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Algún que otro compañero me ha preguntado por qué no había posteado nada sobre lo sucedido en Irán tras las elecciones de la pasada semana. A decir verdad, no tenía una opinión formada ni tengo aún todos los datos como para emitir un juicio más o menos certero o defendible. De una parte, parecía que estudiantes universitarios y la burguesía urbana del país se echaban a las calles demandando más libertad, más apertura y menos integrismo. Hasta ahí nada que objetar. Podría ser hasta lógico y entendible. Musaví, en ese caso, sería una especie de libertador frente a un ultraconservador como Ahmadineyad. Muy políticamente correcto.

Sin embargo, las cosas nunca son tan fáciles en política. Esa explicación era tan de consumo de masas que hacía sospechar que, bajo ese superficial manto, se ocultaban movimientos de mucho más calado. Tampoco quería caer en el simplismo contrario, defender a Ahmadineyad por su enfrentamiento con EEUU e Israel o por su apoyo a Hamas y Hezbollah. No obstante, a pesar de algunas señales de diferenciación en política exterior entre ambos candidatos, parece que en lo fundamental estaban de acuerdo. Incluso en política nuclear no se esperaban grandes cambios si Musaví llegaba al poder, no en vano fue primer ministro en los ochenta en plena guerra con Irak y no dejó de ser una persona del régimen por mucho que ahora se apunte al carro del reformismo.

A pesar de ello, Musaví encarnaba las esperanzas de apertura de algunos sectores de la población en unas elecciones muy polarizadas en las que nadie esperaba su triunfo. Las encuestas más o menos serias que se realizaron antes de los comicios apuntaban a una victoria segura de Ahmadineyad. De ahí la sorpresa ante las protestas y disturbios que se están repitiendo hasta hoy. Tenían toda la pinta de seguir un guión establecido y probado con mayor o menor fortuna en muchos de los países hostiles  las políticas del imperio.

Poco a poco van saliendo a la luz ciertas informaciones que apuntan en esa dirección. Ciertamente el régimen se habría cubierto de gloria con el apagón informativo y la represión de la oposición, pero si realmente estuvieran instigadas por fuerzas extranjeras quizá estuviese hasta justificado. El Consejo de Guardianes de la Revolución ha prometido recontar hasta el 10% de los votos emitidos para buscar indicios de fraude con la presencia de la oposición. Eso debería bastar para acallar momentáneamente las protestas. Si no es así podría pensarse en que la estrategia no tiene que ver nada con el resultado de las elecciones democráticas y sí con una estrategia planificada desde el interior con el apoyo de fuerzas extranjeras. No en vano parecía que Ahmadineyad se enfrentaba con el reto del mundo en estas elecciones, la unanimidad en occidente era absoluta contra el actual presidente. El atentado de un grupo ligado a Al Qaeda en Teherán en el día de ayer apunta igualmente en esa dirección.