Eso es lo que suele suceder cuando se juega con fuego, que a veces uno se puede quemar. Informaciones publicadas hoy mismo apuntan a que el terrorista suicida que mató a lo más granado de la lucha antiterrorista norteamericana en Afganistán era en realidad un agente doble que en realidad trabajaba para —dicen— al Qaeda.

Evidentemente no tengo más información que la publicada, pero me gusta especular y dudar de lo que nos cuentan. Teniendo en cuenta que todos los agentes de la «base de datos» que montó EEUU en su momento siguen en realidad al servicio de la CIA ¿qué ha podido pasar, pues? Es bien fácil imaginarlo, Humam Khalil Abu-Mulai al-Balawi fue reclutado en Jordania para infiltrarse en al Qaeda y ayudar a matar talibanes, algo que hizo perfectamente durante bastante tiempo dirigiendo a los drones para bombardear objetivos. Sin embargo, imagino que tras ver lo que sus acciones estaban provocando en la población afgana, en algún momento se cansaría y optó por devolver algo del daño causado.

Con posterioridad es gratis decir que en realidad había sido reclutado tiempo atrás por la gente de Bin Laden, pero desde mi absoluta ignorancia pienso que un agente de al Qaeda no se dedica a matar a sus compañeros sólo para ganarse la confianza del enemigo y asestarle un golpe por duro que sea. 3 agentes de la CIA expertos en lucha contra terrorista y operadores de los mortales drones, la responsable de la misión en la base Chapman, 3 guardias de seguridad también de la CIA (aunque podrían ser mercenarios de Xe, la empresa antes conocida como Blackwater) y un espía jordano perteneciente a la familia real Hashemita, su enlace con la Agencia. Al-Balawi entró sin ser registrado en la base Chapman en la provincia de Khost y se entrevistó con la cúpula de la CIA alegando que disponía información fidedigna sobre el paradero de al Zawahiri, el lugarteniente de Bin Laden. El resto es conocido por todos.