Hoy me he enterado que en Afganistán hay invasores buenos y malos. Y lo peor es que se parecen tanto que los pobres afganos no saben distinguirlos y por eso se lían a la hora de atacarlos. Como puede suponerse, nuestro ejército está en el bando de los buenos, más exactamente en el de los buenos desconocidos, de ahí desgraciados incidentes como el acontecido ayer en el que perdieron la vida dos soldados de nuestro país. Todo es un problema de comunicación, si los españolitos explicaran sus verdaderas intenciones y sus logros en el terreno les tirarían pétalos de rosa al paso de los convoys por las carreteras de Herat y alrededores.

Aquí podría suceder lo mismo, lo malo es que ni siquiera en estos momentos es posible explicar satisfactoriamente a la opinión pública local qué carallo hacemos invadiendo aquel lejano país. Y si quien tiene que hacerlo es la titular de defensa, una socialista como Carme Chacón, ya vamos aviados. Ayer mismo le oí decir que en estos aciagos momentos los españoles saben perfectamente cuál es nuestra tarea sin siquiera mencionarla. Hoy ya se ha prodigado en sus declaraciones —como no podía ser de otra manera— y no ha hecho sino cagarla una y otra vez. 

Ha tenido que echar mano de los argumentos más simplones de los neocons para justificar lo injustificable, la señora ha espetado que:

ESTAMOS EN AFGANISTÁN PORQUE QUIENES HAN ARRANCADO LA VIDA DE NUESTROS COMPAÑEROS NO SÓLO AMENAZAN AL PUEBLO AFGANO, AMENAZAN LA LIBERTAD Y AMENAZAN LA SEGURIDAD DE TODOS, TAMBIÉN DE NUESTRAS FAMILIAS, TAMBIÉN DE LAS FAMILIAS ESPAÑOLAS  

Me recuerda a Tony Blair tratando de meter miedo a diestro y siniestro para convencernos de la bondad de la invasión de Irak, en 10 minutos Europa podía ser atacada por armas de destrucción masiva. Ahora es lo mismo, a lo mejor nos podía caer una pedrada lanzada con honda desde las montañas de Kandahar. ¿Cómo se puede ser tan cínica? ¿Cuándo hemos sido atacados o amenazados por Afganistán?

Parece haberse olvidado que esa invasión fue la respuesta al (auto)atentado del 11S y que se apoyó en la negativa del gobierno talibán de entregar a Bin Laden porque, a su vez, EEUU no quiso mostrar las pruebas que vinculaban a este con los ataques al Pentágono y las Torres Gemelas. Luego, todo el mundo se olvidó del combatiente islámico y se centró en argumentos inventados de manera sobrevenida, justo lo mismo que en Irak, que si la democracia, que si acabar con el terrorismo… y cualquier otra calenturienta idea expresada por su etílica majestad imperial, George W. Bush.

Todo el mundo sabe que no se nos ha perdido nada en aquellas lejanas montañas, que si estamos o seguimos allí es por hacerle el juego geoestratégico a EEUU y que no nos castigue más por haber retirado prematuramente las tropas de Irak. Que lo que está en juego en Afganistán es completar el cerco de Rusia e impedirle el acceso a los recursos energéticos, un movimiento más del Gran Juego en su versión 2.0.  Aquello no es una misión de paz, es una fracasada guerra de invasión en la que no se nos ha perdido nada, por eso hoy más que nunca, bajo ningún concepto se ha de contemplar ampliar los efectivos allí desplazados —como parece que pedirá Obama en unos pocos días—, sino pensar en una retirada total y absoluta de nuestras tropas. Ya va siendo hora.