
El espectáculo montado ayer alrededor de las elecciones iraquÃes no tiene nombre. Pero lo que es peor aún es la acogida que el mismo ha tenido entre la prensa internacional. Se han perdido las más mÃnimas reglas de la ética y del rigor informativo, se han abandonado los principios básicos de la polÃtica y hasta de la razón. Me explico.
Ayer asistimos a un burdo montaje que pretendÃa celebrar la farsa electoral tuviera el resultado que tuviera. Las rotativas cerraron cuando un vocero de una organización independiente de Irak certificaba que la participación habÃa tenido unas cifras poco menos que imposibles. Casi nadie las puso en duda. Bush y Blair magnificaron la victoria hasta lÃmites grotescos, pero se aseguraron una sensación de victoria que después serÃa difÃcil de borrar aunque los datos se rebajaran sobremanera como, de hecho, ya ha pasado.
Es el mismo caso que el derribo del helicóptero americano en el que murieron 31 marines. Todo el mundo conoce el hecho, se publican en primera página a 5 columnas, pero los datos de las autorÃa sólo se conocen unos dÃas después y ocupan un breve en páginas interiores y si es posible en la izquierda. Poca gente conoce realmente que fue un ataque de la guerrilla y no un accidente lo que acabo siendo el más grave incidente desde el inicio de la invasión.
Pero lo que no se entiende es cómo se da carta de naturaleza a unas elecciones celebradas y auspiciadas por una potencia ocupante contraviniendo normas elementales del derecho internacional. ¿Quién asegura que el resultado de las votaciones no es el que EEUU desea? ¿Acaso un paÃs que invade, asesina, arrasa, tortura y usa armas prohibidas es garante de la limpieza electoral?
En todo caso se ve claro cómo nos han estado preparando para un resultado más adverso del esperable. Fundamentalmente porque en más de la mitad del paÃs no hay problemas de seguridad reseñables y en algunas áreas más no son tan graves como para impedir que la gente que lo desease fuese a votar normalmente. Ciudades en donde por su oposición no se hubiesen podido celebrar las elecciones, como Faluya, sencillamente no existen, han sido borradas del mapa.
Las elecciones han sido preparadas para dar el poder a kurdos y shiÃes en detrimento de la minorÃa sunita. Por eso era bastante lógico que ambas etnias/confesiones respondiesen mayoritariamente a la convocatoria. Pero lejos de ayudar a la pacificación de Iraq, estas pseudoelecciones sólo van a contribuir a desestabilizar aún más al paÃs y es presumible que hasta toda la región. De un lado, los kurdos aspiran a tener un estado independiente, las banderas que ondeaban en la jornada electoral no eran las de Iraq, eran las del kurdistán. Por otra parte, los shiÃes, alineados con Irán, pueden desencadenar una reacción en cadena que llegue a Arabia SaudÃ, a Kuwait… con desenlace imprevisible.
Una opción que recogen muchos analistas es que, indefectiblemente, el paÃs se dirige a una guerra civil. El propio Comité de Solidaridad con la Causa Ã�rabe pronostica el fin de la resistencia como tal y el inicio de una guerra —de guerrillas— de liberación nacional. Yo no lo tengo tan claro, pero sà se que serÃa la mejor opción para justificar la presencia de las tropas extranjeras en suelo mesopotámico. Y eso es algo nada desdeñable en el actual estado de las cosas. Los shiies necesitan una justificación para un cambio de opinión en el sentido de no pedir la marcha de los invasores. Hasta la fecha siempre lo habÃan hecho, pero renunciando a usar las armas.
Copyleft Juanlu González
Bits RojiVerdes
El que no vota no come
Dahr Jamail
BAGDAD, 31 ene (IPS) – Las autoridades de Iraq se proponen recortar la ayuda alimentaria de los ciudadanos que no hayan sufragado en las elecciones del domingo, aseguraron votantes.
Muchos ciudadanos advirtieron este lunes que, como paso previo a la emisión del voto, sus nombres fueron marcados en una lista por funcionarios de la agencia gubernamental a cargo de la ración mensual de alimentos.
”Fui a la mesa de votación y debí decirle a un funcionario mi nombre y el distrito en que vivo. Este hombre me mandó a hablar entonces con la persona que me entrega mi ración mensual”, dijo Wassif Hamsa, una periodista de 32 años que vive en el barrio chiita de Bagdad.
Mohammed Ra’ad, un estudiante de ingeniería que vive en el área de Baya’a, dijo haber pasado por una experiencia similar.
Ra’ad, de 23 años, dijo haber visto en el circuito electoral al funcionario encargado de entregarle su ración mensual. ”Él me conoce, por supuesto, y anotó mi nombre. Sólo entonces se me permitió votar”, señaló.
