El mundo en el que nos ha tocado vivir est plenamente subyugado al imperio de la mediocridad, de los justos medios, dela tibieza, de los grises, de los centros. Nada es autntico, nada puede ser radical ni tajante. Ni el el mundo de las ideas ni en el plano de los pensamientos y su aplicacin a la vida en sociedad. Salvo quiz las religiones o en la tica derivada de las mismas, ningn sntoma de radicalidad se acepta de manera permisiva. Hemos acotado tanto el mundo de la ideologa y su subsiguiente praxis poltica que cualquier mnima desviacin del status quo imperante puede ser definida por algunos como comportamientos extremistas y, por tanto, inaceptables per s. En la primera legislatura de ZP vimos cmo el Partido popular se cebaba contra las reformas de la poltica social que protagonizaba el PSOE tildndolos de poco menos de peligrosos y trasnochados izquierdistas, cuando todos y todas sabemos de la extrema moderacin centrista de la que hace gala nuestro actual presidente as como la maquinaria partidaria que lo sustenta. Parece que el terreno de juego se nos est estrechando una y otra vez. Es como si los campos de ftbol ya se hubieran reducido a pistas de ftbol sala y llevsemos camino de convertirlos en ftbol de mesa o futboln, por hacer un smil de rabiosa actualidad deportiva (y poltica, no lo olvidemos).

En las tertulias de caf o radiofnicasde medio pas uno de los temas ms recurrentes de todos estos das ha sido la huelga de los trabajadores y trabajadores del Metro de Madrid. La inmensa mayora de los contertulios, amateurs o profesionales, se est dedicando a denostar sin piedad la actitud de los sindicatos por fomentar una protesta laboral sin respetar los servicios mnimos, da igual si los patronos los han cifrado unilateralmente en torno al 50%, cosa que acaba de un plumazo con el propio objetivo de la huelga dejndola en una presin ms bien de tipo cosmtico que real. Casi nadie alaba los motivos de la huelga aunque sean fcilmente compartidos a priori por cualquiera: los trabajadores y trabajadoras no tienen por qu pagar los platos rotos de una crisis provocada por el gran capital y por las fortunas que migraron a las inmobiliarias para forrarse a corto plazo. Para ellos incluso el gobierno ha demostrado que tiene dinero suficiente para evitar su cada, pero no as para mantener el pauprrimo estado de bienestar del que disponamos en el estado espaol. En vez de solidarizarnos con los compaeros y compaeras de Metro de Madrid, en vez de tratar de emularlos a lo largo y ancho de la Unin Europea para intentar redirigir su definido rumbo al lado de los mercados, parece que es tiempo de magnificar las molestias que pueden causar las protestas y, a la vez, desasociarlas del motivo que ha provocado la huelga para evitar concitar cualquier tipo de simpatas. Esa es la generalidad del pensamiento nico.

Quien quiera participar de la poltica o el sindicalismo de futboln, que juegue a eso. Pero que sean conscientes de que muchos y muchas sabemos que ah fuera se pueden jugar partidos de ftbol con ms grados de autonoma, creatividad y espectacularidad que el de esos tristes e inexpresivos monigotes atados a una barra manejada en bloque desde fuera. Vaya toda la solidaridad y cario para con la gente de Metro de Madrid. nimo y adelante!