Hace ya algunos añitos, como representante del movimiento ecopacifista en determinados órganos de participación ciudadana, asistí a un espectáculo lamentable: políticos supuestamente progresistas avalando instalaciones militares altamente impactantes sobre un espacio natural protegido agitando los fantasmas de supuestas agresiones aéreas provenientes de países del tercer mundo. En este caso se trataba de Argelia y el responsable de la administración trataba de convencer a su audiencia de que un misil magrebí tardaría muy pocos segundos en alcanzar nuestras costas y, si no estábamos preparados con un escudo, con una defensa antiaérea suficientemente moderna, íbamos a estar sumidos en un peligro permanente. Sin nuestro apoyo y sin el de otros pocos representantes de la sociedad civil, aquella monstruosidad pasó el trámite preceptivo y hoy ya es una triste realidad.

Salvando las distancias y el orden de magnitud, hoy en Europa se habla ahora mucho de otro escudo antimisiles. Esta vez nos lo regala EEUU para nuestra protección (qué haríamos los europeos sin los gringos) por si somos atacados por países como Irán o Irak. Alucinante. ¿Quién va a creer que los norteamericanos se dedican a montar infraestructuras puramente defensivas si son los protagonistas de la mayoría de las más recientes agresiones a medio mundo? Desde luego, muy pocos, entre otras cosas porque ni siquiera se trata de defender su territorio, sino el solar europeo. Así pues, es obligado buscar por entre las declaraciones oficiales y releer detenidamente las informaciones disponibles para sacar el verdadero sentido o intención de este movimiento que tanto preocupa a Rusia.

En cualquier caso, este escudo, como el que se pretende desarrollar en el espacio bajo el nombre de Guerra de las Galaxias, no es sino un arma de ataque. La disuasión armada siempre se ha basado en que nadie atacará al otro so pena de ser atacado por este y, aunque con desviaciones, ha funcionado contemplada a gran escala al menos entre las grandes potencias. Si anulamos la capacidad de respuesta del supuesto enemigo, podríamos atacarlo a placer sin que ofreciera resistencia. Ese, y no otro, es el verdadero leit motiv del escudo.

Una vez aclarado este punto habría que preguntarse. ¿A quién pretende atacar Estados Unidos a medio plazo? Oficialmente al menos se habla de Irán e Irak. De Irak mejor ni hablar, o es una pura falacia o bien los invasores han dado ya la guerra por perdida y asumen que el shiismo integrista va a hacerse cargo en breve de los despojos de aquel país, que todo puede ser cuando los gringos entran como elefantes en cacharrería en países y culturas que ni conocen ni quieren conocer. Pero no es algo plausible en los próximos años, lo que quede de Irak será de todo menos un país soberano capaz de amenazar a nadie salvo a sí mismo y, con suerte, a los propios ocupantes extranjeros. Igual eso es lo que perseguían desde un principio.

Debemos centrarnos pues en Irán, el abanderado donde los haya del eje del mal. Ahora bien, ¿desde cuándo Irán ha amenazado a Europa? Está claro que ese país quiere convertirse en una potencia regional y salir de su aislamiento internacional, pero no a costa de atacarnos. En todo caso mantiene una fuerte tensión di`plomática con Israel, llena de amenazas verbales entrecruzadas que el estado sionista quiere convertir en un ataque militar propio si no consigue convencer a su protector que le haga el trabajo sucio de manera gratuita como otras veces. Otra cuestión diferente sería que EEUU lanzase ataques usando las bases militares que tiene en suelo europeo y estas pasaran a ser objetivo de los iraníes, con lo cual el escudo serviría para proteger las infraestructuras propias más que la población europea en sí misma. Sin embargo tampoco es plausible, para atacar a Irán sólo es necesario usar las bases flotantes como las ya desplegadas en el Golfo (portaaviones USS Stennis y USS Eisenhower). Las bases juegan, como siempre, un papel de retaguardia, de aprovisionamiento, escala, hospital, etc.

Otra variable más a considerar, la capacidad de los misiles convencionales iraníes es como poco bastante limitada, el refuerzo de capacidad destructiva debería ir íntimamente ligada a un hipotético poderío nuclear del que no existe prueba alguna que se esté tratando de implementar. En el caso de que las sospechas occidentales fueran correctas, ¿quiere decir eso de que va a permitir a la república islámica de que se dote de armamento nuclear? Los ayatolás deben respirar tranquilos si el antídoto a su programa nuclear va a ser únicamente un escudo defensivo en Europa. Los que sí deben estar cabreados, pues, serán los israelíes. Una pregunta final para cerrar el caso Irán. Si ese país es el objetivo ¿por qué no ubicarlo en lugares más cercanos a este país? Todos sabemos que aliados hay en la región que estarían encantados de participar en estos menesteres (Israel, Kuwait…) y que en estos casos, unos simples segundos son vitales para facilitar las intercepciones.

Pero hasta la fecha quienes únicamente han protestado por la instalación del escudo ofensivo, además de los grupos pacifistas locales, ha sido Rusia. Putin lo ha considerado como el rebrote de la guerra fría, del inicio de una carrera armamentista e incluso ha querido mostrar al mundo que dispone de misiles de largo alcance con múltiples ojivas nucleares que, dicen, es capaz de burlar las defensas de este tipo o cualquiera que sean capaces de desarrollar en el futuro. Ahí es nada. Para rebajar la tensión se le ha ofrecido al mandatario ruso a ser partícipe del escudo y este ha ofrecido sus radares en Azerbaiyán para colaborar con el sistema. Imagino que la oferta caerá en saco roto, que únicamente pretende desenmascarar otras realidades subyacentes bastante peligrosas: la única función del despliegue es amarrar de pies y manos a Rusia frente a un ataque norteamericano, desequilibrando las frágiles componendas que hasta la fecha presidían este tipo de relaciones internacionales. Hay que recordar que Bush a finales de 2001 se retiró unilateralmente del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) firmado por Breznev y Nixon en 1972, previsiblemente para propinar una nueva vuelta de tuerca en el aislamiento a la es Unión Soviética, ahora rodeada de bases militares por todos lados como si aún Stalin estuviese dentro amenazando a medio mundo.

Así las cosas, personalmente soy de la opinión de que esta maniobra, se vista como se vista, tiene como principal objetivo frenar el avance militar ruso y su creciente influencia relacionada con el poderío económico derivado de los altos precios del petróleo y la crucial necesidad europea de su gas natural. Obviamente hay que disfrazar el despliegue agitando la amenaza del islamismo radical, asociado en un totum revolutum en el subconsciente colectivo con el terrorismo yihadista, pero de ahí a que sea la causa real del mismo va un abismo. Veremos qué sucede con la oferta rusa de colocarlo fuera de Europa en lugares relacionados cercanos a los supuestos orígenes de los misiles, será la prueba del algodón de las verdaderas intenciones gringas. Fijaos en algunas frases que menciona Chomsky de líderes políticos de EEUU en relación a este tema para ver cómo acabará todo:

LA DEFENSA CON MISILES SIRVE PARA CONSERVAR LA CAPACIDAD NORTEAMERICANA DE EJERCER EL PODER EN EL EXTRANJERO. NO TIENE QUE VER CON LA DEFENSA; ES UN ARMA OFENSIVA, POR ESO TENEMOS NECESIDAD DE ELLA.

LA DEFENSA CON MISILES NO SIRVE PARA PROTEGER A NORTEAMÉRICA. ES UN INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN GLOBAL.