Twit de un “periodista” venezolano, de esos que gusta defender en el estado español, que desató la cacería de médicos cubanos en los centros de salud del país

Ante el vergonzoso silencio de la mayoría de los medios de información, la derecha venezolana ha activado una oleada de violencia y asesinatos para desestabilizar el país y conquistar en las calles el poder que le han negado las urnas. Las dos derrotas electorales que ha sufrido Capriles en los últimos meses, han supuesto la acumulación del poder para el bolivarianismo durante un horizonte temporal que ni la derecha venezolana ni sus aliados en el exterior han podido soportar deportivamente. El impostor líder opositor, que hizo suyas las conquistas sociales del chavismo, incluso las formas y el aspecto del mismísimo Chávez, sabe que seis años más en el poder es suficiente para consolidar una manera de hacer política que no tendrá marcha atrás posible. La redistribución popular de las rentas del petróleo y la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía, especialmente la más humilde, es ya el punto de partida para cualquier gobierno, sea del signo que sea, en el presente y en el futuro del país. Si ya les ha costado asumir esa realidad, seis años más de socialismo volvería a subir el listón a niveles inasumibles para la derecha.

Así que, nuevamente, hordas de antichavistas han salido a las calles para desestabilizar el país como ya hicieron en 2002. Hasta la fecha ya han asesinado a siete personas y herido a más de sesenta. Protestas y cacerolazos pronto derivaron en asaltos y quema de edificios oficiales, sedes de televisiones, centros médicos y viviendas privadas de dirigentes del Partido Socialista Unificado de Venezuela. El recién nombrado presidente pronto se hizo cargo de la situación y, tras la detención de más de un centenar de personas, la calma ha vuelto a las calles del país. En una rueda de prensa ha acusado directamente a Henrique Capriles de organizar las revueltas y a EEUU de estar detrás de la operación.

El motivo de fondo es la ajustada victoria por la que Maduro se ha hecho con la presidencia venezolana. Como marca la ley, ya se efectuó una auditoría del 54% de los votos sin que se comprobara ninguna desviación con respecto a los datos oficiales, por lo que la discusión debe cerrarse definitivamente sin ningún tipo de dudas. Los centenares de observadores internacionales han refrendado la limpieza del proceso electoral, que ha sido calificado por el expresidente Carter como uno de los mejores del mundo. Sin embargo, a la derecha le interesa mantener la incertidumbre para justificar un clima de inestabilidad e interinidad en la que consumar sus planes golpistas.

Las redes sociales se están llenando de adhesiones regionales a Maduro por parte de centenares de organizaciones y partidos latinoamericanos, pero también de pedidos de arresto de Capriles como instigador de los asesinatos y el acoso violento a periodistas, médicos cubanos, políticos y miembros del Consejo Nacional Electoral, algunos de ellos con resultado de lesiones y muerte. Son hordas fascistas bien organizadas que han comprobado cómo la pérdida por un estrecho margen no va a servirles para nada y seguirán relegados durante seis años a la labor opositora. La estrategia de desconocer el resultado de las urnas, usada prácticamente en todos los procesos electorales a pesar de su reconocimiento internacional, tampoco esta vez les va a servir para nada, pero es bien probable que la policía e incluso el ejército van a tener que emplearse a fondo durante unos días para contener la violencia del bloque de la derecha.

Repitiendo el mismo esquema de 2002, nuestro gobierno del PP, se ha sumado al coro de desestabilizadores y alentadores de la revuelta poniendo en duda el resultado electoral.¿Quién es Margallo para pedir un recuento? ¿Cómo se vería la cosa si fuera al revés? No obstante, luego ha tenido que reconocer a Maduro como presidente para evitar males mayores, sobre todo ante la airada reacción del presidente electo frente a las declaraciones del ministro de exteriores. Tampoco los medios han tenido un papel menos indigno, incluso las televisiones supuestamente «progresistas» han tratado de ocultar la noticia primero y presentarla luego como disturbios sin origen claro, como enfrentamientos entre partidarios y detractores del chavismo cuando los ataques organizados han tenido una dirección y objetivo claro. Incluso se han atrevido a denunciar represión policial cuando los aparatos de seguridad del estado han salido a restablecer el orden o apagar los incendios provocados por los comandos fascistas y antidemocráticos mandatados por Capriles. Su único análisis riguroso es destacar alarmados la división del país al 50%, como si eso fuera algo extraño en España, en EEUU o en la mayoría de los estados occidentales. Sencillamente patético, como de costumbre.