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Netanyahu sigue riéndose de todos. En primer lugar de Obama, un líder que está demostrando en política exterior su total debilidad, la falta de iniciativa más allá de la retórica. Pero también de la ONU, la UE y de Rusia, los otros integrantes del cuarteto, los mismos que iban a solucionar la cuestión palestina mediante una hoja de ruta que murió antes de nacer ante el regocijo israelí, que sólo la firmó cuando obtuvo la certeza que era imposible de cumplir.

Un presidente israelí anunció que iban a hacer negociar tanto a los palestinos que sólo para dar el primer paso tendrían que pasar 20 años. Y eso es lo que está sucediendo. Israel necesita tiempo para anexionarse Jerusalén y las partes de Cisjordania que le interesan para consolidar un estado lo más puro religiosa y étnicamente hablando. Pero cuando lo presionan para sentarse a hablar, trata de zafarse aduciendo los motivos más peregrinos: no hay nadie al otro lado, no me gusta el interlocutor… o me dedico a montar una guerra de vez en cuando para evitar hablar de paz.

En el caso que nos ocupa, parece que el gobierno de ultraderecha sionista que votaron en las últimas elecciones, va a tener que comenzar a negociar para sacudirse la presión. Sin embargo Bibi quiere hacer una concesión final a colonos y a partidos extremistas que le apoyan y por eso ha decretado la nueva construcción de alrededor de 500 nuevas viviendas en los asentamientos ilegales de Cisjordania antes de congelar temporalmente la edificación para entrar en un paripé de negociación que, evidentemente, no llegará a ninguna parte dada la nula voluntad de la parte judía de permitir la creación de un estado palestino viable en las fronteras internacionalmente reconocidas por la ONU.

El mito de un estado hebreo acosado por enemigos por todas partes pero deseoso de vivir en paz hace mucho que dejó de convencer a nadie, los hechos demuestran lo contrario a cada día que pasa. Un estado que quiere vivir en paz no se dedica a cortar cualquier salida al conflicto mediante la anexión definitiva de las tierras robadas a un pueblo indefenso mediante muros, alambradas y urbanizaciones para inmigrantes extranjeros recién llegados.

Hoy por hoy es imposible un estado palestino. Abbas, por muy entregado que esté a EEUU e Israel, sabe que su pueblo no va a admitir lo que ya se rechazó en Camp David, cuando el nivel de asentamientos era muy inferior al actual. Sin la retirada judía a las fronteras anteriores al 67, sin el derecho al retorno de los refugiados, el control sobre Jerusalén este, un territorio unido sin discontinuidades con pleno control sobre las aguas territoriales y el espacio aéreo, con unas fuerzas de defensa perfectamente operativas y con plenos derechos sobre el valle del Jordán, nunca habrá paz. No hay paz sin justicia, eso es obvio. Israel pretende una capitulación que permita quedarse con todo lo robado desde el 67, si acaso ofrecerán a cambio los secarrales de las dunas de Jalutza para compensar por las ricas tierras anexionadas por la fuerza en las que viven judíos rusos, argentinos… recién llegados con las subvenciones de EEUU y el sionismo capitalista.

Debemos estar preparados para el más que probable fracaso de las futuras negociaciones —si es que estas llegan a producirse—, una nueva intifada que surja como reacción y la más que probable nueva guerra con la que Israel tratará de consolidar la limpieza étnica del estado y la pureza de raza y religión de sus habitantes en un proyecto que recuerda a los delirios más execrables del mismísimo Führer.