De nuevo, los medios corporativos no cesan de hablar del uso de armas de destrucción masiva en Siria. No es casual, como nada de lo que ha sucedido estos dos años lo es. Cada vez que queda patente que el frente yihadista apoyado por occidente es incapaz de derrotar al ejército y al gobierno sirio se ponen invariablemente en marcha estos tipos de estrategia.

Por un lado, crece la intoxicación mediática para deslegitimar o criminalizar al régimen baasista, para desnaturalizarlo, deshumanizarlo y así justificar la violación de la soberanía del país y la injerencia militar. Normalmente se trataba de montajes de asesinatos masivos de civiles que, a los pocos días eran sistemáticamente desmontados por la prensa antagonista de EEUU o por la propia blogosfera. Hacían pasar ante la prensa domesticada a milicianos, mercenarios o terroristas muertos por civiles desarmados sirios. Incluso las ejecuciones sumarias perpetradas por los «rebeldes» las trataban de vestir como si las hubiera ocasionado el gobierno. Nos llegaron vídeos de gente haciéndose el muerto con las ropas coloreadas de rojo tirándose al suelo para la cámara. Vimos también terroristas llegando con pan y mojándolo en sangre para hacer pasar un refugio de mercenarios por una panadería. Vimos a respetables periodistas de los mayores medios del mundo ordenando a los militares opositores cuándo hacer sonar sus armas para simular ataques gubernamentales… En estos años hemos sido testigos de todo, aunque lo más habitual siempre fue la deliberada confusión entre paramilitares, terroristas y mercenarios opositores con civiles, con el pueblo llano reprimido por el tirano. Cuando el londinense Observatorio Sirio de los Derechos Humanos denunciaba muertes de civiles, o bien se trataba de milicianos o bien de puras invenciones incriminatorias sin ningún tipo de pruebas, a pesar de lo cual la prensa y los gobiernos siempre las dieron por buenas.

De otra parte, la segunda estrategia implementada ha sido el recurso al terrorismo para mantener viva la llama de la revuelta, mientras llegaban nuevas oleadas de muyahidines radicales extranjeros con los que sustituir las bajas infringidas por el ejército árabe sirio a los agresores. Atentados en busca de magnicidio los ha habido a decenas, pero tampoco ha sido extraño el recurso a la matanza indiscriminada de inocentes para crear caos, terror y sensación de inseguridad en zonas como Damasco que han permanecido prácticamente ajenas a la guerra. Tal es la calaña de los opositores.

En estas últimas semanas se han constatado enormes derrotas contra el conglomerado agresor en Siria, las bajas se cuentan por bastantes miles. La balanza se ha decantado claramente del pueblo sirio. Es en ese contexto donde deben analizarse los hechos de estos días: la dimisión de Moaz al-Jatib, el jefe de la Coalición Nacional Siria por la supuesta falta de compromiso del patrono norteamericano, la petición del uso de drones, el envío de blindados y armamento pesado que estamos observando en los portales yihadistas… e incluso el tono triunfalista de Bashar el Assad en sus entrevistas o discursos más recientes. El alineamiento de los Hermanos Musulmanes sirios con al Qaeda también es sintomático, saben que sin ellos son totalmente irrelevantes en el terreno militar. Pero, el apoyo al frente al Nusra no sale gratis a la opinión pública internacional, menos aún tras los atentados de Boston, como tampoco la puesta a disposición de al Zawahiri de los milicianos sirios, algo que ha hecho mucho daño en el frente mediático.

Pero nada es fácil en el avispero regional, la puesta en práctica del acuerdo de Ginebra impulsada por Rusia y la segunda administración Obama, ha encontrado más resistencia de la prevista en el bando aliado de EEUU. Qatar, Arabia Saudí y Turquía han invertido ingentes cantidades de dinero y recursos para derrocar al gobierno sirio y no están dispuestos a retirarse sin más. Los al Thani tenían previsto hacer pasar por Siria un esperado gasoducto que les librara de los peajes rusos. Turquía quiere controlar a los kurdos en el estado vecino… sólo Arabia Saudí parece ser más disciplinada. Incluso se han constatado luchas intestinas entre salafistas qataríes y wahabitas saudíes por la aplicación de la sharía en los territorios fronterizos ocupados, toda una señal de lo que puede esperar a Siria si triunfa esta disparatada ralea criminal.

Sin solución política a la vista, con los rebeldes en franca retirada ante el empuje militar y con la imagen del bloque opositor vinculada irremisiblemente a al Qaeda, sólo una gran campaña de relaciones públicas unida a un incremento sustancial del apoyo militar o incluso la implicación directa norteamericana en la guerra podría revertir la situación. Es aquí donde aparecen las acusaciones del uso de armamento químico en la guerra. Tampoco es cosa fácil. Usar la misma mentira dos veces en dos guerras regionales es arriesgado, máxime cuando los rebeldes han difundido vídeos con materiales de guerra química, presumiblemente aportados por Turquía. Tampoco estaría mal visto si se hubieran usado contra terroristas de al Nusra, por lo que tienen que vender que las han utilizado contra su propio pueblo, una mentira que ya no surte efecto desde muchos meses atrás. Pero también está el caso de Israel. El estado sionista lleva usando fósforo blanco durante años contra palestinos y libaneses sin sufrir ningún tipo de consecuencias en el plano diplomático o militar. Bombas de racimo e incluso uranio empobrecido han machacado a ambos pueblos árabes durante los últimos años, que ahora sufren las consecuencias con el padecimiento de enfermedades  tales como cáncer, malformaciones fetales y multitud de amputaciones por las quemaduras químicas.

No obstante, el envío de lanzaderas de Patriots junto con más tropas norteamericanas a Jordania,  la aprobación del envío de blindados a los combatientes y quizá el despliegue de aviones y marines de combate a Morón de la Frontera, tengan que ver con la búsqueda de un desenlace militar antes de las elecciones iraníes. Todo va a depender de la respuesta de Rusia a los tambores de guerra que ahora suenan desde Washington.