periodicos

En estos días se suceden los ataques contra el gobierno argentino por la aplicación de laconocida como Ley de Medios que —dicen— supone todo un atentado contra la libertad de expresión. En España, derecha e izquierda se han puesto de acuerdo en demonizar a Cristina Fernández por lo que ven como la venganza contra el grupo de comunicación Clarín, el verdadero dominador del panorama informativo del país Latinoamericano desde hace bastantes años y, probablemente, el mayor de toda la región. El que la caverna mediática se ponga del lado de un poderoso conglomerado empresarial enfrentado a un gobierno progresista no debe extrañar a nadie. Que El País y La Sexta hagan lo mismo, ya puede extrañar a más de uno. Incluso la coincidencia general podría otorgar cierta veracidad a la noticia o al análisis.

Pero como siempre que hay tanta unanimidad, huele a chamusquina desde lejos. No cabe duda de que un cierto sentimiento corporativista domina a medios de derecha e izquierda (capitalista) para lanzarse en tromba a defender a Clarín. Pero hay algo más, mucho más, el Grupo Prisa tiene grandes intereses económicos en radios argentinas, sobrepasando el porcentaje máximo de capital extranjero que permite la ley (30%) por lo que, posiblemente, tenga que desprenderse de parte de sus acciones en el sector. En cuanto a La Sexta, sabemos que ya ha sido adquirida por Antena3, aunque conserva su identidad como cadena enmarcada en el sector «progresista», aunque los ataques al bolivarianismo de sus presentadores estrella (incluido el inefable Gran Wyoming) han sido constantes durante todos estos años. Pero tampoco son desconocidas las conexiones de Jaume Roures y Miguel Barroso, fundadores de La Sexta, con Clarín (y con Al Jazeera). Incluso en su momento el mayor diario de Latinoamérica fue elegido como plataforma para la impresión del periódico Público, también del grupo, en la región.

Pero, a pesar de todo, la Ley de Medios argentina es un autentico ejemplo de libertad de expresión para toda humanidad. Así lo ha reconocido el relator de la ONU para estas materias, Frank La Rue, quien expresó que la norma era una de las más avanzadas del continente y un modelo a seguir para todo el mundo. En general, es una ley antimonopolio, que impide la concentración de medios en manos empresariales en pro de la democratización, la libertad de expresión y de la diversidad de opiniones y puntos de vista. Por primera vez, considera a la comunicación audiovisual como una actividad social de interés público y no un medio de ganar dinero o influencia. La comunicación tiene que ejercer un papel fundamental en el desarrollo sociocultural de la población, mediante el derecho de expresar, recibir, difundir e investigar informaciones, ideas y opiniones sin ningún tipo de censura o intereses espurios ajenos al propio acto comunicacional.

La ley fija que el 33% del espacio radioeléctrico se reservará para asociaciones sin ánimo de lucro, las universidades podrán ser titulares de medios con vocación educativa y científica. Por otra parte, obligará a las televisiones a emitir un mínimo de un 60% de producción nacional, de los que al menos la mitad debe ser de producción propia. Las radios privadas, por su parte, deben emitir un mínimo de 50% de producción propia y debe incluir información local. La publicidad queda limitada, el deporte de interés será gratuito y universal… en fin, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es, en la onda de otras similares aprobadas por gobiernos bolivarianos, de lo más presentable que existe en el panorama mundial. De momento, Clarín ha logrado retrasar 3 años con subterfugios legales la puesta en práctica de la ley, aunque parece que ya le llega el punto y final… Debemos estar de enhorabuena, pero también debemos enfrentar los ataques que Argentina está sufriendo por haber cometido el peor de los pecados: defender el interés general en contra del poder de las multinacionales y en concreto de una que debe a la dictadura de Videla buena parte de su posición de fuerza actual, por mucho que quiera disfrazarse ahora de democrática.