Decía Carlyle que si enseñas a un loro a decir «oferta y demanda», ya tienes un economista. Parafraseando al filósofo escocés, si oyes repetir una y otra vez a un humano –como si de un auténtico loro se tratase– «libertad de mercado», seguro que estás ante un liberal. Los liberales proliferan en la web y en los medios corporativos de la derecha. Su cantinela mántrica es que el capitalismo sin trabas es capaz de crear riqueza ilimitada que percola hasta llegar a todos los niveles de la sociedad, de arriba a abajo.

Defienden que el pago de impuestos es poco menos de un robo a mano armada cuyo montante será gestionado por administraciones ineficientes que no aportan nada a la sociedad y que en todo caso suponen un lastre para el desarrollo económico de los pueblos. Su paradigma es Estados Unidos, no lo consideran el modelo perfecto, pero es lo más parecido a un sistema liberal que existe en el planeta y además puede ser el símbolo del éxito, no en vano es el país más poderoso desde el punto de vista económico y la primera potencia militar. La devoción de nuestros liberales patrios por los USA es tal que el logotipo de su red en internet es la propia estatua de la libertad, el mismo icono del imperio.

Pero en verdad nada está más intervenido que el sistema económico norteamericano. Es en estos momentos cuando se palpa con toda la crudeza posible que el capital necesita de un estado que le de cobertura y salga en su ayuda una y otra vez con los impuestos de todos. Y no sólo para abrir nuevos mercados mediante el uso de la guerra, algo que los autodenominados liberales no quieren ver y no quieren que veamos so pena de que les desacralicemos su artificioso chiringuito, sino también del indispensable papel que juega el estado para arreglar los desaguisados provocados por el propio funcionamiento del modelo.

En los últimos meses hemos asistido a varias ocasiones en que la Reserva Federal y el Banco Central europeo, entre otros, han salido en ayuda de los grandes bancos afectados por un juego de economía virtual que han metido al mundo en la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Lo de las subprime ya no se lo cree nadie, se ha inyectado a los mercados mucho más dinero del prestado en hipotecas basura y todo sigue igual o incluso peor. La crisis tiene mayor alcance de lo que nos han hecho ver hasta la fecha, tiene que ver con los enormes déficit acumulados durante los dos gobiernos consecutivos de los republicanos, tiene que ver con el desmesurado gasto en defensa, tiene que ver con el fiasco de las invasiones de Irak y Afganistán, con el precio y el cenit del petróleo, con la opacidad de los mercados, con la ingeniería financiera o con la contabilidad creativa…

Es como si la llamada economía fantasma norteamericana se hubiera comportado como un vampiro que no ha resistido un mínimo atisbo de luz solar. Ya nadie confía en ella, los dólares son cada día que pasa poco más que papel mojado, algunos representantes de la derecha financiera gringa han pedido que las transacciones petroleras se realicen en euros para parar la escalada sin fin de su precio, incluso el poder omnímodo en el que se asienta el liderazgo económico ha sido puesto en entredicho por fuerzas irregulares y mal pertrechadas en varios países subdesarrollados. Algunos analistas pronosticaron que el definitivo declive del imperio comenzaría cuando el cambio con respecto al euro se situase en torno a 1-1,7. Ese momento parece cercano, hoy mismo se anuncia que Bernanke podría bajar los tipos hasta el 0% si fuese necesario para salir de la recesión. Mientras, el BCE no da muestras de hacer lo propio, al menos no se espera una bajada del precio del dinero hasta el 2º trimestre, lo que significa que el euro romperá esa barrera en pocos meses (hoy ya se cotiza a 1,577). Ya queda menos para comprobar si tenían razón…