Tras la puesta en marcha de la operación Rama de Olivo por parte del ejército turco en el norte de Siria y de las muchas informaciones tendenciosas, erróneas o falsas que están vertiéndose alegremente en medios de comunicación considerados serios o rigurosos, se hace necesario el siempre sano ejercicio de separar el grano de la paja, la información de la propaganda, el deseo de la realidad.

Erdogan anunció el 13 de enero la invasión del cantón de Afrín (también a futuro la ciudad de Manbij) para evitar que Estados Unidos ubique en la frontera turco-siria una fuerza de 30.000 efectivos, formados en su mayoría por milicias kurdas y por yihadistas reciclados que ven una nueva oportunidad de seguir viviendo a costa los salarios pagados por EEUU y Arabia Saudí, haciendo la guerra contra el ejército y el gobierno sirios.

A los kurdos se les dio recientemente la oportunidad de ceder la frontera norte al legítimo gobierno de Damasco en conversaciones realizadas con mediación rusa, pero su negativa a volver a ser parte de una Siria unida, junto al anuncio norteamericano de su nuevo ejército proxy, ha precipitado la decisión turca. No podemos olvidar que las Unidades de Protección Popular kurdas, las YPG, consideradas como heroicas por algunos sectores supuestamente progresistas, son vistas por Turquía como simples organizaciones terroristas y mercenarias norteamericanas.

Siria y sus aliados (Rusia e Irán) han denunciado la ilegal invasión turca, como también lo han hecho Estados Unidos y sus vasallos —aunque de manera excesivamente suave—, pero nada parece quebrar la voluntad de Erdogan de cumplir con sus objetivos de la manera más rápida posible. Otros países, como Qatar, se han pronunciado a favor de los otomanos, amparando la operación en principios de legítima defensa.

La invasión no tiene nada que ver con la guerra contra Daesh, como ha resaltado la BBC. El autodenominado Estado Islámico apenas posee una ínfima fracción de la fuerza y del territorio que tenia en su poder hace unos pocos meses. Ahora sólo domina unas pocas bolsas que podrían desaparecer en pocas semanas si la atención del Ejército Árabe Sirio se dirigiera contra ellos.

En todo caso, Estados Unidos está implementando su plan B: cuando Daesh sólo es ya un juguete roto, simplemente los han sustituido por tropas kurdas (rebautizadas como Fuerzas Democráticas Sirias), más respetables a ojos de la opinión pública. Ya vimos en Deir Ezzor cómo las tropas apoyadas por el Pentágono circulaban por tierras del califato islámico con total libertad sin que fueran atacadas ni si quiera molestadas por los terroristas. A las propias FDS kurdas se le han ido uniendo facciones yihadistas a las que, a lo sumo, se les habrán proporcionado algunas cuchillas de afeitar para camuflarlos de “rebeldes moderados” antes de dotarlos de nuevas armas y uniformes.

Hasta la fecha, los kurdos no han logrado presentar una gran resistencia al avance de las tropas de Ankara y sus aliados turcomanos sirios integrados en algunas brigadas del “Ejército Sirio Libre”. Estados Unidos tampoco ha movido ficha para defender a sus pupilos, lo que equivaldría a enfrentarse directamente con un miembro, aunque ciertamente díscolo, de la OTAN. Es pronto para proclamar, como algunos ya están haciendo, el abandono norteamericano de las YPG. Esta fase de la guerra norteña sólo acaba de comenzar.

En cuanto a Siria, mantiene una posición ambivalente. Ha dejado paso libre a refuerzos kurdos llegados del este hacia el cantón de Afrín, pero también es cierto que, a pesar de las amenazas, no se ha enfrentado a Turquía. Más bien sigue a lo suyo, intensificando la ofensiva sobre Idleb y recuperando más y más territorio cada día de manos de Hayat Tahrir al Sham, el grupo terrorista antes conocido como al Nusra, aunque mejor denominaremos como al Qaeda, para entendernos mejor, aunque ello disguste a sus patrocinadores occidentales y regionales. Rusia tampoco ha movido un dedo. Retiró fuerzas sobre el terreno al comienzo de la ofensiva para evitar problemas y, que se sepa, no ha importunado a la aviación turca en sus razias sobre los objetivos kurdos.

Todo apunta a que dos de los peores enemigos de Siria están luchando encarnizadamente entre sí, mientras que su ejército y gobierno se frotan las manos desde la barrera. Si Turquía logra su objetivo de conquistar Afrin y establecer una zona tampón de 30 km a lo largo de toda la frontera norte le estará haciendo parte del trabajo sucio al Ejercito Árabe Sirio. Siempre se dijo que lo mejor es esperar pacientemente a que el cadáver del enemigo desfile frente a tu puerta. ¿Qué hay de Estados Unidos? Llegará un día, no muy lejano, en que tendrá que elegir entre su antigua cabeza de puente en Oriente Medio, cada vez más dentro de la órbita rusa, y su ejército de mercenarios “ecoanarquistas” con el que balcanizar Siria.

Quienes critican a Siria y a Rusia por su  supuesta inactividad deben comprender que la apuesta de los kurdos ha sido  traicionar a su gobierno y subirse al carro del imperio. Es EEUU quien debe mover ficha. Si ya se oyen voces kurdas pidiendo ayuda a Assad o a Putin, han de saber cuál es el precio: el respeto a la integridad territorial siria, el repliegue de sus fuerzas al norte del país y la invitación a las tropas gringas para que vuelvan a casa cuanto antes.

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