Es un hecho incontestable que los periódicos apenas si viven de la venta de ejemplares en kioskos, sino de la venta de espacios publicitarios. Cada vez más se tienen que valer de colecciones de las cosas más insospechadas, de material audiovisual o de gadgets tecnológicos para atraer a un público más difícil de satisfacer.
Parte de la culpa, toda diría yo, la tiene Internet. Ya sea por la inmediatez en el acceso a las fuentes de información vía web, por la personalización y adaptación de los contenidos a los intereses de cada usuario o usuaria o por el descrédito en que se han sumido los media por servir de correa de transmisión de gobiernos o empresas, los medios de papel prensa no son lo que eran.
Lo curioso es que este hecho se está trasladando a muchos otros órdenes de la sociedad, entre ellos la política. El grado de banalización alcanzada está traspasando todas las líneas rojas, ya casi no se habla de temas cruciales que afectan a la vida de la ciudadanía sino de problemas que afectan a la clase política. Por eso mucha gente está poniendo tierra de por medio desafectándose de la pugna partidaria. Las elecciones, casi invariablemente, las suele ganar el partido de la abstención, formado por gentes anónimas que suelen borrarse malévolamente de todas las encuestas y discursos.
«Mi partido representa a la mitad —o a tal porcentaje— de la población», suele oírse en los mentideros de la cosa pública. ¿La mitad de qué? ¿por que no refieren los datos al total de la masa de votantes? Claro, decir la mitad de la mitad o una fracción de esta queda como mal, pero se vería realmente cuál es el grado de aceptación de cada formación. Ha habido gentes que proponen que los escaños de la abstención no se ocupen, que sean un reflejo de la participación electoral, pero algo tan gráficamente flagrante no sería de recibo para los defensores del status quo.
Ni corto ni perezoso, nuestros imaginativos políticos están intentando revertir la situación. Pero no como cabría suponer sacándola de las categoría de opios varios del pueblo, sino a golpe de talón, regalo o prebenda. Un candidato gaditano del PSOE (ex-candidato, que ya lo han dimitido) ofrecía papeletas para el sorteo de una vivienda de VPO, otra alcaldable gadita ofrecía como regalo si gana las elecciones un completo dormitorio de caoba entre los optantes a las VPO locales, tal es la irrefrenable tendencia de los peperos por el lujo y el desprecio al medio ambiente. Pero la palma se la lleva Valencia, donde un empresario multinacional ligado a Aznar por medio de su cuñadísimo Agag ha ligado la celebración de un gran premio automovilístico en la ciudad a que gane Camps en la Comunidad y Rita Barberá en la capital.
Multitud de dudas nos asaltan por las declaraciones del dueño de la Fórmula Unoo, Berni Ecclestone. Este tipo fue denunciado años atrás en Inglaterra por sobornar a la clase política para favorecer sus intereses particulares. ¿Ha hecho lo mismo con los populares levantinos? ¿Qué les habrá ofrecido el PP a cambio de llevarse allí un gran premio con toda su parafernalia? Y sobre todo, ¿qué tipo de acuerdo inconfesable han llegado con los populares que no pueda firmarse con las demás fuerzas que aspiran a gobernar? ¿cómo se permite una empresa chantajear así a todo un país como el valenciano? ¿será cosa de Aznar, el gran liberalísimo de todas las españas? No preocupaos, que el equipo de investigación de El Mundo, ahora mucho más ocioso, nos mantendrá perfectamente informados con una nueva novela por entregas sobre un caso que promete dar para derramar mucha tinta ¿Apostamos? 😉

Hola Juanlu.
No apuesto porque coincido contigo. Muchos de mis amig@s y compañer@s piensan o hacen tú mismo análisis.
El problemón es que la democracia esta sustentada sobre los pilares de unos partidos políticos que ya no nos representan ¿ qué hacemos compañero ?. ¿ El tú a tú el asocicionismo ? la sociedad esta desintegrada.
Hoy unos amigos hablabamos sobre el uso de la tecnología como necesidad vital de crear alternativas, porque el panorama exige sacar lo mejor de nosotr@s y desde luego lanzar ideas positivas.
Si bien es cierto que el control político y mediatico es fuerte, también hay brechas y lugares de relativa calma y libertad. En mi opinión son tiempos de resistencia, ni más ni menos como en otros tiempos, pero ser conscientes que nos tienen contra la pared, es vital.