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Reza un viejo principio jurídico proveniente del Derecho Romano, el onus probandi, que el que acusa debe demostrar con pruebas lo que dice. A pesar de su antigüedad, aún sigue vigente en la mayoría de los sistemas judiciales del mundo. De hecho, la presunción de inocencia se basa claramente en él. Sin embargo, cuando se trata de relaciones internacionales, por mucho que se pretendan ajustadas al derecho internacional, motivaciones políticas y geoestratégicas se ponen por encima de cualquier consideración que tenga que ver con la justicia.

Este es el caso del conflicto inventado de occidente con Irán, las requisitorias del Consejo de Seguridad de la ONU tratan siempre de que la república islámica demuestre que no tiene intenciones de construir armas nucleares y que su programa atómico es exclusivamente civil. Para EEUU y sus comparsas, basta su presunción de culpabilidad para obligar al estado persa a que demuestre fehacientemente su inocencia. Obviamente no aceptan las declaraciones del gobierno, ni siquiera las inspecciones que la AIEA lleva haciendo más de un lustro, ni los informes de las agencias de inteligencia de EEUU que opinan que los programas nucleares militares se abandonaron definitivamente en 2003, todo vale con tal de limitar la influencia regional de Irán. El imperio ha dedicado mucho esfuerzo en controlar a los países del Medio Oriente como para permitir que nadie se le interponga en sus designios.

Hoy mismo una de las noticias de cabecera en informativos de todo el mundo es que un informe de la ONU alerta de que la república islámica está en condiciones de construir armas nucleares. Hay que leer el cuerpo de la noticia para darse cuenta de que lo que ese dossier comenta es que, con necesidad de confirmación al carecer de pruebas irrefutables, Irán —dicen— tiene la información y los conocimientos para hacerlo, no que vaya a construirla ni que esté en ello. De hecho, las «pruebas» que presenta son de 2002, un año antes de que la CIA diera por cerrado el programa que supuestamente pretendía colar ojivas nucleares en los misiles Shahab-3 de medio alcance.

La situación recuerda sospechosamente a lo sucedido con las armas de destrucción masiva que Irak no sabía cómo demostrar convincentemente que no existían. Hasta después de haber reducido a cenizas al país no admitieron su error, que no era más que la constatación de que el montaje de las ADM ya no era necesario y que ya se habían inventado otra excusa para justificar sus preconcebidos objetivos. Pero lo que dice bien poco de los medios de desinformación oficiales, es que nadie parece relacionar ambas situaciones y alertar de que todas esta nueva campaña no es sino un mal remake de lo sucedido en Irak con el resultado que ya todos conocemos: centenares de miles de muertos, un país retrasado decenas de años, dividido como nunca en confesiones religiosas y con un significativo aumento de lo que ellos llaman terrorismo.

De momento, todo indica que el cambio que Obama iba a traer a la política exterior de EEUU, tendrá que esperar para otro tema, la cosa es que cada vez quedan menos asuntos donde puede notarse su personal y aún desconocido sello personal efectivo.

La AIEA reanudará sus inspecciones este mismo mes, mucho más de lo que Israel ha permitido o permitirá nunca pero, por mucho que lo intente, Irán ya ha sido declarada culpable por la comunidad internacional y da igual lo que haga, los jueces también están jugando el papel de acusación y son parte interesada contra la república islámica. Si en estas condiciones alguien espera que se imparta algo parecido a la justicia, va listo.