado que no existen. Curiosamente, hace unos pocos días uno de los hombre fuertes de la nueva Libia atlantista reconoció que no fue el gobierno de Gadafi quien disparó contra los manifestantes en Bengasi, lo que justificó la intervención extranjera para derrocarle. A pesar de que la situación es perfectamente equiparable y que sabemos que jamás existió una revolución popular en Siria contra su gobierno, ni EEUU, ni Arabia Saudí, ni Francia, ni Turquía… van a dar por perdida su guerra. Van a seguir captando, entrenando, armando y enviando a la muerte a miles y miles de terroristas de decenas de nacionalidades. Sin embargo, enfrente tienen a un ejército cada vez más preparado, mejor armado y ya habituado a enfrentar las tácticas de la guerrilla takfirí. La inestimable ayuda de Hezbollah, junto a la de las milicias populares sirias e iraquíes, con el apoyo material y diplomático de Rusia, hacen prácticamente imposible una victoria militar de la oposición. La auténtica guerra civil que mantienen los yihadistas entre sí y con los restos del Ejército Sirio Libre sólo refrendan el proceso de descomposición en el que se encuentra la oposición.

El desánimo ha cundido entre los terroristas. Como en Homs y en otras ciudades de los alrededores de Damasco, prefieren huir o rendirse pactando una salida negociada a luchar contra el Ejército Árabe Sirio, sabedores de una segura derrota. La frontera con Líbano está prácticamente controlada. El cerco a Aleppo se cierra desde el sur y desde el este. Jordania está aterrada ante la posibilidad de tener en su suelo a miles de terroristas de al Qaeda y ha manifestado la intención de dejar de jugar al peligroso juego de Estados Unidos e Israel. Los planes de lanzar un gran ejército desde la frontera jordana hacia Damasco parece que han fracasado definitivamente. No falta mucho para que la práctica totalidad del país se encuentre bajo el control de su gobierno, pero aún deben quedar más de cien mil combatientes con capacidad de hacer daño durante algunos meses.

Desde el punto de vista político y diplomático, tras el fracaso de Ginebra-2 y la renuncia de Brahimi como enviado especial de la Liga Árabe y la ONU, puede que algunos se planteen una tercera ronda de negociaciones. Sin embargo, tras la victoria electoral y las victorias militares, las exigencias del gobierno de Assad serán mucho más elevadas que las anteriores, por lo que es improbable que puedan ser asumidas por una oposición fundamentalmente extranjera, sin vinculación alguna con la realidad siria y sin apoyos dentro del país.

Por otra parte, varios países árabes se plantean reabrir embajadas en Damasco. En Europa y EEUU, el miedo atroz a los retornados de al Qaeda en su propio suelo les está forzando a colaborar con Siria para identificar y neutralizar a posibles terroristas, esos mismos que no han parado de enviar como mercenarios de su guerra. Hasta los palestinos que vendieron a Siria por las monarquías del Golfo están volviendo al redil. Rusia está comprometida con acabar con los terroristas chechenos que participan en la guerra contra Siria, a pesar de que muchos están volviendo su atención hacia Ucrania. El nuevo Egipto, un país referente en el mundo árabe, ha dejado de enfrentar y amenazar a Siria, de hecho, el alzamiento militar se produjo justo después de anunciar que Morsi entraría en guerra contra Assad. Los deseos de negociación rusos y de mediación ante Estados Unidos se han desecho por mor de la injerencia occidental en Ucrania.

Sólo cabe esperar una victoria completa de Siria frente a sus agresores y una reorganización de las fuerzas en Oriente Medio. 3 años de agresión internacional no han servido para doblegar al eje de la resistencia, todo lo contrario, lo han fortalecido en todos los planos posibles. A partir de este momento, nada será igual en la región.