Soldadito de Bolivia

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Los soldados bolivianos están de nuevo disparando contra los desheredados de su país, el más pobre de Latinoamérica. De nuevo con sus rifles americanos —como glosaba Nicolás Guillén— tratan de ahogar el grito desesperado de los sin voz. La de esos mismos pobres que ven cómo el gobierno trata de malvender su futuro a las petroleras para saciar el hambre de combustible del monstruo consumista del norte.

Hoy muere gente en Bolivia por el ansia gringa por los combustibles fósiles, pero también muere gente en Afganistán por el petróleo americano, como muere gente en Irak por el petróleo del que se han apropiado ilegalmente los americanos. Parafraseando de nuevo al poeta Nicolás Guillén y a los versos que inmortalizó Paco Ibáñez, la hora no es de lágrima y pañuelo, sino de machete en mano (aunque en el sentido menos literal de la palabra, que luego las carga el diablo).

Despierta, que ya es de día,
soldadito boliviano,
esta en pie ya todo mundo,
porque el sol salió temprano,
porque el sol salió temprano,
soldadito de Bolivia,
porque el sol salió temprano.

Pero aprenderás seguro,
soldadito boliviano,
que a un hermano no se mata,
que no se mata a un hermano,
que no se mata a un hermano,
soldadito de Bolivia,
que no se mata a un hermano.

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