frontex

Como era previsible, los golpes de pecho de Mogherini y de buena parte de los mandatarios europeos se han quedado slo en eso, en declaraciones vacas para acallar conciencias, para hacer creer as a la opinin pblica que la Unin Europea sigue siendo el faro de la civilizacin en el mundo. Hoy mismo ya costaba encontrar en los peridicos algn titular prominente relacionado con la catstrofe humanitaria acontecida en el Canal de Sicilia das atrs o con la cumbre celebrada en Bruselas para afrontar una crisis que ya se ha cobrado alrededor de 2.000 personas slo en lo que va de ao.

Basta echar un vistazo a los trminos filtrados del acuerdo de Bruselas para darse cuenta de que la vieja Europa ha optado por levantar an ms sus muros fronterizos y encerrase tras ellos dejando que los ms desfavorecidos se pudran en los pases saqueados por decenas de aos de colonialismo y neocolonialismo. En vez de adoptar medidas para acabar conlos motivos que impulsan la necesidad de migrar, en vez de atacar las verdaderas races de los problemas en su lugar de origen, la hipocresa europea se centra en acciones sobrevenidas, en soluciones militares o policiales, de ndole represiva. Ni una medida destinada a solucionar los conflictos que propician las oleadas de inmigrantes, ya sean de ndole econmica, poltica o de seguridad.

Destruir las embarcaciones usadas para acceder a Europa parece ser la idea estrella surgida de las mentes de nuestros dirigentes, una ocurrencia peregrina digna de polticos mediocres e ignorantes, que son los que llevan las riendas de esta triste Unin. Pero las desgracias nunca vienen solas, a esta salvajada se le une el control de los inmigrantes mediante la toma de huellas dactilares, las devoluciones forzosas de la inmensa mayora de aquellos que logren llegar al viejo continente, la recopilacin de datos de inteligencia de migrantes y contrabandistas en pases emisores o que sirven de escala en los viajes y cosas as, todas de corte inhumanoal ms puro estilo colonial.

Ninguna de estas medidas disuadir a aquellas personas desesperadas por huir de una situacin de guerra o de hambruna de intentar dar el salto. Si no disponen de barcos pesqueros, lo harn en cayucos, en zodiacs, en pateras, sobre cmaras de ruedas de tractores o en barcas de juguete playeras. Nada los detendr, hay ejemplos sobrados de ello en todas las fronteras exteriores de la UE. Este tipo de catstrofes se repetirn una y otra vez ante la inaccin y la inoperancia de occidente. Por aquello de la cosmtica y la humanidad, se incluir alguna tmida accin para facilitar la solicitud de asilo y para mejorar la eficacia del Frontex en la interceptacin de barcos antes que puedan hundirse, pero poco ms, eso es lo que se ha conocido.

Ni una palabra de autocrtica, ni una mencin a la responsabilidad europea en la destruccin de Irak, Libia o Siria, pases emisores de inmigrantes luego de que la OTAN, EEUU y naciones europeas pusieran sus zarpas sobre ellos. Ni una sola mencin al modo de estabilizacin de esos estados ahora fallidos con nuestra inestimable intervencin o al apoyo prestado al terrorismo usados como herramientas de caos supuestamente creador, para rehacer los mapas de Oriente Medio a medida de los intereses de Israel o Estados Unidos. Mientras que nuestros dirigentes no entonen el mea culpa por los desastres que han provocado y siguen provocando, mientras que no les pongan un decidido remedio, ninguno de ellos tendr derecho a quejarse de lo que sucede allende las fronteras sureas.

Lo que sucede en las costas europeas es como la venganza de los desheredados, una especie de justicia krmica. No se puede pretender apedrear un avispero sin que te piquen avispas. Europa tiene que hacerse cargo de los desaguisados que provoca. Por muy altos que levanten los muros exteriores del continente, no vamos a conseguir ser inmunes al veneno que hemos ayudado a producir. No hay fronteras, frontexs, concertinas o vallas que puedan detener a seres humanos con la decidida intencin de escapar de la muerte, de la hambruna o de la guerra en sus pases de origen. Pero claro, pretender que los miopes dirigentes europeos entiendan esto con su visin cortoplacista de la historia es poco menos que imposible.