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Dice el refranero popular que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Hace menos de un mes Bush anunciaba a bombo y platillo que el éxito de su política en Irak era “innegable. Sin embargo, ayer mismo el general Petraeus, máximo responsable militar de la invasión, calificó la situación de frágil e irreversible. La prueba de fuego de ese diagnóstico no ha sido otra que el fiasco de la revuelta shií de Basora, donde buena parte de los aguerridos militares de al Maliki rehusaron luchar contra los milicianos de al Sadr y abandonaron sus puestos de combate. Lo que en principio fue catalogado por los propagandistas USAmericanos como la constatación de que su gobierno de pega estaba preparado para hacer frente de manera independiente a los desafíos del poder, se convirtió en lo contrario en cuestión de horas. Petraeus dice ahora que el final de la guerra de Irak está aún abierto y que no puede seguirse planteando la retirada de tropas tal y como estaba prevista y anunciada, pidiendo abiertamente un receso en los planes de disminución de efectivos.

Todo indica que la decisión de qué va a ser del país la va a tener que tomar el próximo presidente y sólo si es Obama podrá haber algún pequeño cambio en una situación que hace mucho que se les ha ido de las manos. El gasto militar está ahondando la crisis recesiva en la que EEUU se halla inmerso, pero además lleva aparejado una pérdida de influencia regional que le está haciendo mucho daño, sobre todo en Latinoamérica. Pero si se retira de Irak para dedicar los recursos militares y económicos a otros menesteres, literalmente van a dejarlo en manos de Irán, el peor enemigo del momento para los intereses del imperio. No hay salida posible que no pase por un acuerdo con la república islámica… o con su total aniquilación, ya que la primera opción dejaría en un serio aprieto las relaciones con Israel.