”Dos distribuidores de alimentos que conozco me dijeron antes de las elecciones que retendrían nuestra ración si no votábamos”, afirmó, por su parte, Saeed Jodhet, estudiante de ingeniería de 21 años que votó en el barrio bagdadí de Hay al-Jihad.
No hubo anuncios oficiales antes de las elecciones sobre la eventual retención de las raciones de aquellos ciudadanos que no votaran.
Pero muchos receptores de esa asistencia habían manifestado que, al disponerse a retirar sus alimentos en ocasiones anteriores, se les ordenó registrarse para votar.
Pocos días antes de las elecciones, el propietario de un estacionamiento en el centro de Bagdad, Amín Hajar, de 52 años, dijo a IPS: ”Votaré porque no puedo darme el lujo de que me recorten la ración de alimentos. Mi familia se moriría de hambre.”
Este ciudadano aseguró que al acudir a buscar su ración fue obligado a firmar una declaración según la cual había llenado el formulario para el registro que lo habilitaba como votante.
Hajar manifestó su temor de que el gobierno usara esa información para rastrear a aquellos que se abstuvieran de votar.
Funcionarios de la gubernamental Comisión Electoral Independiente y del Ministerio de Comercio –cartera a cargo de la distribución de las raciones– no devolvieron las llamadas telefónicas de IPS para conocer la versión oficial.
No fue éste el único cuestionamiento a los mecanismos implementados por las autoridades para alentar el voto.
Soldados de las fuerzas extranjeras presionaron a los vecinos de Ramadi, capital de la provincia de Al-Anbar, para que concurrieran a las urnas, aseguró la agencia estadounidense de noticias Associated Press.
Por otra parte, el portavoz de la Comisión Electoral Independiente, Farid Ayar, se retractó de los porcentajes de participación en las elecciones brindados el domingo. No fueron 72 por ciento, dijo, sino cerca de 60.
Pasará algún tiempo hasta que la Comisión pueda dar información sobre los resultados, dijo Ayar a la prensa.
Las motivaciones para la participación electoral fueron variadas. En Kurdistán, por ejemplo, se consideró que los comicios eran una suerte de consulta popular sobre la autonomía, o incluso sobre la independencia.
En el sur chiita, los votantes competían con los kurdos del norte por una mayor representación en la Asamblea Nacional (parlamento) de 275 escaños.
En algunas ciudades, como Mosul –enclave sunita en el norte kurdo– la participación fue mayor de la prevista. Pero muchos de los votantes venían de las afueras de la ciudad, y algunos ciudadanos cuestionaron el control de la identidad en los puestos de votación.
Otros críticos aseguraron que hubo compra de votos.
El gobierno de Estados Unidos se felicitó por el éxito de las elecciones en Iraq, pero las cuestionadas prácticas para alentar la votación y las cifras oficiales de participación son objeto de controversia.
La violencia también es vista a través de cristales muy distintos.
Más de 30 iraquíes, un soldado estadounidense y al menos 10 soldados británicos murieron el domingo. Cientos de iraquíes resultaron heridos en atentados registrados en Bagdad y en las ciudades de Baquba, Kirkuk y Mosul.
Los británicos muertos viajaban en un avión de transporte militar que se precipitó en el norte de Bagdad. Las autoridades en Londres no revelaron la causa de la caída, pero insurgentes iraquíes aseguraron haberlo bombardeado.
A pesar de las medidas de seguridad sin precedentes, con la participación de 300.000 uniformados estadounidenses e iraquíes, nueve suicidas lograron detonar los explosivos que llevaban consigo en Bagdad, donde también fueron frecuentes el domingo los ataques con mortero. ( (FIN/2004)
Decía el New York Times el 4 de septiembre de 1967:
EE.UU. alentado por la votación en Vietnam.
Funcionarios citan una participación de un 83% a pesar del terror del Vietcong
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=10935
me meo toa
De los 20 millones de potenciales votantes, se habían inscrito para poder hacerlo 14 millones (según fuentes oficiales), es decir el 70%. De los 1,2 millones de expatriados (quizás hasta más de dos millones), solo 280.000 se registraron para poder votar y de éstos solo la mitad finalmente votaron. Ciertamente, el porcentaje de participación va disminuyendo a medida que pasan las horas, desde un inicial 70% anunciado poco después del cierre de las urnas por la Comisión Electoral Iraquí. Si la estimación de que votaron 7 millones de iraquíes se da por buena, ello significa que votó finalmente la mitad de los que se inscribieron para hacerlo, o el 35% de todos los potenciales votantes.