A pesar de que la noticia ha pasado relativamente desapercibida en la mayoría de medios de comunicación, la trascendencia del dato requiere una atención acorde con su influencia en la evolución futura de los inestables equilibrios de la región más convulsa del planeta. Y es que, a partir de este hecho de dimensiones históricas, nada volverá a ser igual en las tierras que van desde el río Jordán hasta el Mediterráneo.

Como sucede con las armas especialmente poderosas, aunque no vayan a ser usada en un futuro inmediato, su sola posesión tiene un efecto disuasorio fundamental que acrecienta exponencialmente su valor. Así que no es descartable que, tras la fase inicial de negación, la interiorización de las renovadas fuerzas del pueblo palestino desemboque en la búsqueda de una solución justa y duradera. 

Hasta hoy, Israel se ha sentido cómodo engañando al mundo fingiendo que deseaba un acuerdo de paz. En su discurso público, los culpables eran los palestinos porque querían imponer determinadas condiciones previas en la mesa de negociaciones. Daba igual que esas condiciones fueran el respeto al derecho internacional o a las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con la connivencia de la “comunidad internacional” y de los principales medios de comunicación del mundo, el régimen sionista gozaba de inmunidad para seguir robando tierras palestinas o acometiendo impunemente la limpieza étnica de Jerusalén. 

Su máxima no escrita siempre ha sido ganar tiempo para hacer realidad  sus originarios planes de conquista y robo de toda Palestina y construir así el “Gran Israel”. La frase atribuida a Isaac Shamir “les haremos negociar 25 años sólo para que nosotros demos el primer paso”, resume claramente el macabro juego sionista de estos años. Pero, tras este punto de inflexión, el tiempo ahorra corre en contra de Israel. 

La moderada —si es que existe algún político judío influyente que pueda ser considerado así en Israel— Tzipi Livni ya habla abiertamente contra la anexión de Cisjordania. Amir Peretz alerta, ante esta nueva situación, de que Israel se encamina peligrosamente a una solución de un sólo estado multiétnico y multirreligioso, pero que sólo con un estado palestino será posible la seguridad de Israel. Los políticos de derecha, aterrados, prefieren desacreditar la información y atacar al mensajero para evitar enfrentarse a la realidad. Una realidad que será insoslayable para todos como mucho en un par de años.

Israel ya no es un país tan atractivo para la emigración judía —la aliyᗠcomo pudo serlo antaño. Los tiempos de llegada de centenares de miles de extranjeros subvencionados por el régimen sionista son historia. Y es que, un país que nació del terrorismo y se ha mantenido en guerra permanente desde el mismo día de su artificiosa creación, no es el mejor sitio donde echar raíces. Únicamente extremistas pobres y violentos son atraídos hacia la Palestina ocupada para asentarse, aunque se supone que los miles de dólares regalados por Israel a los nuevos colonos seguramente también obrarán algún efecto.

Sí que están llegando a Israel otros refugiados e inmigrantes de tipo económico no judíos. Pero no son deseados, de hecho los consideran un peligro para la seguridad nacional porque —afirman— atentan contra la pureza racial y religiosa que guía su proyecto de país. Y eso es algo que el estado sionazi, un estado de apartheid, no puede admitir bajo ningún concepto. Por eso están inmersos en una campaña de expulsión de los recién llegados que no profesan su misma religión, que enfrentan penas de cárcel si no acceden a salir de Israel “voluntariamente”.

El régimen sionista siempre se ha apoyado en la emigración judía para tratar de cambiar la composición étnica del territorio que ha ido robando a Palestina desde 1918. Era la manera —ilegal— de afianzar las conquistas militares y, por tanto, ha sido y es una política prioritaria para el estado de Israel. Sin embargo, todos esos esfuerzos han servido de poco a tenor de los resultados conocidos días atrás: la población palestina desde el valle del Jordán hasta el Mediterráneo ya supera a la población judía llegada desde decenas de países de todo el mundo. Los deseos de anexión de Cisjordania para construir el sueño del Eretz Israel se antojan ya delirios imposibles. La solución de un solo estado en toda la Palestina histórica, llevaría inequívocamente a un gobierno palestino del mismo modo que lo sucedido en Sudáfrica cuando la población originaria del país adquirió derechos democráticos. 

Palestina ha logrado la posesión de la peor arma contra Israel. Y no, no es la bomba atómica, es la bomba demográfica.

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