En un mundo tiranizado por la comunicación, los medios de masas intentan vender el programa ideológico de las empresas a las que representan más que ocuparse de la función que tienen encomendada. En sus manos la información se convierte básicamente en manipulación y deformación de la realidad. No es nada nuevo. Sin embargo, la concentración de la generación y distribución de las noticias por unas pocas manos acrecienta más el problema. Y no se cortan un pelo, cada vez lo hacen más a las claras, entre una multiplicidad de mensajes, tienden a simplificar las informaciones hasta convertirlas casi en eslóganes, en consignas, en puros anuncios publicitarios. Cada día nos bombardean con más y más noticias, pero el empacho de la actualidad planetaria deriva inevitablemente en la ausencia de análisis. Así que habitualmente se deja que la interpretación caiga en manos de los mismos medios a los que se supone, manejan las claves de lo que sucede y suelen concitar a analistas de cámara que dicen lo que sus patronos quieren oír. Triste final para muchos profesionales del periodismo convertidos en papagayos de idearios impuestos o castrados por la autocensura para mantener un puesto de trabajo; penosos bufones de palacio languideciendo en gabinetes de prensa haciendo de correveidiles de administraciones y corporaciones…

Así que todo el análisis real se reduce a saber quién es el bueno y quién el malo y, a partir de ahí, verter todas las loas o el lodo posible manipulando o mintiendo si llega el caso sin ningún tipo de escrúpulos. En el que nos ocupa, era muy fácil poner la etiqueta, muchas décadas de guerra fría y de propaganda antisoviética tienen hecho gran parte del trabajo. Nosotros siempre estuvimos del otro lado, en el de los buenos. Y allí no estaban los rusos. Pronto se olvidó que fueron ellos los que más pusieron de su parte para liberar a Europa del nazismo, que parte de las conquistas sociales y laborales de occidente, del estado del bienestar, se debía a la existencia de otra forma de organización económica contrapuesta que garantizaba un mínimo a cada individuo. A pesar de todo, los del otro lado del muro eran vistos por acá poco menos que con cuernos y rabo.

En estos días estamos viviendo una nueva fase de la guerra propagandística contra los de siempre. Para ello hay que obviar o poner en duda los acontecimientos sucedidos, cambiar el cronograma y la secuencia de los hechos, esconder algunas informaciones, magnificar otras y repetir una y otra vez unas consignas para que calen entre la opinión pública y creen una realidad útil para determinados intereses aunque sea más virtual que otra cosa.

No hace falta un gran esfuerzo para darse cuenta de la burda estrategia seguida. Ya hoy nadie habla del cobarde ataque de Saakashvili contra los civiles desarmados de Osetia del Sur en lo que puede ser un crimen de lesa humanidad digno de ser perseguido por el Tribunal Penal Internacional, tampoco se habla de los otros intentos georgianos de masacrar a su población, ni de la doble nacionalidad de los habitantes de la provincia, ni de su derecho a la autodeterminación, de los acuerdos de alto en fuego alcanzados en los noventa. Se nos han vendido imágenes de la destrucción causada por los georgianos en Tskhinvali como si fueran hechas por los rusos en Gori. Nos han colado fotografías de graves accidentes de tráfico pasados como fruto de acciones de la brutalidad rusa, se nos han ocultado fotos de mercenarios afroamericanos que operaban en la zona, poco se dice de la presencia de instructores de EEUU e Israel, de la desorbitada adquisición de armas de última generación que un país tan pequeño y en crisis no podría pagar en condiciones normales. Se culpa a Rusia de reeditar la guerra fría cuando en las últimas décadas la política del imperio ha sido la acorralarla y cercarla con bases militares hostiles e impedir su acceso a materias primas vitales. Representantes de EEUU pretenden dar lecciones de equidad y justicia internacional cuando mantienen invadidos a varios países y pretenden hacer cambiar todo el mapa de Oriente Medio para hacerlo aún más dócil a sus intereses.

Ahora, día tras día exigen a Medvédev que cumpla condiciones diferentes a las del acuerdo que firmó con Sarkozy, parece como si ahora se arrepintieran de haber cedido ante las exigencias pactadas o pretenden hacer ver al mundo que los titubeos iniciales de EEUU, la OTAN y Europa ahora son pura firmeza y determinación. Bajo la palabrería de estos días ocultan la debilidad de una organización militar en la que muchos de sus integrantes dependen energéticamente del gigante euroasiático.

Precisamente, es a ese lugar donde algunos pretenden hacer confluir todos las razones que han motivado la guerra. La forma de amedrentar a los europeos y arrojarlos de nuevo contra Rusia es hacerles ver que tras la invasión de Osetia no hay razones humanitarias, sino puramente petroleras. Más concretamente dicen que persigue el control del flamante gasoducto BTC que surte al viejo continente del gas del Caspio. Sin embargo, es fácil comprobar que Rusia en su campaña no ha llegado a la capital de Georgia y las conducciones pasan un poco más al sur de Tbilisi. Si ese hubiera sido su deseo no tenían más que bajar 50 o 60 km más al sur y haber ocupado la capital, derrocado al gobierno y ocupar el país hasta haberse cerciorado de colocar un gobierno títere, que es lo que pedían algunos generales rusos retirados. Sin embargo, han ocupado únicamente Osetia y Abjazia y se han asegurado de que su integridad no pueda ser de nuevo vulnerada destruyendo las bases y el equipamiento militar cercano a las fronteras de las provincias independentistas.

La operación de Rusia es de bastante más calado que la reacción a un gasoducto hostil. Justamente ahora acaba de firmar un tratado con Turkmenistán que da a Gazprom el control de todo su gas por 30 años, es posible que otros vengan detrás y que el anunciado cártel del gas pueda ser una realidad en breve a pesar de la oposición norteamericana. Esta operación es de más envergadura que lo que suponga el BTC de pérdidas de peaje y control en su camino hacia Europa a pesar de su carácter estratégico y de las ramificaciones que pretenden hacerle en un futuro —en el que Israel juega un papel crucial, no en vano BP es el mayor accionista (banca sionista Rotshchild)—.

Rusia se ha hartado de ver cómo la política exterior norteamericana de los últimos años ha pivotado en gran parte en torno a la subordinación y al aislamiento del paíis en todos los órdenes. Cuando ha recuperado el impulso perdido desde la desintegración de la URSS, ha decidido volver a jugar un papel crucial en el destino del mundo renaciendo se sus propias cenizas y haciendo renacer aquella Historia con mayúsculas que los neocons dieron por muerta tras la caída del muro de Berlín. Después de lo sucedido en estos días ya nada será igual en el contexto internacional. Con Estados Unidos en franca decadencia, Rusia bien despierta y el pulso sostenido de China, no hay duda de que se avecinan tiempos interesantes.