Publicado el primer volumen de «Estrechando el Estrecho»

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Nadie elige dónde nace, eso es una obviedad. Pero no por eso todos los sitios son iguales para nacer. Venir al mundo en el Estrecho de Gibraltar, en uno de los puntos más importantes para la Historia de la Humanidad, es todo un privilegio. Obviamente es una zona muy compleja, no exenta de problemas. Desde luego, no es el Jardín de las Hespérides de la mitología griega. Algunos de esos problemas derivan de la existencia de una triple frontera y de dos realidades sociales harto diferentes, con desigualdades abismales, tectónicas, entre el norte y el sur. Otras dificultades que sufrimos son de naturaleza más prosaica y doméstica, relacionadas con la gestión de lo cotidiano, con el cortoplacismo y con la altura de miras de quienes llevan el timón. Pero, a pesar de los pesares, ser habitante de esta pequeña región del mundo es todo un honor.

Esta reivindicación vital no tiene que ver con el chovinismo, ni con el patrioterismo, ni siquiera con los nacionalismos. No se trata de eso. Se trata de difundir la consciencia de pisar una tierra, habitada desde hace centenares de miles de años, que ha participado de muchos de los episodios más cruciales del devenir humano, de la que se enamoraron iberos, amazighs, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germanos, árabes… 

Es orgullo de mestizaje, de impureza, de diversidad. Un grito hondo contra la uniformidad y la unidimensionalidad marcusiana alentada por el imperialismo cultural. El terrible lema del Ministerio de la Verdad en la obra 1984, de George Orwell, rezaba así: «Quien controla el presente, controla el pasado y quien controla el pasado, controla el futuro». El rescate de nuestra brillante historia tiene, pues, más que ver con un ejercicio de empoderamiento colectivo que con un vano ejercicio de nostalgia. 

Así que, cuando hace poco más de dos años recibí la invitación del amigo Juanjo Trujillo para participar en la revista OTWO con temas de patrimonio natural y cultural de la zona, no lo dudé ni un segundo. Que te ofrezcan una tribuna de tanta calidad, radicada, nada más y nada menos, que en Gibraltar, y con una vocación tan cosmopolita como lo es su propia sociedad, era una espléndida oportunidad para alguien que tiene algo que contar —o que al menos lo cree así—. Sin embargo, jamás pude imaginar que aquella colaboración podría derivar en algo con la entidad de esta publicación que ahora tienes en tus manos. Cierto es que, desde un principio, los escritos tuvieron intención de constituir algo parecido a una especie de serie, pero sin duda fue la inexorable acción de Cronos la que fue proporcionando poco a poco la coherencia necesaria a los artículos, hasta que se fue dibujando lo que es un libro que parece concebido y planificado de principio a fin. 

Estrechando el Estrecho, además del título de este libro, es un propósito personal. Soy consciente de que las actuales corrientes de opinión no nos son favorables, que la intolerancia y el racismo están en alza. Que los discursos de odio al diferente, sobre todo si este es pobre, están a la orden del día. Pero quizá por eso sea más necesario que nunca. Como defendía Bakunin, «al buscar lo imposible, el ser humano siempre ha realizado y reconocido lo posible. Y aquellos que sabiamente se han limitado a lo que creían posible, jamás han dado un solo paso adelante». No podemos decaer antes de comenzar.

La necesidad de escribir, personalmente me surge del intento de comunicar cosas que otros no cuentan o a hacerlo desde perspectivas diferentes a las imperantes, con el fin de ayudar a cambiar cosas que no funcionan como debieran. Pero eso no lo explica todo. La pulsión de enfrentar el síndrome del folio en blanco, también responde a un acto de gratitud, como para devolver todo lo que una tierra y sus gentes han hecho por mí en los últimos veinte años. Nuestros vecinos del sur, los andalusíes y el pueblo amazigh, el más pobre de la ecuación fronteriza, me ha permitido conocer aspectos naturales, etnográficos y antropológicos que jamás hubiera pensado en experimentar de primera mano y, en cierta manera, formar parte y mimetizarse con ellos.

