La indignación sacude Turquía

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maniestambul

Tras una semana de incidentes, Turquía entera ha saltado por los aires. La torpeza de Erdogán y la brutalidad de su policía ha echado hoy al pueblo a las calles en casi un centenar de marchas. El que unas pacíficas movilizaciones ecologistas por el proyecto de destrucción del parque Gazi en Estambul, una de las escasas zonas verdes de la ciudad, para construir un centro comercial hayan derivado en batallas campales en el día de hoy, sólo puede ser considerado como un síntoma del malestar que lleva reinando en el país durante los últimos años.

Varios muertos, centenares de heridos, posiblemente más de mil, gentes que han perdido completamente la vista por el uso intensivo de los gases lacrimógenos y más de un millar de detenidos, es el saldo que atesora el primer ministro turco durante su gestión de la crisis. Obviamente, ya no se trata del parque, los indignados turcos están echando un verdadero pulso al gobierno contra la deriva fundamentalista por la que Erdogan está llevado al país. Efectivamente, el partido en el poder, Justicia y Desarrollo, está socavando poco a poco los cimientos del estado laico fundado por Atartuk con algunas recientes medidas políticas dictadas para islamizar el país y recortar el sistema de libertades ciudadanas.

Algunas de los movimientos que más irritados tienen al pueblo turco son:

  • La ley contra el alcohol, que prohibe la publicidad y establece una distancia mínima de los establecimientos de venta de centros educativos y templos que, en la práctica, lo va a hacer desaparecer de los centros de muchas ciudades y va a encarecerlo aun más.
  • La censura y la manipulación de los medios de comunicación, no sólo en la cobertura de las protestas de Estambul y las subsiguientes, sino como práctica habitual que tiene muy molesta a la población.
  • La brutalidad policial y la conculcación permanente de los derechos de asociación, de reunión y la libertad de expresión.
  • El apoyo a los terroristas en Siria, que tiene sublevadas fundamentalmente a las zonas fronterizas, que están hartas de ver cómo yihadistas radicales campan a sus anchas por sus tierras con apoyo gubernamental y están sufriendo en las propias carnes las nefastas consecuencias de la agresión imperial al país vecino.

Muchos hablan del advenimiento de una primavera turca o de un movimiento de indignados al estilo del 15M español. Aún está por ver qué sucederá, es muy pronto para hacer proyecciones fiables, pero está claro que los planes de ir eliminando uno a uno con todos los gobiernos laicos del orbe cultural islámico están encontrando más resistencia popular de la que, en un principio, cabría esperar.

De lo que no caben dudas es que la debilidad de Erdogan es una buena noticia para Siria, ya que uno de los capos de la agresión terrorista imperial tiene un complicado frente interno con el que lidiar y ello le distraerá de la guerra. Es más, en un ambiente explosivo como el que atraviesa, cualquier decisión equivocada o impopular puede hacerle pagar un alto precio o incluso el puesto que ahora ostenta. No olvidemos que los gritos de los manifestantes piden claramente su dimisión.

 

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