Hace un par de días, en un informativo vespertino de La Sexta TV se emitió un pequeño reportaje, el más amplio del telediario, sobre la situación humanitaria por la que estaba pasando el pueblo de Siria tras 10 años de guerra. El problema es de una magnitud descomunal. De hecho, es el peor momento para su población desde el inicio de la agresión internacional imperialista contra el gobierno de Bashar el Assad en marzo de 2011. La noticia fue abordada con aparente profundidad, lo suficiente para culpar a Assad de ataques químicos que asesinaron a 1.400 personas (?¿¿?) y pasar superficialmente por la presencia del yihadismo terrorista como principal oponente del gobierno sirio.
Sin embargo, olvidaron algunos aspectos cruciales que determinan la situación humanitaria:
- El robo del petróleo sirio por parte de los mercenarios kurdos de Estados Unidos en el norte y el este del país que impide la satisfacción de las necesidades de hidrocarburos del país o la entrada de divisas por su venta.
- La quema sistemática de las cosechas de grano por la oposición armada que, tradicionalmente, abastecían de alimentos básicos a la población de todo el país.
- La imposición de sanciones económicas ilegales por parte de EEUU y la UE.
- La implementación de la Ley César por la administración Trump, aún vigente, para impedir la reconstrucción del país a pesar de que el gobierno controla la inmensa mayoría de las zonas habitadas del país.
No son temas que estén ocultos a nadie que conozca mínimamente la realidad por la que atraviesa Siria. Es más, muchos de ellos han obtenido importantes titulares en su momento a nivel internacional. La omisión deliberada de ellos responde a un ánimo político y no informativo y escamotea la verdad. Nada que no lleven haciendo décadas ni nada por lo que sorprenderse. Entonces ¿por qué traerlo a colación en estos precisos momentos? Por un lado, porque no está de más desenmascarar las mentiras de los medios para afinar los sentidos que nos ayudan a enfrentarnos cotidianamente a la prensa corporativa diaria. Por otro, porque de un tiempo a esta parte están proliferando como setas las agencias de verificación de noticias o el fact cheking.
¿A qué se debe? Es obvio que puede parecer necesario que existan herramientas que puedan ayudar a discriminar las noticias verdaderas de las falsas. Cualquiera puede inventar una noticia y hacerla correr como cierta simplemente alquilando una granja de bots por unos centenares de dólares para que la repliquen hasta el infinito. Sin embargo, el que esas agencias estén en manos de los mismos periodistas «independientes» o grupos mediáticos que nos engañan a diario, dice bien poco de su verdadera utilidad real. Si Newtral o Maldita, por nombrar algunos nacidos de las entrañas de la bestia, aplicaran una metodología profesional a las noticias internacionales de La Sexta, muy pocas de ellas pasarían el corte de veracidad.
Es sabido que la credibilidad de nuestros medios está por los suelos. Dentro de unos años, este tipo de chiringuitos estará a su mismo nivel. Al tiempo. Lo que los medios necesitan para ser veraces e independientes es ser independientes del capital, que dicta o condiciona la información que los de abajo recibimos hasta el infinito. Mientras, afinemos nuestro sentido común y aprendamos a leer entre líneas sabiendo a quién pertenece cada medio. Que nadie nos diga qué creer… ni unos, ni otros. De hecho son lo mismo.