Tras el asesinato del militar y agente del CNI, José Antonio Bernal, se ha desatado una nueva polémica entre las dos españas. Algún destacado miembro del PP ha definido su trabajo como una “antena” de la embajada española, mientras que la prensa monárquica y reaccionaria —La Razón— le calificó como responsable de una red de informantes iraquíes infiltrados en la resistencia y al servicio de Norteamérica. Lo que está bien claro es que los españolitos nos hemos convertido en objetivos militares de las resistencias de Irak. La guerra continua, puede decirse que a baja intensidad, pero es guerra al fin y al cabo. Nuestro ejército esta colaborando activamente en la ocupación ilegal del país y lógicamente los iraquíes tienen todo el derecho a atacarnos, así lo recoge la Carta de Naciones Unidas que legitima la resistencia, con los medios a su alcance, del pueblo agredido frente al agresor. Allí no pintamos nada, tenemos que hacer lo posible para que el contingente español vuelva a casa sano y salvo, y que en todo caso regrese a Irak bajo mandato de la ONU por expreso encargo de un gobierno soberano iraquí o, a lo sumo, de vacaciones.