Mañana por la noche acaba el plazo para tener lista la constitución iraquí. Las fuertes divergencias entre las etnias y religiones que conforman el país, así como entre éstas y los Estados Unidos ya motivaron un primer aplazamiento la pasada semana a pesar de las negativas del embajador americano Zalmay Khalilzad, del primer ministro Jaafari y del propio presidente Bush. De no llegarse a un acuerdo en breve, el parlamento debería disolverse para iniciar de nuevo un proceso constituyente tras la convocatoria de elecciones generales.

A pesar de las noticias que van inundando las rotativas conforme se acerca la delicada hora, las protestas se suceden en las calles. Y no solamente se originan en la minoría suní como cabría esperar. Los partidarios de Sadr y el partido Dawa han protagonizado manifestaciones en diversas localidades contra el federalismo y por la unidad de Irak, uno de los principales escollos que mantiene encallado el texto de la futura carta magna. Mientras kurdos y chiíes del centro y sur del país abogan por cierta autonomía e independencia que les permita controlar sus respectivos pozos de petróleo, los suníes y una minoría chií no están de acuerdo con la fragmentación de Irak. Pero las reivindicaciones kurdas van más allá, no quieren renunciar a la independencia de la que han gozado de facto desde 1991 y por ello pretenden que la constitución les reconozca el derecho a la autodeterminación, algo que conllevaría un conflicto diplomático —o militar— con Turquía.

Pero, por otro lado, los kurdos, los principales aliados de Estados Unidos, tienen más motivos para estar contrariados. Tradicionalmente han sido los más seculares de los habitantes de Irak, pero ahora están comprobando cómo su país se encamina invariablemente hacia un estado islámico donde la sharía no será una de las fuentes de legislación para la futura sociedad iraquí, sino que será el “principal” referente de todas las leyes, las cuales se aplicarán siempre y cuando no entren en contradicción con la ley islámica, que tendrá siempre derecho de prevalencia.

En la práctica, pues, tras la invasión va a instaurarse un nuevo estado islámico en la región, algo del todo invendible frente a la opinión pública norteamericana, un político kurdo manifestó enojado a este respecto:

“ENTENDEMOS QUE LOS AMERICANOS SE HAN PUESTO DEL LADO DE LOS CHIÍES”, DIJO. “ES CHOCANTE. NO SE AJUSTA LOS VALORES AMERICANOS. HAN INVERTIDO TANTA SANGRE Y DINERO AQUÍ SÓLO PARA RESPALDAR LA CREACIÓN DE UN ESTADO ISLAMISTA (…) NO PUEDO CREER ESO SEA LO QUE LOS AMERICANOS QUIEREN REALMENTE O LO QUE EL PUEBLO AMERICANO QUIERE”.

Y si se produce un acuerdo que discrimine a los suníes —ayer mismo se negociaba a dos bandas a sus espaldas— sólo cabe esperar un recrudecimiento de la insurgencia. Así las cosas, EEUU no lo tiene nada fácil para buscar una salida airosa a todas las partes y para su opinión pública. La necesidad de la contar de manera urgente con una constitución es parte fundamental de la agenda del ocupante para poder iniciar sus planes de retirada —parcial de las tropas—. Bush apuntó en su particular Aló Presidente radiofónico de la pasada semana que se trataba de un “paso crucial en el camino hacia la independencia” del país. El embajador Khalilzad, que es quien verdaderamente dirige la redacción del documento desde la “zona verde” de Bagdad ha presentado públicamente la carta magna como el resultado de “la sangre y el dinero de los estadounidenses”. Difícil situación se les presentaría a los invasores si no se llega a un acuerdo en la medianoche del lunes o si el mismo lleva a la balcanización del país.

Pero el más espinoso asunto al que tendrán que enfrentarse sin duda los propagandistas imperiales es al de la situación de la mujer. Tal y como está redactado el artículo 14 referido al papel de la sharia, las mujeres retrocederán más de 40 años en el reconocimiento de sus derechos en Irak. Si se aprueba el borrador que se conoce hasta la fecha volverán a tener que pedir permiso a su familia para casarse, su marido podrá divorciarse con sólo decírselo al cónyuge en tres ocasiones, tendrían problemas para recibir la herencia en caso de fallecimiento del marido, etc. Y es que no en vano, la Comisión Constitucional, de 71 miembros, está integrada casi exclusivamente por hombres.

Y mientras Estados Unidos intenta por todos los medios imponer su prefijada e irreal agenda, la inmensa mayoría de los iraquíes de lo único que se preocupan es de la carencia de servicios básicos, del paro, de la violencia… una vez más política y pueblo marchan por caminos separados.

Juanlu González

manifestacion contra constitucion iraq