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Dicen que las bestias heridas suelen dar sus dentelladas más peligrosas. Eso es lo que sucedió días atrás en la ciudad de Cádiz, donde el grupo popular del ayuntamiento de Cádiz otorgó, ya en el tiempo de descuento de su mandato, el premio Libertad Cortes de Cádiz a López Mendoza, María Corina Machado y Antonio Ledezma, tres representantes de la extrema derecha venezolana, de vocación golpista, antidemocrática.

Este triplete de quintacolumnistas, entregados en cuerpo y alma a la destrucción del país, tienen la vana esperanza de ver algún día recompensada su alta traición. Su triste premio serían algunas de las migajas que cayeran del festín imperial con los recursos naturales de Venezuela, si es que lograran entregarla algún día, en bandeja de plata, a su patrón del norte.

Como gaditano que soy, no puedo sino sentir una profunda vergüenza por esta decisión tomada por la alcaldesa de Cádiz, un regalo envenenado a la futura corporación municipal que hoy mismo ha tomado posesión, absolutamente indigno de la representante de un pueblo comprometido como ningún otro con la libertad con mayúsculas. La motivación de tamaño sinsentido es tratar de enturbiar la llegada al poder municipal, por primera vez en la historia reciente, de partidos con voluntad de representar el poder popular hurtado durante tanto tiempo por el régimen bipartidista postfranquista. No cabe duda de que la manifestación de alegría vivida esta mañana en los alrededores del Ayuntamiento de Cádiz, está a la altura de las celebraciones populares espontáneas que se han producido para festejar otros de los muchos cambios históricos acontecidos hoy mismo por toda la geografía del estado español. Y es que ver a miles y miles de personas gritando al unísono «el pueblo unido jamás será vencido» y jaleando al nuevo consistorio a ritmo de carnaval es algo que, sencillamente, no tiene precio.

La rancia y anodina extrema derecha que gobernaba en la mayoría de los ayuntamientos más importantes del país, que ha centrado parte de su campaña electoral del miedo a la llegada al poder de los «monaguillos de Maduro», ha querido propinar un nuevo varapalo a la izquierda en forma de un premio a la libertad que, por culpa de las ocurrencias de la viperina ex-alcaldesa, va a quedar más devaluado que nunca por el uso tan partidario y sectario que ha hecho de él. Y es que dar el premio Libertad Cortes de Cádiz a los golpistas venezolanos está a la altura de haberlo otorgado al narcopresidente colombiano y genocida Álvaro Uribe.

Por eso tenemos que pedir perdón a las hermanas y hermanos venezolanos. La desesperada y postrera acción de una resentida representante de la vieja casta política no representa a nada ni a nadie más que a ella misma y a su cada vez más reducido coro de palmeros ultraconservadores. Venezuela ha recibido inmerecidos ataques sólo porque la izquierda de nuestro país, la de verdad, siente simpatía por los procesos emancipatorios bolivarianos. La sobreexposición mediática goebbeliana de Venezuela en nuestro país ha tenido más que ver con detener el avance de Podemos que con la situación real y objetiva del país. ¿Acaso nuestros medios han publicado en grandes titulares y a muchas columnas el reciente reconocimiento internacional de la FAO al éxito de las políticas de erradicación del hambre en Venezuela? ¿Han contado que la Gran Misión Vivienda Venezuela llegará al millón de casas entregadas este mismo año? Ni mucho menos, todo lo contrario. La permanente manipulación de la información venida de allá y la indecente injerencia política de tipo neocolonialista practicada por el Partido Popular y el Partido Socialista estos meses atrás, tiene que leerse más en clave interna que en un contexto de normalidad en las relaciones internacionales.

Como español, también he sentido vergüenza ajena de ver al más que amortizado Don Felipe I de la OTAN montar un absurdo circo mediático en la República Bolivariana y contemplar cómo abandonaba Venezuela en el avión presidencial colombiano. Las mismas ratas de siempre. Pero hoy es un día de alegría, de celebración, ya habrá tiempo de desfacer entuertos. La fiesta y la alegría se desparraman por plazas y calles de Madrid, Barcelona, Valencia… y también por las de Cádiz. Me dicen los compas que la gaditana estatua ecuestre de Bolivar ha estado toda la mañana tratando de bajar de su peana de mármol para unirse a la juerga en la plaza del Ayuntamiento de Cádiz. No es para menos.

Copyleft Juanlu González

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