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El pasado miércoles, Israel atacó un centro de investigación científico en
Jemraya, cerca de Damasco, interviniendo por segunda vez en la agresión internacional contra Siria. Muy mal deben ir las cosas si el gobierno terrorista de Israel tiene que dar la cara tan abiertamente en el conflicto. Recordemos que durante el inicio de los ataques, la propaganda occidental repitió machaconamente que Netanyahu apoyaba al gobierno de Assad, en un absurdo intento de socavar el gran apoyo que mantiene del pueblo árabe y para «vender» a la opinión pública la idea de que existe una especie de comunidad de intereses entre ambos y así demonizar aún más a la dirigencia del país. Pues si todavía quedaba alguien intoxicado por la hasbará israelí ya puede enfrentar la cruda realidad: el principal enemigo de la nación árabe es aliado de los rebeldes sirios. Era algo bastante lógico, entre otras cosas porque:

  • Se han encontrado armas israelíes en manos de los mercenarios y terroristas a sueldo de occidente y de las tiranías del golfo
  • Israel ha bombardeado a militares sirios que perseguían a rebeldes cerca del Golán
  • Palestinos que han sido atacados por los contras sirios han acusado al Mossad de estar detrás de las masacres en los campos de refugiados palestinos defendidos por los grupos de izquierda del FPLP
  • Siria es la primera línea de defensa contra Irán, principal objetivo de gobierno sionazi
  • Desde hace ya varios meses Israel está usando la excusa de las armas químicas para amenazar con intervenir directamente en Siria. Lo está planificando en coordinación con el gobierno títere de Jordania

No obstante, es probable que se estén preocupando realmente en los últimos tiempos cuando se ha evidenciado a las claras que al Qaeda lidera la guerra contra Siria, que van a pedir una fuerza política proporcional a su influencia militar en un hipotético futuro post Assad y que no van a conformarse hasta que no tengan su emirato islámico medieval implantado en todo el país y a las mujeres tapadas y a buen recaudo fuera de las calles y la carreteras.

Sin embargo, esta última acción de Israel va mucho más allá. Han atacado a una instalación militar en Damasco. Contaron que era un convoy de armas sirias para Hezbollah libanés ¡como si les sobrasen las armas para ir regalándolas por ahí! Todo indica que era un almacén que guardaba armas israelíes de última generación incautadas durante las recientes operaciones de limpieza de terroristas. El gobierno sirio ha anunciado que el centro fue atacado inicialmente por los rebeldes, pero al ser repelidos recibieron el oportuno bombardeo del vecino y belicoso país, probablemente para borrar pruebas o por otros motivos que ahora se nos escapan. La coordinación con los rebeldes sí que da bastante que pensar…

Muy mal deben ir las cosas en el frente militar para implicarse directamente en la guerra de agresión contra Siria. Mientras no entre una nueva oleada de yihadistas que puedan revitalizar la ofensiva, de momento el ejército está sofocando todos los focos y eliminando a centenares de terroristas y mercenarios al servicio de las potencias extranjeras.

Lo peor es la desfachatez del estado fallido de Israel, que se permite atacar a Irak, a Sudán, a Siria, a Líbano, a Palestina… cuando le viene en gana sin que nadie sea capaz ni de articular una simple condena del Consejo de Seguridad. Cada día que pasa es un estado más paria y despreciable y, no cabe duda, que tarde o temprano será borrado del mapa. Su desprecio por los derechos humanos, por el derecho internacional, por las más elementales normas de convivencia lo convierten —así lo ve la opinión pública— como el país más peligroso para la paz del planeta e incluso como en un país directamente terrorista.