Decía Eduardo Galeano que si votar sirviera para algo, ya lo habrían prohibido hace mucho. Y llevaba toda la razón del mundo. Hace mucho que las democracias burguesas dejan al margen de la decisión popular la mayoría de los asuntos verdaderamente cruciales, especialmente los económicos, pero incluso también los referidos al propio modelo organizativo de nuestras sociedades: República vs. monarquía; estado autonómico vs. federalismo o confederalismo, derecho de autodeterminación nacional vs soberanía estatal, partidos políticos vs. poder popular…. así hasta el infinito.

Pero, para mantener la ilusión de que vivimos en una verdadera democracia es necesario ahondar las diferencias entre partidos políticos hasta el punto de que parezca que les separan verdaderos abismos ideológicos, así creemos que tenemos libertad de elección. Sin embargo, la aceptación previa de las reglas del juego deja un margen tan mínimo a los contendientes, que a veces los hace indistinguibles unos de otros.  Se da la circunstancia de que cada año que pasa esas reglas son mas estrictas y que el campo de juego se estrecha y se estrecha. La socialdemocracia en los años 70 y 80 abanderaba la nacionalización de la banca o de los sectores industriales estratégicos y llegó a ponerla en práctica en países de nuestro entorno inmediato. ¿Quién lo propone hoy dentro del arco parlamentario? ¿De qué seria tildado si alguno osara hacerlo es estos momentos? ¿Cómo podría si quiera presentarse a las elecciones?

Pese a todo, la visceralidad de las posiciones de muchos votantes sólo es comprensible desde adhesiones similares a las que concitan los equipos de fútbol. Defienden poco más que una bandera y unos colores, pero parece que en ello les va la vida. A esos extremos hemos llegado en la política de nuestro país, tenemos hooligans, no militantes o simpatizantes. Fernando Savater, en su época anarca de allá por los 70, antes de que fuera infectado por la contagiosa fiebre de españistán, lo explícito muy gráficamente: la política es el opio del pueblo, es el arte de mantener entretenidos a los de abajo mientras los que no se presentan a las elecciones rigen nuestro destino al margen de cualquier escrutinio colectivo.

Por eso no nos debería haber sorprendido el acto fallido de aquella periodista de Antena 3 que habló de “uno a cero” cuando hablaba de la convocatoria del referéndum de autodeterminación catalán en vez de decir «uno de octubre». De hecho los telediarios hace muchos lustros que tienen mucho más fútbol que política y su tratamiento es bastante similar.

Mucho más preocupantes son los cánticos futboleros que hemos podido oír días atrás en la despedida a los guardias civiles que se dirigían a Cataluña a reprimir los deseos de democracia y soberanía de buena parte de sus habitantes. La violencia de los planteamientos expresados por los holligans que le hacían el pasillo a los vehículos militares, rojigualda en mano, es para estar alarmado. Ese “a por ellos” es un grito que simboliza como ningún otro la brecha abierta entre dos pueblos, una brecha que no se va a cerrar fácilmente. Si “ellos” no somos nosotros, Cataluña no es España. Los hooligans de la Guardia Civil ya concedieron la independencia al pueblo catalán.

Como andaluz, no puedo estar más avergonzado por la esperpéntica actitud de mis paisanos y paisanas que parecen ignorar, no sólo la realidad de la sociedad catalana, sino lo que significó la benemérita en nuestros campos y pueblos como elemento fundamental de la represión franquista. Uno, ¡qué se le va a hacer!, se identifica más con aquellas geniales letras que Moreno Galván escribió para el maestro Menese dedicadas al «cuerpo».

Que dios te valga,
que dios te valga,
si en la verea
sale la guardia

Punta charol, capa y bota
a poquito a poco asoman,
igual que dos grajos verdes
recortaos en la loma

¡Ay! más te valiera
que las lunas y soles
se confundieran

Reniego yo
renegaré
del punto y hora
que la encontré

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