Hoy, cuando leía los enlaces de las noticias seleccionadas que me llegaban al móvil a través de los muchos grupos temáticos en los que participo, me quedé atónito o, como diría el director del libelo ese que dice ser un periódico, estupefacto. El link era del New York Times en su edición española, en principio una cabecera que muchos consideran prensa seria e incluso progresista. Pero bien podría ser un montaje digital, al alcance de cualquier millennial o de cualquier nativo digital de la generación Z. Pensé incluso de una broma de El Mundo Today, que en muchas ocasiones han pasado por informaciones reales para algunos pardillos o despistados. 

Pero no, la inverosímil noticia daba la vuelta por las rotativas de todo el mundo. ¿De qué se trata? Imagino que todo el mundo lo sabrá o sospechará: Abu Bakr El Bagdadí, el líder de ISIS (Estado Islámico o Daesh, según preferencias) fue reconocido antes de su muerte a través de pruebas de ADN. Es algo plausibe, no en vano el terrorista fue formado, ¡cómo no!, en cárceles ilegales de EEUU en Irak (Abu Ghraib y Camp Bucca), donde podrían haberse hecho fácilmente con su material biológico para practicarle un análisis genético.

Lo que raya lo cómico es cómo consiguieron las pruebas. Según anuncia un mercenario del Pentágono de las autodenominadas “Fuerzas Democráticas Sirias”, sus espías sobre el terreno lograron robar unos calzoncillos bóxers blancos del califa rico en residuos orgánicos, hasta el punto de que pudieron usarse para determinar inequívocamente su propiedad. Dicen que la identificación se hizo gracias a la sangre de El Bagdadí hallada en los gayumbos; sangre que puede proceder, bien de manera indirecta, dentro de restos de heces, o bien directa, a través de alguna herida abierta sufrida en la zona de las posaderas. En fin, no cabe duda de que los espías supieron elegir los calzoncillos sucios adecuados, o tuvieron la suerte de dar con él, de manera providencial, a las primeras de cambio. 

Pero esta cutrez escatológica no es lo peor de la noticia. Con diferencia, lo verdaderamente escandaloso es ver cómo el mundo de la prensa y la comunicacion se traga todo lo que le interesa, incluso cuando sea tan indigerible como una rueda de molino. Pero claro, después de ser cómplices de adjudicar la autoría del derribo de las Torres Gemelas gracias al encuentro «fortuito» del pasaporte impoluto de Mohamed Atta entre toneladas de escombros y metal derretido por los incendios; después de servir para amplificar la implicación de Bin Laden en ese mismo atentado cuando las pruebas siempre fueron secretas; después de tragarse los bebés sacados de las incubadoras de hospitales de Kuwait o el programa nuclear militar de Irán… no deberíamos sorprendernos por nada.

No sé si El Bagdadí está muerto o lo han trasladado a Afganistán junto con otros correligionarios. Sí puedo decir que su supuesta muerte ha sido una operación de relaciones públicas de Donald Trump en un momento en que está en franca retirada —parcial—de Siria, para insistir en una victoria sobre el terrorismo que no le pertenece. Recordemos los tiempos en que los propios pilotos norteamericanos decían que tenían prohibido disparar contra el ISIS en Siria; cómo, hasta la irrupción de Rusia, el Daesh no dejaba de conquistar más y más suelo sirio, cuando su espacio aéreo estaba controlado por la coalición liderada por Estados Unidos. No fue hasta que los terroristas estaban siendo diezmados por el ejército de Bashar el Assad y sus aliados, cuando los mercenarios (en su mayoría kurdos) de EEUU corrían para arrebatar las ciudades y pozos de petróleo que los terroristas dejaban para que no cayeran en manos del legítimo gobierno sirio.

Tampoco podemos olvidar las múltiples relaciones de los gobiernos norteamericanos (y de toda la OTAN) con el ISIS. Durante años fueron ellos los que actuaban como sus mercenarios y encargados de cumplir con los planes de balcanización de Siria e Irak, planificados en las cloacas imperiales dentro de una operación más global de rediseño de todo Oriente Medio. Solo cuando han dejado de ser útiles a sus propósitos, EEUU abandonó a sus cachorros y, si finalmente es cierto que asesinó a Bagdadí, fue para prestar su último servicio al imperio.