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Ya tenemos una respuesta proporcionada de los milicianos antinorteamericanos de Pakistán a los continuos bombardeos que están sufriendo en su propio país. Era cuestión de tiempo, la frontera con Afganistán es solo una línea no reconocida por los habitantes de uno y otro lado. Ambas naciones en realidad son estados fallidos impuestos por fuerzas ajenas; sobre el terreno se funciona de otra manera, mucho más apoyada en las etnias, sus reglas y los líderes tribales que tienen más jurisdicción sobre los territorios que los propios gobiernos a la occidental impuestos en la región. Por eso el destino de ambos está tan interconectado.

El caso es que EEUU introduce buena parte de los suministros, materiales y equipo para los invasores de Afganistán a través de Pakistán; más concretamente por el paso de Khyber, un lugar montañoso en la Ruta de la Seda donde en varias ocasiones los convoyes han sido objeto de ataques y robos de vehículos. El centro logístico donde se cargan estas caravanas está en Peshawar, cuyo almacén central ha sido objeto de un ataque que ha destruido alrededor del centenar de vehículos de transporte y combate, aunque otras fuentes lo aumentan hasta los 160 porque afirman que bastantes camiones estaban cargados a su vez con humvees y otros carros más ligeros.

Lo preocupante para EEUU es que Peshawar está lejos de la zona donde los opositores al régimen de Kabul e Islamabad suelen operar con apoyo de la población y es posible que se estén haciendo fuertes como para aumentar su radio de acción o bien están extendiendo sus redes de apoyo hacia el norte de Pakistán y quizá puedan volver a controlar el paso de Khyber.