A ver cómo resuelve la autodenominada comunidad internacional el aprieto en el que le ha metido Irán ante las opinión pública mundial al formular su contraoferta. Por primera vez tienen en bandeja el cese del enriquecimiento de uranio y, por tanto, la disipación definitiva de las dudas que su programa nuclear pudiera despertar. ¿A cambio de qué? Pues a cambio de combustible nuclear para su planta de investigación con fines médicos en un intercambio simultáneo que debería producirse en el interior de sus fronteras o en un país neutral como Turquía. Irán lo entregaría enriquecido al 3,5% y lo recibiría a un 20% de pureza. De lo contrario, reanudarán la actividad de las centrifugadoras.

La propuesta es respuesta al ultimátum que expiró el pasado 31 de diciembre y que amenazaba con la adopción de más sanciones internacionales si no se aceptaban sus condiciones. Por eso sorprende ahora la digna pose de EEUU y Francia en el sentido que no aceptarán ningún tipo de ultimátum. Les delata su discurso belicoso, su posición de fuerza y, sobre todo, su falta de razón. El imperio pretendía que Irán se desprendiera del uranio y que esperara, sin demasiadas garantías, a que Francia y Rusia lo enriquecieran y lo entregaran meses después fuera del país.

La pregunta que nos podríamos hacer los de abajo es bien sencilla. Si la disputa se reduce a unos detalles de plazos y de la forma de entrega ¿qué es más importante? ¿asegurarse de que Irán no fabrique la bomba o subsanar esas garantías que necesita para colaborar con el Consejo de Seguridad? Y si optan por la confrontación cuando lo que pudiera estar en juego es la nuclearización del Medio Oriente ¿no será que lo del programa nuclear militar es sólo una invención? Las reacciones previas de EEUU y Francia apuntan en esa dirección…