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La campaña mediática en nuestro país contra Venezuela, no sólo no cesa, sino que aumenta de intensidad cada día que pasa. La República Bolivariana se ha convertido —la han convertido— en cuestión de estado y en asunto de primer orden de la prensa en el estado español. Podría pensarse que es cuestión de pura cercanía, de lazos ancestrales… pero un simple vistazo a lo que sucede en nuestros medios con el resto de países latinoamericanos, basta para entender que no es así, que es mucho más que eso. ¿Qué tiene de especial este país? Es bien fácil darse cuenta de que es un estado petrolero que, además, es el pilar del socialismo del s. XXI en Latinoamérica. Venezuela abanderó —con el permiso de Cuba— un nuevo proceso libertador que ha tenido un exitoso contagio en la región. Estados Unidos hace mucho que desea cobrarse la pieza venezolana y, desde hace meses, está inmerso en un proceso desestabilizador contando con el inestimable apoyo de quintacolumnistas de todo tipo reclutados especialmente dentro de la oligarquía caraqueña, que no puede asumir que su gobierno esté orientado mayoritariamente a los más desfavorecidos.

Pero, no cabe duda de que, además del seguidismo en política exterior a los intereses norteamericanos, hay otros motivos de índole interna que están centrando el foco de atención de manera maliciosa sobre Venezuela. Se trata, obviamente, del ascenso de Podemos en las encuestas que los sitúan como primera fuerza política en intención de voto y en voto estimado en las próximas generales que se celebrarán presumiblemente en noviembre. El compromiso con los procesos revolucionarios bolivarianos de los líderes de Podemos es de sobra conocido, ahí están las videotecas para comprobarlo. Sin embargo, ahora abjuran de él e incluso lo cuestionan en público en una deriva de pura domesticación, descafeinamiento o mímesis con la opinión pública mayoritaria, que no es otra que la opinión publicada por unos medios privados que responden a intereses económicos más que a los informativos. Se equivocan. En vez de hacer pedagogía y contar lo que la prensa canallesca no se atreve a hacer, aún con la dosis de crítica que sea necesaria, reconociendo que no hay sistemas humanos perfectos, prefieren los lugares comunes vacuos y el refugio en la masa para arrancar algún voto de gente despistada.

El sólo mantenimiento del voto en el Parlamento Europeo con toda la izquierda parlamentaria digna de ese nombre en el viejo continente ha vuelto a ser usado torticeramente para atacar al proyecto que encarna Podemos. Ver un círculo acusador sobre la cabeza de Iglesias en el momento del voto coordinado de todo el sector de izquierdas europeo contra la iniciativa popular de condena a la República Bolivariana es vergonzante, sobre todo cuando sucede en un medio supuestamente progresista. Que IU o ERC votaran también contra la iniciativa no parece molestar a nadie, entra dentro de los cálculos de la oficialidad, pero que lo haga Podemos parece todo un crimen. Sin embargo, aún entendiendo esa presión tan duramente ejercida, lo que no es admisible desde el punto de vista político e intelectual, es ver balbucear luego a los dirigentes de la formación violeta tratando de explicar un voto con argumentos peregrinos para no molestar a nadie.

La ambigüedad calculada es un error de cálculo, como el tacticismo político es siempre una mala táctica. La gente siempre prefiere el original a la copia. Y para izquierda descafeinada ya tenemos al PSOE. Podemos, desde la artificiosa irrupción de Ciudadanos ya apenas puede aspirar a pescar en los graneros tradicionales de la derecha. Eso, entre otras cosas, es lo que ha pasado y les ha pesado en Andalucía. La idea de un frente horizontal de indignación para cambiar las estructuras tardofranquistas es atractiva, pero cuando está liderada invariablemente por gentes de larga trayectoria en la izquierda se antoja un trampantojo de corta vida. Cuando te cuentan el secreto de un truco de ilusionista, la magia se torna rápidamente en engaño. No se entiende la tozudez en mantener postulados antinatura que requieren de grandes dosis de explicaciones inexplicables, entre otras cosas porque decepcionan a su base potencial de votantes y simpatizantes.

No sé a qué esperan a decir que Venezuela es una democracia, que su sistema electoral es uno de los más sólidos y avanzados del mundo, que cuando un opositor es encarcelado por participar en un golpe de estado no es un político sino un delincuente, incluso un asesino en potencia. No sé qué esperan a decir que los opositores asesinan a dirigentes políticos del gobierno, que la inmensa mayoría de los muertos en los disturbios del país son afines al gobierno, ejecutados por matones opositores y por paramilitares colombianos. No sé a qué esperan de decir con la boca llena que en Venezuela hay libertad de prensa y que no se cierran medios de comunicación. Todo lo antedicho es fácilmente contrastable usando fuentes de información no manipuladas o guiadas por intereses espurios.

Para desmontar tanta falacia, Podemos debería denunciar las burdas manipulaciones por ejemplo, que hemos visto días atrás con el episodio del programa «En Tierra Hostil» que trataba sobre Venezuela. Todos damos por hecho un cierto sesgo en los «programas de investigación» dependiendo de la filiación del medio en cuestión, pero cuando te pillan con el carrito de los helados, es necesario exigir rectificaciones, sobre todo cuando por las fechas de emisión, el fraude iba directamente dirigido a la cabeza de Podemos. Sin embargo, la dependencia mediática del partido es tal que sabemos que jamás osarían poner en duda la profesionalidad de los manipuladores de Antena 3 TV.  El ridículo que han protagonizado debería estudiarse en todas las aulas de periodismo del planeta. No ya por el resultado en sí, tanto o más sesgado que cualquier otro de los productos enlatados a que nos tienen acostumbrados, sino por el espectacular destape que la cadena pública VTV ha logrado desenmascarar, sobre todo con la confesión del making off relatada por una de las «espontáneas» protagonistas del reportaje.

Ni que decir tiene que, la postura expresada por Izquierda Unida en torno a este tema, es mucho más coherente, valiente y sensata que los falsetes chirriantes de Podemos. No soy politólogo, ni tampoco miro estudios de opinión para no salirme del guión y ser políticamente correcto, pero sí tengo una cosa clara: las simpatías hacia Podemos pueden erosionarse con actitudes de este tipo. En estos procelosos tiempos que vivimos no hay sitio para la ambigüedad y menos si se corresponde con cálculos demoscópicos de oportunidad. Personalmente, no deseo que Podemos pierda su empuje, pero tampoco que trate abiertamente de engañarme con trucos de prestidigitación en mis narices.


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