Pero, si hay algo menos académico y más humano que he aprendido y aprehendido de la orilla sur del Estrecho es a bucear en los restos de la historia y la cultura andaluza. Cuando alguna persona en Chefchaouen, en Tetuán o en Fez afirma que es andaluza y que siente orgullo de ello a pesar de nunca haber estado en Andalucía, aún se me revuelven todas las entrañas y me tiemblan los cimientos de mi cosmovisión. Ahondar en el fenómeno morisco en el Magreb, conocer a descendientes de andaluces expulsados de las españas solo por rezar de otra manera al mismo dios, supuso un choque que me ha llevado por derroteros de investigación y pensamiento muy fructíferos. Hoy sé que la esencia de Al Andalus permanece atesorada en frascos de perfume cuya fragancia solo está al alcance de aquellas personas dispuestas a vibrar en una longitud de onda determinada que sintonice y conecte con una realidad que, aunque soterrada, pelea permanentemente por salir a flote. 

No deja de ser curioso, aunque no es infrecuente, tener que viajar a tierras extrañas para encontrarse a uno mismo, simultaneando un viaje exterior con uno interior. Lo realmente infrecuente es encontrar un yo colectivo, una identidad de pueblo, lejos del solar patrio que se le atribuye. Considerar a Al Andalus como hecho vivo, universal, atemporal y extra terrenal, esa es la deuda que tengo con el Rif, con sus gentes y espero que este humilde libro me ayude a saldarla.

Hoy no es fácil publicar un libro a menos que sea el propio autor quien financie su edición. Es lamentable, pero no queda otra. Además, en el mundillo de la autoedición hay mucho fraude y hay que dar con empresas que realmente hagan algo mas que llevar a la imprenta tu trabajo y tu dinero. A menos que estés cubierto por alguna institución pública o que seas alguien consagrado, lo que solo suele sucede en el mundo de la ficción, publicar se ha convertido en una carrera de obstáculos. Pero si, como en este caso, ese libro, además hace uso intensivo de la fotografía, la cosa se complica mucho más. Es por eso que hay que recurrir a la autoedición con plataformas digitales, aunque no sea ni la solución con más calidad (es impresión bajo demanda) ni la más deseada. Es la versión de aquel antiguo «hágalo usted mismo» llevada al mundo editorial. Hay que escribir, fotografiar, maquetar (de eso me ha librado el compañero Juanjo Trujillo, gracias miles) y lidiar con los controles de calidad de las plataformas digitales hasta afinar los archivos tal y como nos los piden. Finalmente, queda en tus mismas manos la promoción y la organización de las presentaciones. Casi nada, renacentismo puro en el siglo XXI.

Pero basta de quejas, que es un motivo de alegría. Al fin está fuera Estrechando el Estrecho, en el que espero que sea un primer volumen que se continúe con otros dos tomos de libros altamente ilustrados con fotografía documental de autor. Estos son los temas tratados:

  • Lo que dios ha separado, lo uniremos para siempre
  • Ojos Legendarios
  • Al alba y con viento duro de levante…
  • Parque Nacional de Talassemtane
  • El Parque Natural de Bouhachem
  • El Sitio de Interés Biológico y Ecológico Jbel Moussa
  • Las tribus amazighs de la orilla sur del Estrecho
  • Chefchaouen, una historia de amor
  • Notas sobre la religiosidad popular en el Estrecho de Gibraltar
  • La cerámica ancestral femenina del Rif
  • Los zocos del Rif, el corazón de la montaña
  • Las Shashyas, los sombreros del Rif
  • Gastronomía marroquí

De momento está disponible sólo en Amazon en formato papel y tapa blanda en ebook. Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho mientras lo vivía. Me encantaría tener retorno de vuestro parecer y sugerencias para los próximos. Gracias anticipadas.

Lo podéis adquirir en este enlace: Estrechando El Estrecho

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