Todo lo relacionado con al-Qaeda está relacionado con algo más que morbo o misterio. Un velo de dudas, de desinformación, de ignorancia y de manipulación parece ocultar la realidad de manera intencionada. Y no, no se trata de apoyar quien sabe qué maniobras conspirativas o paranoides, pero es que la cosa no es para menos. Ya Descartes planteó en su Discurso del Método el uso de la duda como medio para alcanzar un conocimiento riguroso de la realidad. Y en los tiempos que corren, no hay nada mejor.

Partiendo de la base de que EEUU creó un organismo para intoxicar en su favor, mintiendo a las opiniones públicas del mundo para que apoyaran sus políticas en el exterior, sólo hace falta hilar las informaciones oficiales, analizándolas con sentido crítico, para elaborar conclusiones propias muy diferentes a las oficiales. Los medios de información han sido engañados una y otra vez por los gabinetes de prensa de los gobiernos. Los mea culpa han sido entonados en numerosas ocasiones pero, a pesar de ello, no parece que haya síntomas de que hayan variado el rumbo. Siguen siendo las correas de transmisión de la propaganda gubernamental sin colocar apenas los filtros intelectuales más simples. No en vano los estados suelen ser las fuentes más profusas de noticias y buena parte de los ingresos derivados de la publicidad.

El caso de al-Zarqawi en Irak es paradigmático de todo lo antedicho. Basta echar un vistazo a los comunicados de las principales agencias de información para darse cuenta de que no tienen idea fundada alguna de lo que transmiten o de que al menos las argumentaciones en las que se apoyan están llenas de lagunas y contradicciones.

Hace pocos días podía leerse que uno de los atentados que se había producido en Irak se atribuían a “alguno de los grupos terroristas de al-Zarqawi”, quien debería ser el sólo el propietario exclusivo de la franquicia de al-Qaeda en el país con múltiples ramificaciones de nombres diferentes. Sobre los mismos días, una prestigiosa multinacional de la comunicación decía que el jordano “reivindicaba presuntamente” varios atentados en cadena. Europa Press se hacía eco a finales de septiembre de que la “CIA está casi segura” de la autenticidad de una cinta en la que decían que parecían haber reconocido la voz del terrorista. Las similitudes con las inculpaciones de Bin Laden son sospechosamente coincidentes. Aún no conocemos las pruebas concluyentes que relacionen al saudí con el 11S, a pesar de que ya nadie ni lo cuestione ni lo demande.

Pero lo que es indudable es que resulta tremendamente útil para EEUU y sus cruzados para justificar la ocupación ilegal y las atrocidades que diariamente siguen perpetrando, como los bombardeos indiscriminados contra la población civil de ese 25% de Irak donde han cedido el control a la resistencia, verdaderos crímenes de guerra o actos de terrorismo cometidos por estados presuntamente democráticos.

El ejemplo de Faluya es el más conocido, aunque no el único. EEUU afirma que Zarqawi se encuentra huido allí, y es el argumento que esgrime tras cada castigo aéreo en el que mueren peligrosos ancianos o niños terroristas. La oficialidad lo considera como simples daños colaterales, un pequeño precio que hay que pagar dentro de la guerra global contra el terrorismo. Así se tranquilizan las conciencias de los ultraconservadores cristianos que son la base del apoyo de los republicanos y se manipula a los más crédulos e ignorantes votantes de los estados de la América profunda.

A pesar de lo machacón del argumento, la resistencia no cesa de afirmar que el jordano no se encuentra en la ciudad, hay quien afirma que hace poco más de un año que murió en el kurdistán iraquí. De lo que no cabe duda, ni siquiera metódica, es que la agitación del fantasma del jordano favorece únicamente a los intereses de los invasores. Como Laden, la escuela de Zarqaui fue la guerra contra los soviéticos en Afganistán, financiada con dinero saudí y norteamericano. Hace no demasiado fue un buen aliado de Washington, ahora directa o indirectamente lo sigue siendo. Cuando menos no se puede decir que las evidencias apuntan a un único camino inequívoco: el trazado por una oficialidad con intereses bastardos y con medios impropios de cualquier democracia. Déjennos al menos que podamos ejercer el derecho a una razonable duda, las relaciones inconfesables entre al-Qaeda y la política exterior norteamericana, quizá de subordinación o pura instrumentalización, quizá de mutua necesidad.

Sea como fuere, es hora de pedirle a los medios de comunicación un poco de seriedad. Las disculpas a posteriori sirven para poco si no sirven para adoptar una postura mucho más comprometida con la verdad. Y lo cierto es que continúan siendo simples voceros, tontos instrumentos útiles para generar la ceremonia de la confusión necesaria para jugar con las cartas marcadas en el brutal juego del apoyo a los invasores y sus continuados crímenes contra la Humanidad.

Juanlu González
Publicado en Rebelión, Mentiras y Medios