No me suelen gustar demasiado las máximas y los refranes, hay una para todo, para una cosa y la contraria, pero hay que reconocer que a veces vienen que ni pintadas. Al leer ayer un artículo del portavoz de Defensa del Grupo Socialista en el Congreso, Jesús Cuadrado, sobre la guerra de Afganistán me vino inevitablemente a la cabeza la frase «o se vive como se piensa o se acabará pensando como se vive». Al PSOE, de tanto buscar excusas para tratar de justificar lo injustificable de su comportamiento ante la opinión pública, acaba por interiorizarlas de tal manera que hasta las incorpora a su doctrinario con una naturalidad que asusta. Lo hemos visto recientemente con el recorte del exiguo estado de bienestar del que disfrutamos en nuestro país ordenado por los mercados y acatado sin rechistar por nuestro gobierno «socialista» (hay que recordar que somos el país 20 de 24 en gasto social en la UE). Quizá no hayan tenido más remedio que tomar medidas contra el pueblo al que dicen defender pero sin duda se podrían haber tomado medidas más progresivas, menos universales que hicieran recaer el recorte o la recaudación extraordinaria en los que más tienen y no en las clases trabajadoras. Países con gobiernos de derechas se han atrevido con medidas mucho más progresistas que las adoptadas por el gobierno socialdemócrata español.

Con la guerra de Afganistán ha sucedido algo parecido. Los pacifistas de nuestro país no olvidaremos la traición que supuso la incorporación a la OTAN por la puerta de atrás, la colaboración en la I Guerra del Golfo o la participación en las masacres de Yugoslavia. La retirada de las tropas de Irak fue un acto obligado dada la unanimidad con que se vivió en nuestro país el rechazo a la guerra y, entre otras cosas, tuvo bastante que ver con la victoria electoral de Zapatero.  No haberlo hecho hubiera significado una decepción tan grande para el electorado movilizado contra el belicismo de la derecha que, probablemente, no hubiera podido repetir la victoria electoral de 2008. Pero incomodar al enemigo americano no está costando un altísimo precio. El PSOE vuelve ahora a hacer gala de su atlantismo militante y ahora quiere convencernos de que el peaje que estamos obligados a pagar para restañar las heridas provocadas por la retirada prematura de Irak es en realidad una misión que nace del convencimiento de que las intervenciones militares humanitarias son legítimas para construir un mundo más civilizado.

Jesús Cuadrado parece olvidar las razones que motivaron la invasión de Afganistán y que hoy las hemerotecas están a disposición de todo el mundo con un solo clic de ratón. Oficialmente la guerra se inició para capturar a los supuestos responsables de los atentados del 11S. Con esa excusa se inició una operación de relaciones públicas internacionales que logró legitimar la invasión en el Consejo de Seguridad y conseguir convertirla en una guerra «buena». Sin embargo, todos sabemos —menos al parecer el diputado socialista—  que la guerra estaba decidida antes de los atentados del 11S y que lo sucedido aquel día fue sólo una excusa cuyas motivaciones tenían mucho más que ver con la geoestrategia de los hidrocarburos que con al Qaeda o Bin Laden, ni mucho menos con ningún sentimiento filantrópico o de carácter humanitario.

Al igual que en la guerra de Irak, una vez que la realidad desmonta las mentiras que se usaron para ir a la guerra, se hace necesario buscar de manera sobrevenida otras excusas que sirvan para mantener cierta pátina de legitimidad ante la opinión pública. En Irak se uso, tras el fiasco de las ADM, la eliminación del régimen de Sadam o la democratización del país, aunque al final el único saldo de la guerra, además de la destrucción de Irak y la matanza de centenares de miles de personas, la privatización del petróleo que ahora está en manos occidentales. En Afganistán pasa otro tanto, tras el fracaso en la captura de Bin Laden o del Mullah Omar, se ha constituido un gobierno en el que se han incorporado, además de petroleros como Karzai, señores de la guerra tan sanguinarios como los peores talibanes, o traficantes de droga. Por eso, cuando gentes como el Sr. Cuadrado tratan de vendernos la moto de las bondades de una guerra humanitaria que no hace sino destruir aún más un país reducido a escombros, donde las matanzas de civiles a manos de las fuerzas invasoras son habituales y el odio al invasor no hace sino aumentar día a día, es inevitable esbozar una sonrisa. O bien este señor no tiene ni idea de lo que dice o deliberadamente quiere tapar ante la opinión pública la vergüenza que le supone apoyar una guerra brutal e injusta que lo único que persigue es impedir que Rusia y China accedan a las riquezas en hidrocarburos de esa zona de Asia, principalmente las de Turkmenistán y Kazajstán. De nuevo una guerra por petróleo, una guerra para apoyar a los intereses norteamericanos.

Más de 2.000 millones de euros tirados a la basura en medio de una profundísima crisis de la que no veremos la salida hasta al menos dentro de un lustro, con índices de paro absolutamente inabordables y más y más recortes sociales sobre la mesa. Esa es la mala conciencia que destila el PSOE y por eso trata de Jesús Cuadrado de autoconvencerse de que el triste papel del gobierno español es en realidad acorde con los valores de la izquierda que debieran guiar sus acciones. Lo malo es que de tanto justificar la dictadura de los mercados o apoyar operaciones militares imperiales, cada día es más difícil diferenciar al PSOE de cualquier otra opción de la derecha clásica. Luego nos pedirán un voto útil para parar a la derecha…