Era de esperar, Israel firmó la tregua para oír a la opinión pública israelí de las zonas limítrofes del sur y por la presión internacional y siempre hizo lo que pudo para acabar con ella. Las fronteras han permanecido cerradas en su mayoría durante su periodo de vigencia, el bloqueo a Gaza no cesó realmente nunca. Pero lo que ha sido realmente determinante fue el ataque a un grupo de milicianos de Hamas que acabó con la muerte de seis personas. Desde ese momento, era evidente que la supuesta tregua era papel mojado como Israel siempre quiso. La prensa filosionista, siempre jugando a equilibrios imposibles, no duda en repartir culpas entre todos, pero las responsabilidades están bien claras. Saben que dentro de unos pocos días ya todo dará igual, que entraremos en la clásica espiral de ataques con cohetes caseros —que apenas provocan daños más allá de los psicológicos— y acciones de respuesta que arrasarán casas, infraestructuras y acabarán con la vida de decenas de personas. Como siempre, todo muy aséptico y equilibrado. Pero lo peor es que se acercan las elecciones en Israel y, como suele ser habitual, se trata de ver quién es más halcón, quién es más sanguinario y quién puede poner más cadáveres encima de la mesa. Si acaso se presenta alguna presunta «paloma» tendrá que tunearse durante las elecciones si quiere tener posibilidades. Malos tiempos para Gaza y sus sufridos habitantes.