Estos das se conmemora en Oriente Medio el robo de la tierra palestina para su entrega a los inmigrantes ilegales israeles por parte de las potencias occidentales y una operacin de limpieza tnica de lo que desde entonces algunos conocen como estado de Israel del que fueron expulsados sus habitantes con operaciones de terrorismo que hoy haran sonrojar a cualquiera.

Europa y Estados Unidos pretendan as lavar su cara por permitir el surgimiento de Hitler y para ello nada mejor que robar las tierras a gentes que no tenan nada que ver con esas atrocidades, a las que hicieron vctimas inocentes de otra atrocidad de descomunales proporciones. Centenares de miles de personas fueron desterradas de sus hogares mediante el uso y abuso del terror para tratar de conseguir un estado de pura raza aria juda con mtodos parecidos a los usados por el III Reich. La Nakba, el desastre, como la conocen los palestinos sigue an presente en la mente de muchos millones de personas y es uno de los principales problemas para la estabilidad del mundo, un problema creado hace sesenta aos que no ha hecho sino aumentar de manera exponencial de la misma manera que Israel. A modo de un cncer se ha ido extendiendo por fuera de las tierras que en principio le fueron asignadas por la ONU despreciando sistemticamente al organismo al que debe su propia existencia. Su innata avaricia le ha llevado a ocupar permanentemente tierras de Palestina, Siria y Lbano y no tiene intencin ninguna de devolverlas. Se est mofando permanentemente de planes de paz, de resoluciones de la ONU, del derecho internacional. Pero a pesar de todo, es un estado fallido. Sin una retirada a las fronteras anteriores al 67 no hay posibilidad de existencia de un estado palestino y ms pronto que tarde tendrn que asumir la realidad de que nicamente es posible la existencia de un estado multiconfesional y multitnico, nada que ver con los abominables sueos de pureza de raza o religin que anidaron en mentes intolerantes y enfermas de los padres de la patria juda.

Han pasado 60 aos, suficiente tiempo para saber que un estado no se inventa de la nada, por mucho que los dlares y las bombas americanas quieran hacernos ver lo contrario. Se les ha acabado el tiempo. Si en sesenta aos no han sido capaces de vivir en paz con sus vecinos a los que slo les han propinado destruccin y muerte, nunca van a ser capaces de hacerlo. Los problemas de Lbano, Irak o Irn no seran tales sin la presencia de Israel y la subordinacin de la poltica exterior norteamericana a sus intereses. El terrorismo yihadista encuentra en el estado hebreo su principal coartada para la propia existencia.

En sesenta aos ha cambiado mucho el mundo, ya no es posible ocultar hechos como la Nakba, por mucho que literalmente expulsen a los historiadores judos que valientemente estudian aquellos brbaros hechos, por mucho que controlen a medios de comunicacin o impongan la ley del silencio a gobiernos enteros. Hoy, en la era de internet, les ser ms difcil cada da imponer su halo de mentiras e ignominia como han hecho siempre. Por muchos museos del holocausto que abran en los puntos ms alejados del mundo no podrn por ms tiempo tapar las vergenzas del pecado original de la creacin del estado de Israel y su inhumana actuacin con aquellos rabes que osaron quedarse en sus casas, con los palestinos de los territorios ocupados y con las poblaciones civiles vecinas, a las que no ha dudado en masacrar cuando ha credo conveniente sin ningn tipo de consideracin tica o humanitaria. Han pasado sesenta aos, su tiempo se les acaba.