Os dejo una traducción —de andar por casa— de la editorial de hoy del diario progresista israelí Haaretz. Viene que ni pintada para ver lo que sucede entre bambalinas en el estado sionista y de por dónde van a ir los caminos de la diplomacia en relación con el conflicto palestino durante los próximos meses en la escena internacional. ¡Que aproveche!
El primer ministro Benjamin Netanyahu está asimilando muy lentamente la posibilidad —que él llama peligro— de que en septiembre el mundo reconocerá a un estado palestino independiente.
Uno puede cuestionar la idea de que tal reconocimiento internacional y el establecimiento de un estado palestino son una amenaza para Israel, sobre todo teniendo en cuenta los peligros inmediatos procedentes de Gaza y Líbano y que un Irán nuclear se ha definido como una amenaza existencial. Pero no hay duda de que los pasos que Netanyahu propone para «impedir» la internacionalización del conflicto entre israelíes y palestinos —la retirada unilateral o una conferencia de paz internacional para reanudar las negociaciones— son insuficientes y lo peor de otra muestra de relaciones públicas. Aparentemente, la disponibilidad a retirarse de los territorios donde no hay asentamientos es un paso en la dirección correcta y cualquier reducción en la ocupación israelí, no importa cuán pequeña sea, debe ser bienvenida. Sin embargo, sin un plan integral con el que delinear un acuerdo final, las fronteras del Estado de Israel y de Palestina, el futuro de los colonos y los asentamientos y en especial las medidas de seguridad, ese paso se convertirá en insignificante.
Cómo ocultar que detrás de este paso está la intención de presentar a Israel como preparado para hacer concesiones que son insignificantes y un intento de culpar a los palestinos por el fracaso del proceso.
El plan de Netanyahu se basa en la suposición de que hay muy pocas posibilidades de renovar las conversaciones con los palestinos, por lo que el frente israelí debe trasladarse a la arena internacional.
Pero si el primer ministro quiere poner un obstáculo real para el peligro del reconocimiento internacional de los palestinos o hacer un mayor esfuerzo para renovar las conversaciones, él conoce muy bien las condiciones: la congelación de la construcción en los asentamientos, la suspensión de los planes de construcción en los territorios ocupados y el desmantelamiento de los puestos de avanzada ilegales.
Desde que Netanyahu ha rechazado estas condiciones, es difícil esperar que la declaración de retirada parcial sea capaz de bloquear la campaña para reconocer a Palestina. Este paso no puede sustituir a las negociaciones de fondo ni será aceptado por los palestinos o el mundo como un gran avance. En cambio, el primer ministro debería comenzar a planificar las negociaciones con el Estado palestino que sea reconocido en septiembre.