Hoy es cuando se celebra oficiosamente la verdadera jornada de reflexión de las elecciones autonómicas y municipales de 2015. Después del empacho de cifras de la noche electoral, la obligatoria pasada por la almohada y el baile de declaraciones de damnificados y agraciados, toca el análisis sosegado, aún a falta de la configuración, sí o sí, del cúmulo de pactos que serán necesarios para formar gobiernos en ayuntamientos y comunidades autónomas.
Entre tanto eufemismo y neolenguaje, los guarismos cantan por sí solos sin la interpretación siempre interesada de sus protagonistas directos. Y es que no es lo mismo la rimbombante «segunda transición» que un simple cambio de ciclo. Obviamente lo acontecido ayer será conocido en el futuro como un marcado punto de inflexión en el devenir político bipartidista que hemos sufrido en los últimos decenios, pero de ahí a pensar que es el inicio del cambio que nos liberará de las ataduras de la dictadura que aún subyacen en nuestro régimen, va un verdadero abismo.
El Partido Popular ha perdido dos millones y medio de votos y buena parte de su, hasta ayer, omnímodo poder territorial, pero el Partido Socialista también ha salido bastante trasquilado con alrededor de tres cuartos de millón de apoyos menos. El bipartidismo ha quedado tocado de muerte, ya el pastel es cosa de cuatro formaciones estatales, al menos a corto plazo, pese a quien pese. A pesar de declaraciones triunfalistas de los dirigentes de la derecha, la victoria del PP que recalcan algunos compungidos dirigentes, es propia del general Pirro o, como se ha dicho tantas veces en nuestro país, una victoria que sabe a derrota. Y es que perder 3.575 concejales y gran parte de sus comunidades autónomas y ciudades más emblemáticas no es asunto baladí, sino de profundo calado.
El PSOE, batacazo incluido, mantiene Asturias, recuperará Extremadura y, probablemente, si saben gestionar los pactos postelectorales, Castilla La Mancha, Aragón y la Comunidad Valenciana. Una derrota que, sin duda, les sabrá a victoria.
Ciudadanos, la candidatura de sustitución del IBEX35 mientras el PP está en el taller de reparaciones, ha cosechado un buen resultado, pero no ha cumplido las expectativas. En cierto modo se ha desinflado o pinchado la burbuja demoscópica y mediática que las élites habían montado durante los últimos meses. La intención era que la suma de ambas formaciones impidiera cualquier cambio sustancial, siendo Ciudadanos la bisagra que remendara los rotos de los populares. Sin embargo, eso sólo les podría funcionar en Murcia, Castilla León, Madrid y La Rioja, aunque tampoco va a ser automático si el partido naranja no quiere tener una muerte prematura. No en vano ellos afirman que son de centro izquierda y tampoco se pueden entregar a políticas austericidas como las que se siguen exigiendo desde el gobierno central, aun detentado por el Partido Popular bajo las órdenes de frau Merkel.
En cuanto a Podemos y las listas de convergencia, han sido la sorpresa de la jornada electoral. Muchos ya los habían dado por amortizados, de hecho los habían literalmente expulsados de los medios, los habían machacado inmisericordemente de tal manera que los habían puesto contra las cuerdas, a la defensiva. Con tal de evitar su llegada al poder se habían enturbiado incluso las relaciones con Venezuela, intentando unir sus destinos aunque entre ambos medien miles de kilómetros, fosas oceánicas y modelos no extrapolables por meras diferencias de partida. Pero nada ha sido suficiente, Podemos le ha dado el sorpaso al PSOE en varias grandes ciudades —entre ellas Madrid y Barcelona— y será decisivo para conformar gobiernos con la socialdemocracia tradicional en algunas comunidades autónomas donde la prioridad será desalojar a la derecha antisocial.
Es necesario aclarar la situación de Izquierda Unida, no ha sido fagocitada por Podemos, como algunos aprestan a manifestar. Salvando la debacle de Madrid (la gente siempre castiga la gresca interna) mantienen básicamente el número de concejales que obtuvieron en 2011, sin contar con las listas de convergencia de la izquierda en las que participaban. En total han «perdido» 380.000 votos, pero sólo 33 concejales. Si se suman los votos y ediles de las coaliciones electorales, los números le saldrían incluso bastante positivos a IU en ambos sentidos. Las mareas gallegas, auténticas galernas en el monocorde panorama de Galiza son el mejor ejemplo de ello.
Pero si hay un aspecto que destacar en estas elecciones es que han tenido un protagonismo femenino muy marcado, tanto en el bando perdedor como en el ganador. Un buen elenco de féminas de la casta y de la caspa, es bien probable que digan adiós para siempre a la política española. Esperanza Aguirre, Rita Barberá, Teófila Martínez o incluso Dolores de Cospedal han perdido, contra pronóstico, los puestos que ostentaban y darán paso protagónico a mujeres como Manuela Carmena, Ada Colau o Mónica Oltra, mucho más cercanas, comprometidas, con ideas frescas, que se han jugado el tipo contra el franquismo, contra la policía o contra los corruptos. Ese sí que puede ser un cambio de ciclo…
