A la operación militar dirigida a controlar el petróleo libio le han surgido dos graves problemas, de un  lado la falta de munición real para continuar los bombardeos «quirúrgicos» en Libia liderados por Francia y Reino Unido, de otro el que los objetivos reales de la intervención han quedado escandalosamente al descubierto. Ahora se trata a las claras de echar a Gaddafi, no de proteger a civiles, eso siempre fue lo de menos e incluso se sabe que es una gran mentira destinada a facilitar la intervención ante la opinión pública.

El primero de los problemas se podrá resolver pidiendo ayuda al VII de Caballería —aunque Obama tampoco no las tiene todas consigo debido a su débil situación interna. El segundo es más complejo, de hecho se requeriría de un nuevo pronunciamiento del Consejo de Seguridad de  Naciones Unidas para ir más allá en los supuestos contemplados en la resolución 1973, algo que ni China ni Rusia están dispuestos a priori a permitir. Es fácil comprender dónde ha estado el error de cálculo de las potencias agresoras, pensaban que el presidente libio no contaba con suficiente apoyo social para mantenerse en el poder y, salvo en las regiones del este, en la Cyrenaica, estaban manifiestamente equivocados. No en vano la situación económica y social del país no tenía nada que ver ni remotamente con las de Egipto o Túnez.

A pesar de que el petróleo en manos de los rebeldes está fluyendo a occidente vía Qatar, no de ja de ser una ínfima parte de lo que el país exportaba antes de la guerra o de lo que podría llegar a hacer si pusiera en producción las reservas que tiene contrastadas. Para invertir la situación es necesario que Gaddafi abandone el gobierno para poder poner en su lugar a un títere del imperio, pero  ello no será posible sin una intervención con tropas de tierra ni sin atacar más duramente que hasta hoy objetivos que no tengan nada que ver ni con la defensa de los civiles ni incluso con la guerra civil que han desatado en Libia. A ver cómo se las apañan, pero seguro que machacando a la población civil para ponerla en contra de su líder.