El sendero del Ro de la Miel es uno de los ms frecuentados del Parque Natural Los Alcornocales. Tradicionalmente ligado al abastecimiento y al recreo de la poblacin de Algeciras, sus dulces aguas ya fueron glosadas por numerosos gegrafos e historiadores andaluses del medievo. Est jalonado por molinos harineros, algunos de ellos an en funcionamiento, por vetustos caos, por restos de canalizaciones para llevar agua potable a la ciudad y por vestigios de antiguas sendas empedradas de olvidados destinos. Extraas inscripciones semiocultas de factura centenaria alusivas a tesoros y bandoleros acrecientan la atmsfera mgica de un lugar en que el ambiente destila historia y leyenda en las proporciones adecuadas para que nadie pueda sentirse indiferente a un paseo junto a sus aguas.



Pero, lo que realmente nos da la verdadera dimensin de que nos encontramos en un lugar especial es el impresionante puente que marca el primer contacto del paseante con el ro. Su desproporcionado tamao, medido por algn hbil pontfice de la poca para evitar las frecuentes crecidas es indicativo de la relevancia que la ruta, slo apta para caminantes y caballeras, tuvo en siglos pasados cuando era uno de los pocos y peligrosos caminos que unan las antiguas tierras de Gibraltar en su campo con la vertiente occidental de la provincia gaditana. La inusual forma que presentaque recuerda a los puentes medievales, su extrema delgadez y su aparente inutilidad invita a imaginar la mano de antiguos maestros constructores y canteros con desconocidos propsitos.

El repiqueteo del agua sorteando entre las piedras; el delicado soniquete del chorrillo de agua de la fuente que nace y muere junto al ro; o el murmullo sordo de las cascadas en su ininterrumpidos trabajos de escultura, nos acompaarn durante todo el trayecto. La omnipresente agua preside por completo el itinerario. Mensajera de la vida, su potencial creador facilita la existencia de una exuberante vegetacin que enmarca perfectamente el escenario por el que discurre el sendero. La galera de alisos conforma un dosel que protege a las aguas de los rayos de sol, que llegan atenuados y tamizados de verde a la corriente. Bajo ellos es fcil hallar algn acebo u ojaranzo, reliquia de tiempos pretritos cuando el clima era ms hmedo y clido que el actual y, sobre todo, helechos reales y hembras, que proporcionan al paseante percepciones muy similares a las que reinan en las selvas tropicales. En suma, una gozada para los sentidos, el intelecto y la imaginacin.

Juanlu Gonzlez
Para el Boletn nmero 6 del PN Los Alcornocales

El ro de la miel
Detente junto al ro de la Miel, prate y pregunta
por una noche que pas all hasta el alba, a despecho de los censores,
bebiendo el delicioso vino de la boca o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan los ramos encima del arroyo.
Haba copas de vino fresco y nos serva de copero el aquiln.
Las flores, sin fuego ni pebetero, nos brindaban el aroma del loe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas de lanzas sobre loriga del ro.
As pasamos la noche hasta que nos hizo separarnos el fro de las joyas.
Y nada excit mi melancola ms que el canto del ruiseor.

BEN ABI RUH
Algeciras. Siglo XII