Sabedores de que la razón y el derecho les asiste, los negociadores iraníes han declinado aceptar la oferta de Solana de suspender el enriquecimiento de uranio mientras se produce una nueva ronda negociadora a cambio de no profundizar el nivel de sanciones económicas y militares que ahora enfrenta la república islámica. Las bases de la propuesta de la UE y Estados Unidos siguen siendo las mismas:

– Irán debe renunciar a su derecho a tener un programa nuclear civil.

– La carga de la prueba se invierte, los acusadores no deben probar sus presuntos cargos basados en sospechas infundadas e intoxicaciones interesadas, Irán ya está condenado y debe probar su inocencia. ¿Cómo se prueba que no tienes armas nucleares si de verdad no las tienes si el que tienes en frente está convencido de lo contrario? ¿cómo se demuestra satisfactoriamente que no tienes ni siquiera intenciones de poseerlas?

– Irán no obtendrá garantías de no ser atacado por EEUU e/o Israel aunque suspenda su programa nuclear.

– A pesar de resoluciones de la ONU que abogan por la desnuclearización de Oriente Medio, países como Israel que han amenazado militarmente a Irán ni enfrentan inspecciones, ni sanciones, ni si quiera son signatarios del TNP. Mientras se mantenga esta discriminación, ni la UE ni EEUU tendrán fuerza moral para exigirle nada al país, incluso en el caso de poseer un programa nuclear militar.

Realmente Irán lo que ha hecho es dilatar la respuesta a Solana, pero bajo las premisas señaladas anteriormente no es esperable ningún avance. Sólo desde el reconocimiento del derecho legítimo a enriquecer uranio y desde la equidad diplomática regional podrían sentarse las bases para un diálogo fructífero y superar esta artificial crisis montada únicamente para desestabilizar a un país que se niega a plegarse a los bastardos intereses de EEUU, Israel y las transnacionales que buscan establecerse como el único poder en la zona y controlar sus decadentes recursos petroleros. Si no cambian las reglas de juego, llegará un momento —evidentemente buscado— donde aparentemente no habrá salida diplomática posible. Entonces veremos qué hacen los que siempre han barajado la vía de la amenaza y la guerra.

Irán no es el Irak miserable que no tenía ni para comer cuando atacó EEUU y puede enfrentar cualquier ataque con ciertas garantías de réplica a la flota y las bases de EEUU en Oriente Medio e incluso en el corazón de Israel (¿la central nuclear de Dimona?). Una invasión es simplemente implanteable. Aunque Irak está relativamente sometido mediante el soborno mensual a los guerrilleros, en Afganistán la situación empeora a cada momento y se necesita urgentemente un trasvase de tropas desde la vieja y demolida Mesopotamia. El alto precio del petróleo está hundiendo las economías de medio mundo y una nueva guerra puede ser la puntilla al liberalismo económico como lo conocemos hoy. Los dirigentes iraníes lo saben y juegan esa baza. Seguimos como estábamos,