Actividades propias de un fil?sofo
Actividades propias de un filósofo

Leo en El País un artículo de tribuna bendiciendo la nueva guerra imperial contra Mali. No es de extrañar en este diario, entregado en política internacional desde hace decenios a lo más casposo de la derecha planetaria. Sin embargo, aún se torna en más significativo cuando se aprecia el pie de firma: Bertrand Henri-Lévy, BHL para los amigos. ¿Quién es este sujeto que firma como filósofo? Se le ha llamado el filósofo de la “primavera árabe”, un gran indicativo de a quién sirven o quienes instigan estas pseudo revoluciones populares, en este caso, un sionista belicista agente de Israel. Todo indica que BHL medió entre los islamistas libios y el expresidente Sarkozy para convencerlo —a base de petróleo, es de suponer— de que liderara la intervención de la OTAN en el país de la Yamahiriya para derrocar a Gadafi.

Hoy Lévy es un héroe entre los mercenarios y yihadistas que se han adueñado por la fuerza del país, que lo recibieron con gritos de Alá es Grande (lo mismo que gritan como posesos cuando degüellan civiles) en las calles de Trípoli, otro contrasentido de estas operaciones de bandera falsa que se esconden tras la glaciación que ha arribado a África y Oriente Medio en aras de una supuesta democratización. Por si quedan dudas, ayer mismo, Berlusconi desvelaba que la desestabilización de Libia corrió a cargo de Franciapara lograr el acceso a los recursos energéticos libios que estaban cayendo alegremente en manos italianas. Si alguien sigue creyendo en una movilización espontánea popular, ya puede ir cayéndose del guindo…

Nuestro héroe de al Qaeda, que tiene en la locuacidad otra de sus «virtudes», no ha dudado en afirmar ante una multitudinaria audiencia judeofrancesa que no lo hubiese hecho (convencer a Sarkozy) si no hubiese sido judío y si no hubiese querido ayudar a Israel. En su libro “La Guerre sans l’aimer”, lo cuenta todo con pelos y señales. Decía BHL:

“HE LLEVADO COMO ESTANDARTE LA FIDELIDAD A MI NOMBRE, LO HICE EN CALIDAD DE JUDÍO. MI VOLUNTAD DE ILUSTRAR ESE NOMBRE Y MI FIDELIDAD AL SIONISMO Y A ISRAEL. LO QUE HE HECHO TODOS ESTOS MESES, LO HICE COMO JUDÍO. Y COMO TODOS LOS JUDÍOS DEL MUNDO, ESTABA PREOCUPADO. A PESAR DE ESA ANSIEDAD LEGÍTIMA, SE TRATA DE UNA REBELIÓN QUE ES NECESARIO RECIBIR FAVORABLEMENTE: LO QUE HABÍA ANTES ERA UNO DE LOS PEORES ENEMIGOS DE ISRAEL”.

Lévy se regodea en su tribuna de El País en las bondades de la guerra de Mali, lo hace usando paralelismos con la intervención Libia, de la que no deja de ser una mera continuación geoestratégica, invocando principios humanitarios que se sobreponen —afirma— sobre la soberanía de los pueblos y los estados. Esa es la piedra angular de las nuevas intervenciones, la nueva excusa neocon, la protección de la población civil frente los aparatos estatales. Esa y la casual y estratégica ubicación de al Qaeda en los escenarios de guerra. La contribución de tan grande filósofo a la causa del conocimiento, de la sophos, de la interpretación de los hechos que acontecen en el mundo, no es otra que el análisis del papel del terrorismo en ambos conflictos. De un lado, tenemos a aquellos yihadistas amigos que lo aclamaban en Trípoli; basta tirar de hemerotecas para recordar que quien lideraban las tropas que conquistaron la ciudad eran del Grupo de Combate Islámico Libio, considerado como organización terrorista por el Departamento de Estado de los EEUU, comandado por Abdul Hakim Belhaj, curtido en las montañas lejanas de Afganistán y compañero de correrías de Bin Laden. Pues bien, estos terroristas buenos fueron armados y pertrechados por Francia, entre otros gobiernos. Por otro lado tenemos que los peligrosos integristas islámicos, los malos, a quienes se intenta echar del poder en el centro y el norte de Mali, pertenecen al grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Hasta ahí todo normal, puede haber yihadistas útiles a los intereses de dominación de occidente (como la al Qaeda de la época afgana y soviética) y otros letales para nuestros estados, como los que supuestamente organizaron los atentados contra las Torres Gemelas. Entramos de lleno en la teoría de “nuestros hijos de puta”, atribuida a otro gran filósofo: Franklin D. Roosevelt. Pues bien, si nos atenemos a las declaraciones del número dos de al Qaeda, el señor al Zawahiri, el Grupo de Combate Islámico Libio y AQMI se fusionaron en una sola organización en 2007. ¿Adivinan quién es su poderoso emir? Seguro que sí, el inefable Abdul Hakim Belhaj. Ahora que venga Bertrand Henri-Lévy a contarnos más patrañas propagandísticas disfrazado de filósofo… triste destino para una bella y necesaria disciplina.