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El analista internacional, Juan Luis González Pérez, cree que Kiev trata de impedir la llegada de ayuda humanitaria al este de Ucrania porque ello contradice su estrategia militar, en la que usa a la población para sus intereses.

Las ideas que traté de desarrollar en la pasada entrevista fueron las siguientes:

Si Rusia consigue aliviar, aunque sea momentáneamente, el sufrimiento de la población del Donbás, el gobierno de Kiev quedaría mucho más cuestionado de lo que ya está en el este y el sur del país. Si mientras Kiev envía bombas, muerte y destrucción, Rusia manda alimentos y medicinas, el golpe diplomático sufrido sería muy difícil de asumir por el gobierno fascista de Ucrania.

Al gobierno de Kiev no le interesa la situación humanitaria del este de Ucrania. De hecho está usando el castigo colectivo a la población del Donbás como arma de guerra con la intención de que dejen de apoyar masivamente a sus milicias, algo que está prohibido expresamente por las leyes internacionales. Por eso, aliviar la situación de su pueblo, contradice su estrategia y van a hacer lo posible porque las medicinas y los alimentos no lleguen a su destino. Ellos persiguen la limpieza étnica de la región, no la integración de la población en un proyecto común.

El responsable último de evitar una catástrofe humanitaria en Ucrania es su gobierno, pero dado que ha adoptado el papel de verdugo de su propio pueblo es improbable que vaya a hacer nada más que actuaciones cosméticas. Pero lo peor es que Kiev cuenta con el apoyo de la mal llamada comunidad internacional, por eso no puede esperarse tampoco nada de organismos como la ONU, ya que están apoyando las masacres de civiles sin que se les oiga ni una sola palabra de condena.

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