¿El Mullah Omar ministro de Afganistán?

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Parece que la única salida honrosa que queda en Afganistán es incorporar a los talibanes al gobierno, es evidente que muy bien no deben ir las cosas en los terrenos político y militar. Kharzai es poco más que el “alcalde de Kabul”, su guardia pretoriana está compuesta por soldados y mercenarios extranjeros. Afganistán se ha convertido de nuevo en un gran campo de amapolas, en el mayor productor de heroína del mundo. Los sobornos en dólares a los señores de la guerra se acabaron y con ellos las obediencias a los ejércitos invasores. La prometida reconstrucción es un espejismo cómplice con los extranjeros, lo mismo que la pretendida apertura y el respeto a los derechos humanos.

El talibán tiene bajo su dominio grandes zonas del país, para controlarlos se necesitan muchos más soldados que ningún estado está dispuesto a proporcionar. Estados Unidos se siente sólo en su misión y a las primeras de cambio critica la poca determinación de sus aliados en la lucha. Nadie quiere poner muertos en una misión imposible, absolutamente desvirtuada y cuyo origen, por mucho que estuviera bendecida por la ONU, se basaba en un cúmulo de mentiras e inconcreciones de tamaño descomunal.

¿Alguien recuerda ya las pruebas que vinculaban a Bin Laden y a los talibanes con el 11S? Por supuesto eran secretas, Bush sólo se las enseñó a su amigo Clinton quien dijo algo así como: Bil Laden es malo, tiene pelas y quiere hacer daño a EEUU, ergo Él ha sido. Y se quedó tan pancho, nadie se preguntó nada más, como un dogma religioso, todos (casi) apoyaron la invasión que destruiría los campos de entrenamiento de los terroristas y el centro neurálgico del ejército del mal en Tora Bora, que finalmente, cuando los enseñaron eran poco más que descampados con chabolos, dos juegos del quimicefa y unas lúgubres cuevas con la misma tecnología que las de Atapuerca desde la que —según nos decían— se dirigía la guerra global contra occidente.

El Mullah Omar eran el segundo hombre más buscado en el país tras Bin Laden, formaba parte del ejército de personas con discapacidad que atemorizaban al planeta. Su proverbial escapada de Kabul en una mobilette campera hacia Kandajar forma ya parte de la mitología guerrera integrista. Por eso el ofrecimiento de entrada en el gobierno es asimilable al escandaloso reconocimiento de una total derrota de EEUU y sus aliados entre los que se encuentra nuestro país. Pero la respuesta del talibán ha sido la de un líder orgulloso y paciente, sabe que es cuestión de tiempo que el artificial régimen implosione en cuanto el punto de mira del imperio enfoque a otro objetivo. Y entonces estará en una mejor posición para negociar, por eso ha dicho que se sentará con Kharzai en ausencia de invasores.

¿Qué se nos ha perdido a nosotros en medio de todo este embrollo? Evidentemente nada, tratar de congratularse con Estados Unidos por la retirada de las tropas de Irak, una vela a dios y otra al diablo, la tradicional ambigüedad del PSOE, el quiero y no puedo. Pero estamos allí para una misión de pacificación y reconstrucción que se está convirtiendo en una pura misión de guerra. Estamos con un contingente pequeño y mal pertrechado para lo que se viene encima, con una opinión pública contraria al despliegue y contraria también a nuevos incrementos de tropas. Para buscar el cariño excepcional y extraordinario del ejército norteamericano podemos regalarle botes de gazpacho o paellas precocinadas, pero no las vidas de nuestros soldados ni el dinero de los presupuestos generales del estado, que buena falta que nos hace.

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