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Hace un par de semanas Thierry Meyssan anunció que, a finales de septiembre, Bashar el Assad iba a pedir formalmente a Rusia su colaboración para el bombardeo, a primeros de octubre, de los terroristas que operan en Siria. En unas declaraciones a la televisión del país y después en Red Voltaire afirmaba también que, si las operaciones se acordaban con EEUU o la ONU aprovechando la Asamblea General, no habría más problemas, pero que si estos no se avenían a negociar, bombardearían a su vez a Rusia con andanadas de propaganda mediática incidiendo en las supuestas víctimas civiles que los ataques producirían.

Una vez más, el bueno de Thierry tenía razón: incluso antes de que se produjeran los bombardeos rusos, ya llegaban noticias de bajas civiles emitidas por ese chiringuito mediático inglés, llamado pomposamente Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, convertido ya —por obra y gracia de los servicios secretos británicos y de los dineros que estos les inyectan— en una especie de ONG preCrimen al más puro estilo de la película Minority Report.

Nuestros medios libres, demostrando también capacidades que van más allá del control espacio-temporal, han usado fotos de víctimas de semanas atrás para «ilustrar» los bombardeos rusos. No diréis que no son geniales. Por último, y eso ya sí que era una costumbre desde hace casi 5 años, no han dudado en tildar de «civiles» a víctimas yihadistas armadas alcanzadas en combate. El guión de siempre, no hay por qué sorprenderse.

Pero, personalmente, a mí sí que me ha sorprendido un detalle por parte de los dirigentes europeos y norteamericanos: la cerrada defensa que han hecho de al Qaeda —aún sin nombrarla explícitamente—. Cuando Hollande o Kerry se empeñan en exigir a Rusia que sólo ataque al Daesh, están invitando al Kremlin a dejar intactos a otros grupos terroristas que operan en Siria. Entre los expertos, parece haber consenso en que el Frente al Nusra (miembro de al Qaeda) es el segundo grupo mas poderoso de todos lo que combaten en el país contra el gobierno sirio. ¿Cómo pueden tener tantísima cara dura?

De modo que, implícitamente, reconocen ahora que al Qaeda es el mejor aliado de Occidente en su guerra contra Siria, por eso dicen estar tan enojados con los bombardeos rusos. Es una denuncia recurrente que muchos llevamos años intentando airear. Pero hay más, hace pocos días, el Pentágono reconoció que contaba con menos una decena de hombres en Siria de los que habían participado en sus programas de entrenamiento militar, el resto había sido eliminado por otras facciones combatientes. Poco después se informó de que un nuevo contingente de mercenarios, que acababa de entrar en el país, se había pasado con armas y equipo al Frente al Nusra y, acto seguido, que los programas de entrenamiento de «rebeldes» se suspendían definitivamente por inútiles y fracasados. Así las cosas ¿quién queda sobre el terreno además del Estado Islámico y el Frente al Nusra Mencionar al Ejército Sirio Libre como un activo militar importante es poco menos que una broma. Anteriormente quizá pudieron tener cierta relevancia, pero estos cachorros de los terroristas libios, engrosados con algunos desertores pagados con petrodólares, no juegan ya ningún rol significativo en el teatro de operaciones.

En cambio, las esperanzas de Occidente y el Golfo siguen depositadas en lo que bautizaron en su día como “Ejército de la Conquista” una amalgama de grupos y grupúsculos en los que se integra el Frente al Nusra al que intentar dar una pátina de legitimidad e incluso tratar de separarlo, sin éxito, de la disciplina de Zawahiri, el máximo líder de al Qaeda.

Ese juego de terroristas buenos y terroristas malos es lo que Rusia —y China e Irán, cuando les toque— han venido a desmantelar con sus bombardeos . De lograrlo, acabaría con las últimas esperanzas de victoria sobre Siria que les quedan al bloque agresor, que nunca tuvo otro objetivo que la instauración de un régimen títere en la zona controlado por la Hermandad Musulmana, los tutores políticos de al Qaeda. Ese, y no otro, es el motivo de la patética rabieta de muchos de nuestros próceres, digan o que digan en público o lo disfracen como lo disfracen.

Estados Unidos lleva casi un año y medio bombardeando al Daesh sin ningún éxito, de hecho durante este tiempo han conquistado Palmira y Ramadi. Lo ha hecho vulnerando el derecho internacional, con centenares de bajas civiles y con la destrucción de múltiples infraestructuras vitales para Siria. Pocas denuncias hemos oído en la prensa libre sobre tanta inutilidad o sobre la arbitrariedad de los objetivos escogidos. Ahora, tras la intervención rusa, han bastado tres días para que, en algunos frentes, los terroristas hayan huido como ratas o que haya cundido el pánico en las redes sociales yihadistas y sólo hablen de correr a Irak o a sus países de origen. ¿Qué han estado haciendo entonces los de la gigantesca coalición de amigos del terrorismo liderada por Estados Unidos? Quizá es que tenían órdenes de no hacer daño al Daesh, como reconocieron militares norteamericanos al NYT y a al Qaeda, por supuesto, ni tocarlos.

Para desgracia para el imperio, en medio de tanta propaganda y acusaciones sin pruebas que las afirmen, ha acontecido el ataque norteamericano al hospital afgano de Kunduz, donde han muerto trabajadores de Médicos Sin Fronteras y pacientes en un equipamiento perfectamente conocido y balizado por GPS donde, a pesar de los llamados de los médicos a detener los bombardeos, se los atacó inmisericoremente durante más de 30 minutos. Así que, los focos se han desviado, en la primeras horas de ofensiva rusa, desde Siria hacia la veintena de civiles achicharrados en Kunduz. Un desastre para sus aspiraciones desinformativas…