helmand

Las noticias que vienen de aquellos desiertos y montañas lejanas no son muy halagüeñas para el imperio y sus aliados. A pesar de las promesas de Obama, nada ha cambiado en Afganistán o Pakistán desde la era Bush. Para evitar el cuerpo a cuerpo, se lanzan una y otra vez operaciones aéreas con aviones no tripulados contra objetivos señalados desde tierra por traidores locales o usando informaciones de inteligencia. El resultado, centenares de muertos civiles y odio y más odio acumulado a los extranjeros. Aquellos que llegaron como salvadores son crecientemente vistos como los que han destruido al país, como los falsarios que prometieron pacificar y reconstruir Afganistán y, por contra, la entregaron de nuevo a la guerra, a la muerte y a la droga.

Se envían nuevos contingentes militares con cuentagotas pero siempre son insuficientes. Según los expertos se necesitan decenas de miles, quizá centenares de miles, de efectivos para asegurar el control del abrupto país y poder lograr los significativos avances que se necesitan en aras de la seguridad y la prosperidad que tantas veces han pronosticado para justificar la invasión.

Hasta que el cambio de estrategia sea algo más que palabras en el discurso de Obama, hasta que no se den cuenta de que no hay salida posible al avispero afgano, el invasor tendrá que soportar lo que justamente está sucediendo estos días: muertes y más muertes. Todas las alarmas se han encendido esta semana en el Reino Unido cuando se ha sobrepasado el número de bajas provocadas por la invasión de Irak, 184  frente a 179 . Si tenemos en cuenta que en Afganistán hay 5 veces menos tropas de la media que hubo en el país babilónico, se entiende la preocupación. Entre ellas se ha producido la muerte de uno de los principales jefes de las tropas británicas sobre el terreno, el teniente coronel Rupert Thorneloe que dirigía el Primer Batallón de los Guardas Galeses, el soldado de más alto rango muerto en combate en casi una treintena de años. Pero además, otros 15 militares han caído en diversas operaciones en la provincia sureña de Helmand, responsabilidad de las tropas británicas en las que han tenido que acudir más de 4000 marines para tratar de recuperar un control perdido a manos de los insurgentes. Lo que se preveía un paseo militar breve ,está encontrando una fuerte resistenciay, aunque están recuperando aldeas poco a poco, la estrategia de la guerra de guerrillas contempla la retirada en operaciones de tan desigual potencia y esperar a que disminuyan los efectivos enemigos para golpear por sorpresa y retroceder. A los norteamericanos tampoco les va especialmente bien. Hoy mismo se ha conocido la muerte de 4 militares más de entre un total de 738.