Muy mal le deben ir las cosas al trío EEUU-Israel-Arabia Saudí para haber desatado esta nueva fase de la agresión contra Irán de una manera tan burda y tan poco convincente. A pesar de contar con toda la potencia de fuego de la artillería mediática mundial, los incidentes con los petroleros en el Mar de Omán apenas si han levantado una mínima polvareda diplomática que va a disolverse de manera más rápida que un azucarillo en las aguas del Golfo.

Y es que sería del género tonto creer en acusaciones tan disparatadas como las que emanan de cuando en cuando de la cocina propagandística del Pentágono, cada vez más chapuceras y faltas de imaginación. Son de la misma naturaleza que aquellas denuncias del uso de armas químicas en Siria contra la población civil, sin ningún tipo de utilidad ni militar ni política, sabiendo además que cruzaban las «líneas rojas» señaladas por EEUU y que, inmediatamente, ello conllevaría ataques aéreos de gran magnitud a cargo de los países de la OTAN.

¿Quién podría pensar que, cuando un primer ministro japonés anda de cuerpo presente en Irán, por primera vez en la historia reciente, su ejército va a atacar a petroleros con hidrocarburos destinados al país nipón? Si, precisamente, se le está pidiendo a Japón que medie con EEUU para que relaje la presión económica y militar, ¿para qué contrariarlos entonces?

En todo caso, tras oír las declaraciones de Shinzo Abe, en favor del mantenimiento del acuerdo nuclear firmado por el G5+1 y pidiendo a EEUU la reconsideración de su lamentable actitud, más bien podría pensarse, con cierta lógica, de que se trataría de una represalia norteamericana por las intenciones de Japón de continuar comprando hidrocarburos a Irán a pesar de las sanciones ilegales dictadas por el imperio. Pero la lógica de la razón es un concepto absolutamente ajeno a nuestros media, y todos se han aprestado a repetir, cual papagayos, las absurdas teorías conspiranoicas norteamericanas.

Pero, para disgusto estadounidense, ni la ONU, ni la UE, ni Rusia… ni los tripulantes de los petroleros ni los portavoces de las compañías armadoras de los barcos han respaldado las acusaciones de Pompeo o de Trump. Al contrario, tras proclamar a los cuatro vientos que habían sido torpedos o minas las que atacaron a los barcos (¿desde cuando las minas impactan en los costados y no en las proas?), testigos presenciales hablan de drones sobrevolando la zona, segundos antes de las explosiones.

Así que esas imágenes —deliberadamente borrosas— presentadas por EEUU como prueba del delito, donde supuestamente «se ve» a miembros de los Guardianes de la Revolución, retirando minas sin explotar de los cascos de los buques dañados, son tal falsas como las armas de destrucción masiva de Irak o los bebés arrancados de las incubadoras kuwaitíes.

Precisamente, es EEUU quien saldría más favorecido de un ataque iraní al tráfico petrolero por el Estrecho de Ormuz. Sería la única manera de atraer a la Unión Europea a su estrategia belicista contra la República Islámica, ya que, hasta ahora, ningún país de los firmantes del PAIC le ha seguido el juego a Trump y el comercio europeo, a través de la herramienta desdolarizada INSTEX, será una de las tablas de salvación para el futuro económico del país persa. Eso sí que encaja ¿verdad? Pues eso.